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Tanto le conduce este álbum hacia sus contemporáneos Arcade Fire como a los experimentos en estudio de Brian Wilson, la voz quejumbrosa de Neil Young, los combos psicoprogresivos de finales de los 60 y comienzos de los 70 o, puntualmente, a los sonidos étnicos del Paul Simon más “world music”.
El disco se abre con la ambiciosa, épica y larga pieza “Swans (Life After Death)”, con émulo de theremin, imaginería natural con cisnes cantarines contemplados por el narrador tras la muerte y rasgantes e iterativos sonidos guitarreros que se convierten en su parte final en descarnados resonancias del “Zuma” o el “Rust Never Sleeps” de Neil Young.
Otras canciones de este “Return to the sea” son la rítmico-apocalíptica “Humans”, con silbidos, arreglos y mixtura de influencias entre Beatles, Neil Young y una alígera marcha militar, y “Don’t Call Me Whitney, Bobby”, cálida y ligera tonada folk-pop a lo Paul Simon con esencias caribeñas, encontradas también en “Jogging Gorgeous Summer”, un tema con steel drum que no quedaría mal en el “Graceland” del mentado Simon.
En “Where There’s A Will There’s a Whalebone” mixturan sonidos lisérgicos con varios pasajes rap, que al final acaban haciéndose con el grueso de la canción para fastidiarla del todo.
Los amantes de la psicodelia espacial podrán regocijarse con el instrumental “Tsuxiit”. |  |
“Rough Gem”es de lo mejor del disco. Una sencilla y luminosa canción pop (que contrasta con la presunta complejidad de “Swans”) en donde se emplean retozones sintetizadores 80’s y se adorna el buen trato melódico de la pieza con arreglos de violines. No tiene mayores pretensiones que la de recuperar su sonido previo con The Unicorns, provocar la adicción puntual a una melodía contagiosa y agitarnos con unos divertidos ritmos nuevaoleros.
En “Volcanoes”, con una intro vocal en donde se muestran de nuevo en plan distópico, se acercan con sentido del humor a los sonidos country sin perder su esencia indie-pop. Tiene una parte climática con violines realmente sensacional.
En su parte final aparecen dos baladas. “If”, con un saxo que le aporta cierto semblante jazzístico, y “Ones”, con dejes de los Sonic Youth menos inspirados. Repetitiva, con gongs y bastante aburrida. El trabajo termina con una canción oculta. Seguro que la escucharon algunos que tuvieron la paciencia de soportar el extenso y complaciente sonido de lluvia y truenos con que nos obsequian los Islands en su primer disco antes de decidirse a introducir el tema.
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