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En retrospectiva, la banda de Simon LeBon, un grupo más de singles que de Lps, se vislumbra como una de las más salvables de la época en base a su colorista, hedonista y glamouroso dance-pop melódico, sin pretensiones, de ramalazos guitarreros y sonidos de sintetizadores, con singles instantáneos, rítmicos y contagiosos que ahora mismo reivindican en algunas de sus composiciones grupos como Franz Ferdinand o The Killers. Ahí tenemos disfrutables canciones como la primigenia “Planet Earth”, “Serious” o la excelente “Ordinary World”, con el ex músico de Frank Zappa, Warren Cucurrullo, a la guitarra.
Tras muchos años sin grabar juntos, los miembros originales, Le Bon, Nick Rhodes y los Taylor, John, Andy y Roger, vuelven a unirse en este “Astronaut”, un disco deja vu, sobreproducido, con un exceso de sonidos electrónicos 80’s, los cuales parecen haber quedado un tanto arcaicos, a pesar del buen manejo del ritmo y cierta capacidad para la melodía y la creación de estribillos.
En este disco apreciamos esta horrible costumbre de grabar con distintos productores, lo que no termina por compactar el sonido del álbum, existiendo casi más productores que canciones. Que si un tema lo grabo hoy en Londres con Pepe, que si mañana voy a Nueva York con Juan o pasado a Tanzania con Manolo. Si por lo menos tales productores tuviesen el talento, a excepción de Nile Rodgers, de un Phil Spector, de un Rick Rubin o de un George Martin pues…
Pero no, los productores y arreglistas del pop mainstream actual quieren apropiarse de todo, en especial de pervertir el armazón básico y alma de la composición ideada por el autor, en un afán de protagonismo onanista que termina arruinando, en general, el tema, al trivializarlo con gansadas, y si es con sonidos de sintentizadores demodé pues mucho mejor.
Los mejores cortes de un Lp al que quieren dotar de atmósferas luminosas, sensuales y un tono animado y sofisticado, y tampoco sin entusiasmar demasiado, son aquellos en los cuales su capacidad rítmica y su habilidad para la escritura pegadiza con letras triviales se hacen sentir presentes, así en temas como el single “Sunrise”, proyectado como su nuevo y simple himno-pop, “Want you more”, canción destacada por su enervado pulso rítmico y especialmente por la poderosa guitarra rockera de Andy, el apañado feeling destilado por “Finest Hour” o “One of these days”, y “What happens tomorrow”, la mejor canción de todo el disco y la menos sobreproducida. Un aceptable tema pop con un notorio progreso melódico y bien interpretado a nivel vocal.
Después encontramos cortes insuflados de funk, como “Bedroom Toys” y varias piezas synth-pop con ínfulas de art-pop de desarrollos formulistas, excesivos e intrascendentes, al margen de algún acierto puntual en la creación rítmica, melódica y atmosférica, como “Chains”, “Astronaut”, “Nice” (en donde utilizan el vocoder), “Point of no return” o “Taste the summer”.
Sí que es destacable en el conjunto del álbum la excelente capacidad como cantante de Le Bon al que parece no afectarle la edad, otorgando intensidad y emocionalidad a un disco muy escaso de canciones memorables, a las que le sobran muchos sintetizadores y le faltan los membrudos riffs de Andy y el usual bajo melódico y brioso de John Taylor, el cual parece no asomar por ningún lado.
Para quien desee poseer lo más destacado del grupo británico nada mejor que recuperar sus mejores temas en un completo recopilatorio.
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