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Ante la escucha de este nuevo trabajo de Teenage Fanclub de nuevo hay que admirarse ante Norman Blake, quien hace sencillo lo difícil gracias a su magisterio en la sensibilidad pop. Es decir, con textos nada petulantes y sin revolucionar nada en lo referente a estructuras, idea canciones realmente excelentes con una facilidad asombrosa para la melodía, la cual se encuentra engrandecida por el empleo hábil de magistrales armonías vocales y ritmos consecuentes con la expresión emocional pretendida.
De él son algunos de los mejores cortes del álbum, como el que lo abre, la deliciosa “It’s all in my mind”, pieza de animado tempo con un fibroso trabajo de batería y una sublime melodía sin demasiadas variantes. No las necesita, es tan buena en su sencillez que solamente con una línea melódica puede sustententarse un tema con repiqueteo guitarrero y armonías a lo Byrds que podrían encontrarse también en la obra maestra de Gene Clark en solitario, “With The Gosdin Brothers”. Disco imprescindible, por cierto.
Otros magníficos temas del gran Blake, realmente todos los que escribe para el disco, son “Slow fade”, maravilloso corte power pop de menos de dos minutos con dinámica muralla sónica. Directo, instantáneo, con guitarras refulgentes, lleno de armonías, perfecto… “Flowing”, con otra melodía magnífica embellecida por los arreglos de cuerda, y “Cells”, la mejor canción del disco. Folk-rock a lo Byrds con, de nuevo, otra memorable melodía, un atractivo tempo y unas impresionantes armonías vocales que te elevan hasta el infinito con ese “Breaking down…”, arropadas en su iteración y capacidad envolvente con un solo de guitarra. Le sobra la coda de guitarra española que no pega nada con el resto.
Gerard Love, otro magnánimo escritor de canciones, depara temas como “Time Stops”, uno de sus momentos más afortunados del disco con el abrasivo sonido fuzz contrastando con su susurrante y veraniega vocalidad. Presenta un acentuado pulso rítmico, arreglos de cuerda, un solo guitarrero de McGinley en su parte final y armonías en falsete de Blake en el estribillo.
“Save” es un medio tiempo cuasi sunshine pop en el que pervive ese sentido etéreo y ligero otorgado por el autor a su escritura, con atmósferas suaves y apacibles. Suena una armónica, el trabajo en la percusión es notable y aparecen guitarras distorsionadas de fondo en una pieza que parece mixturar a Neil Young con Alex Chilton.
De Love es también el single “Fallen leaves”, con guitarras enardecidas, un teclado omnipresente y cierto aire psicodélico, al igual que “Born under a good sign”, tema space-rock con ecos californianos y un hipnótico ruidismo que parece mezclar a Neil Young, Curt Boettcher y Sonic Youth.
McGinley por su parte escribe “Nowhere”, medio tiempo sobre la afirmación de una grata vida en soledad con guitarra repiqueante, voz laxa y un solo bastante lisérgico, u “Only with you”, el mejor tema de Raymond en el disco, con piano, guitarra jangle, un buen desarrollo melódico y delicadeza en las voces, permitiéndose el lujo de adoptar en ocasiones un tono crooner. De nuevo incluyen otra coda sobrante, ahora el piano que poco aporta más que un subrayado innecesario y pretencioso por su futilidad.
Con “Feel” enerva el ritmo en un pasable pero intrascendente pop de guitarras, y con “Don’t Hide”, en donde habla del apuntalamiento de la personalidad propia, tampoco se eleva de una melodía insulsa y sus habituales relatos intimistas y confesionales.
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