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Este quinto álbum de Aimee, “The Forgotten Arm” (2005), descansa, con producción de Joe Henry, edición en el sello independiente Superego y materializado desde una perspectiva madura, en un sonido de claras ascendencias setenteras (decenio en el que se ambienta el disco) y un desarrollo conceptual en torno a las relaciones ambulantes entre un boxeador (John), ex combatiente en Vietnam y adicto a las drogas, y su novia (Caroline).
Tal vinculación afectiva se encuentra recubierta por la nostalgia y la reflexión de tonos acres, con observaciones evocativas sobre la relación amorosa y un escapismo existencial en busca de mejores oportunidades.
A veces el disco resulta un tanto reiterativo/cansino en tempos y en primera escucha con composiciones que no parecen sorprender en demasía por su singularidad más allá de los buenos textos. Esto puede provocar una inicua desvaloración del disco si se le abandona tras pocas audiciones, ya que el mismo posee una emocionalidad creciente en su coherencia temática en torno a dos personajes perdedores, tapizada con disposiciones sonoras folk/country/pop/honky-tonk, un eficaz tacto melódico, una voz que fusiona sensualidad con sensibilidad, y un sentido narrativo-literario que la elevan muy por encima de otros cantautores y cantautoras mucho menos interesantes y más famosetes.
Y además y lo que importa, “The forgotten arm” posee un buen puñado de canciones de entidad, en especial “Dear John”, evocatiza pieza introductoria con guitarras eléctricas, piano y tempo a lo The Band/Neil Young, la cual marca el encuentro inicial entre la pareja protagonista, “The king of the jailhouse”, balada con arreglos de viento que pone claramente de manifiesto su herencia de Joni Mitchell (la gran dama y maestra de las cantautoras femeninas con catadura poética), “Video”, balada desde el punto de vista de un adicto John en donde se refleja el malestar por la imposibilidad de encontrar solución a un amor que se resquebraja, o la animosa “Goodbye Caroline”, optimista, melódico y radiante anhelo de nuevas vías tras la ruptura sentimental.
La sinuosa travesía de John y Caroline culmina con la balada “Beautiful”, devoción amorosa en el encuentro entre dos amantes cuya relación agridulce no demasiado original pero lo suficientemente profundizada por el talento lírico de Aimee Mann (quien con 45 años está realmente espléndida) como para seguir sin amodorramiento sus peripecias durante el rato que dura este álbum conceptual cuyos temas, de manera individual, pueden expandir el propio contexto para el que fueron creados. |  |
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