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Esta fue (sin contar sus vinilos australianos) la tercera entrega discográfica, tras “High Voltage” y “Dirty Deeps Done Dirt Cheap”, del vigoroso hard rock de cimiento blues y boogie-rock entregado por la banda de los hermanos Young con Bon Scott al frente como vocalista, quien vuelve a aposentar la lírica, con sentido del humor, en cuitas de materia sexual, con evocaciones y actitudes de auténtico rock’n’roll.
Intensifican los textos las potentes guitarras de Angus y Malcolm, y la membruda sección de Cliff Williams y Phil Rudd, todo ello bajo supervisión del ex miembro de los Easybeats, el productor y hermano de Angus y Malcolm, George Young, y de otro componente de los Easybeats, Harry Vanda. |
El enérgico “Let There Be Rock”, con voces belicosas, riffs incisivos, solos memorables y ritmos rocosos, se inicia con “Go Down”, pieza en la cual Scott, con su expresiva vocalidad, no para de beber whisky porque se le ha ido Ruby, quien, según él, se la chupa como nadie. Después también echa de menos a la “lubricante” Mary.
En el medio tiempo “Dog Eat Dog”, con percusión de tipo tribal, básico pero penetrante riff guitarrero y gran solo de Angus, se pone de manifiesto la agresiva competencia urbana, mientras que en el título homónimo, una de las cumbres del LP que celebra la gestación del rock’n’roll, aceleran el tempo con un sensacional trabajo en el bajo de Williams. Las centelleantes guitarras de los Young resultan antológicas en esta enardecida pieza hard rock (siempre con basamento bluesy), una de las mejores de AC/DC.
El brioso pulso rítmico de “Let There Be Rock” permanece en “Bad Boy Boogie”, fenomenal tema que remacha el aspecto rebelde y contestatario de Bon Scott. (“They said stop, I said go, They said fast, I say slow, They said yes, I said no...), como así lo hace “Problem Child”, pegadiza, iterativa y potente canción. Uno de los momentos más gozosos del álbum.
La extensa “Overdose” contiene las clásicas guitarras AC/DC, con un riff fenomenal en un desarrollo hard-blues-rock y un texto en el cual Bon afirma el cuelgue por una mujer. Tiene sobredosis pero le encanta. Lo pasa de pinga con ella.
En “Hell Ain’t a Bad Place to Be” de nuevo con comunión entre perfecta ejecución vocal, adecuada al tono del tema, y una instrumentación llena de arrojo rockero, se aborda un asunto referente a las ansias de entrepierna, al igual que en el cierre del disco con uno de los grandes clásicos de la banda, “Whole Lotta Rosie”, llena de furioso ritmo y orgiástica ejecución instrumental, de fácil traslación para los amantes de los altos decibelios. Esta música hay que gozarla siempre a buen volumen: ¡¡¡Gotta whole lotta woman, whote lotta woman, I gotta whole lotta Rosie…!!!. |  |
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