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El disco, repleto de oscuras atmósferas y múltiples detalles sónicos que van integrándose en el ánimo del oyente tras diferentes escuchas, presenta un catálogo de cetrino romanticismo, de insistente imaginería religiosa, y de la intensa emocionalidad siempre presente en la sobresaliente escritura de Gore (y ahora, por primera vez en la carrera del grupo, también en algunas piezas de Gahan), influenciada, desde una perspectiva propia, por el kraut-rock/pop robótico de Kraftwerk, la new wave de enfoque dance-pop, y algún que otro pionero del techno británico como Gary Numan.
No está a la altura de sus mejores discos, como “Music for the Masses” o “Violator”, pero el recorrido presenta momentos de gran inspiración, como así es el manifestado en la canción que abre el LP, “A Pain that I’m Used To”, medio tiempo con inicio de sirena y resonancias industriales en donde Gore se manifiesta fosco y pesimista a nivel lírico. La fuerza del estribillo con distorsión guitarrera eleva la intensidad rítmica en contraste con la atmósfera oscura de las estrofas de sosegado pero hipnótico dance-pop, en cuyo final de cada verso Martin hace las clásicas armonías con un Gahan espléndido en construir con su voz a lo largo de todo el álbum las idóneas gradaciones emocionales.
En “John the Revelator”, un tema que podría aparecer en “Songs of Faith and Devotion” (recuerda en ocasiones a “Personal Jesus”), nos encontrarnos a un Martin Gore de nuevo indagando en sus usuales inquietudes religiosas, ahora en torno a la crítica a la apropiación y representación divino-espiritual. Techno-dance-pop con percusión tribal y algún retazo gospel en la invocación del título. |  |
En “Suffer Well” encontramos la primera composición de Gahan (se supone que escribe la letra) ayudado por Christian Eigner y Philpott. El tema cuenta con una buena línea de guitarra distorsionada en una bailable pieza cuya pegadiza melodía y estribillo pop resulta de fácil adicción, permaneciendo resonancias de otras canciones previas de Depeche Mode, en especial de “A question of time” y “Behind the Wheel” (cuando dice “It’s hard to tell…” se aprecia claramente la herencia de este último tema).
Martin Gore escribe “The Sinner In Me”, pop robótico que dibuja un escenario taciturno y muy oscuro en la narración de un pecador en busca de mística y redención. Fenomenal desarrollo melódico y mejor atmósfera con una coda subyugante.
El primer single, el tema de mayor comercialidad del álbum junto a “Suffer Well”, es “Precious”, cuyo tempo contrasta de manera hábil con la oscuridad de “The Sinner in Me”, aunque vuelva a mostrar la habitual ubicación espiritual-religiosa de Gore expresándose incluso en lo que podrían ser cuitas de pareja. Es un corte techno-pop que engancha con cada nueva escucha a pesar de su mimetismo en algunas trazas de la gran canción “Enjoy the Silence”.
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Si “Precious” es comercial todo lo contrario es “Macrovision”, canción que cuenta con la voz principal de Martin Gore. Es una extraña balada con pretenciosa lírica mística e ínfulas experimental-vanguardistas, la cual remonta un pelín en el estribillo.
David Gahan presenta su segunda canción con “I Want It All”, pieza lenta amorosa que concomita en el aspecto cetrino del álbum, otorgando un sentido etéreo y ensoñador al texto con los arreglos y su interpretación vocal. Gahan logra atrapar la emocionalidad que se presupone a cualquier tema de Depeche Mode.
También lo logra en una de las cumbres del disco y su tercera y última participación como autor, la hechizante “Nothing’s Impossible”, sensacional medio tiempo lleno de gravedad en su atmósfera. El estribillo rotura rápidamente, la melodía y los arreglos son hipnóticos, y la laxitud de la vocalidad distorsionada resulta realmente mesmérica. Una canción sumamente adictiva. |
Gore retoma el mando compositivo con el corto instrumental “Introspectre”, preludio de “Damaged people”, canción de nuevo interpretada vocalmente por el propio Martin. Delicada, sensible, muy bonita pieza lenta de elevado romanticismo.
Martin Gore también compone “Lilian”, canción más rítmica que la previa con un Gahan excelente en la modulación vocal (de nuevo distorsionada), buscando una apostura sensual con la tal Lilian.
El final de este notable disco es “The Darkest Star”, de lo más prescindible del mismo.
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