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Es uno de sus discos más conocidos pero flaquea en comparación de grandes obras como “Free Hand” o, sobre todo, el magnífico “Octopus”. No obstante “The Power and The Glory”, un disco conceptual sobre un líder político que sube al poder ante la esperanza del pueblo, pero termina siendo despojado del mismo por su totalitarismo, es un acertado Lp de rock progresivo a pesar de que en principio pueda resultar demasiado caótico y autocomplaciente.
Esto no es música pop en su concepto más básico, no se busque su instantaneidad ni la factible accesibilidad. Su posible disfrute necesita de muchas escuchas, además de querencia del melómano por el rock, el jazz, la música clásica y medieval, para apreciar su valía.
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A lo largo del recorrido del álbum y reciclando sonidos previos del grupo seguimos la historia del ascenso de un político, cuyas sinceras promesas le han erigido en el nuevo adalid de su pueblo para intentar mejorar la situación presente y sobre todo el futuro del país. La gente tiene confiaza en su nuevo líder, en sus buenas intenciones de gobierno pero finalmente todo acaba en agua de borrajas y el descontento y el desencanto se apoderan de la gente que termina por exigir la marcha de su dirigente.
Resumiendo, diatribas sobre el poder, la corrupción y el liderazgo con una sonoridad compleja, una lúcida sinergia instrumental de sus miembros y un excelente tratamiento en voces, contrapuntos, armonías, polirritmias, disonancias…sea en clave funk, con su clásico lleno de ritmo “Proclamation” o recreando mágicos ambientes medievales como la hermosa balada “Aspirations”, canción muy melódica interpretada de manera cuasi etérea por Kerry. De lo mejor del disco.
“Playin the game”, corte con aromas funk-pop, además de resultar más accesible en melodíoa e instrumentación que otros fragmentos del álbum, incluye la interpretación del shulberry por parte de Derek. El shulberry era un instrumento de tres cuerdas inventado por la propia banda.
La intensa “Cogs in Cogs” es uno de los temas más rockeros del Lp. “No God’s a man” no impresiona demasiado a pesar de su placidez folk y sus malabarismos vocales. “The Face” sobresale por el empleo del violín de Ray Shulman, y el último corte del álbum en su versión original, “Valedictory”, es una revisitación de “Proclamation” pero con un cariz más hard rockero.
Lo menos destacado es “So Sincere”, pieza disonante, polirítmica y experimental, solaz para sus acérrimos seguidores, cuya oferta no va más allá del autodisfrute instrumental y vocal de sus intérpretes.
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