El álbum, producido por Brendan O’Brien, supuso la colaboración entre uno de los grupos tótem del rock actual como Pearl Jam y uno de sus grandes héroes, Neil Young. El grupo de Seattle permanece supeditado a los postulados de la escritura del canadiense, acompañándolo en una mímesis del proceder de los Crazy Horse y al margen de tareas compositivas, con la excepción de algunas líneas de texto de Eddie Vedder en la magnífica “Peace and love”, un título que significa bien los postulados idealistas del maestro Neil (quien cita en el texto a John Lennon) y en el cual el frontman de Pearl Jam aparece cantando el puente.
El disco aborda asuntos como el aborto, la reflexión melancólica del pasado, crónicas de antihéroes dolientes, evocaciones de aflicción existencial, piezas que rememoran con sentido del humor la gran época del rock con alusiones a Led Zeppelin y Jimi Hendrix, súplicas de paz y concordias sin odios ni rencores o composiciones o recuerdos a Kurt Cobain, quien en su nota de suicidio había escrito el “es mejor quemarse que consumirse lentamente” del “Hey Hey My My (Into the black)” de Young.
Todo ello desplegado con la usual imaginería de carácter surrealista de su autor, ciertas atmósferas épicas que recuerdan al “Cortez The Killer” en algunas piezas y un acerbo y estridente sonido hard-rock, dominado y sublimado en su manifestación por la emocional, espontánea y gemebunda guitarra del genial Neil, uno de los gigantes de la historia del rock que nos vuelve a deparar un magnífico álbum repleto de clásicos: “I’m the ocean”, “Downtown”, “Peace and love”, “Scenery” o “Act of love”.
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