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Este “4 Way Diablo” no va a cambiar el mundo pero ni ganas que tiene el grupo de cambiarlo. Simplemente oferta un conjunto de aceptables y disfrutables piezas de base acid-rock y garajera-lisérgica en el que recuperan de manera muy fidedigna un tema psicodélico de los Rolling Stones de los años 60, la distópica-espacial “2000 Light Years From Home”, uno de los cortes de mayor carga ácida de todo el álbum con una atmósfera magnífica.
De los Stones también se acuerdan en “Blow Your Mind”, medio tiempo con riff blues-funk-rock, cuando citan un texto del “Spider and the Fly”.
Antes habían principiado el disco con “4 Way Diablo”, una canción acid-rock con pirotecnia guitarrera en la que parecen abordan el terrorismo islámico, “Wall of Fire”, aguerrida pieza garajera stoogiana con rugiente muro de guitarras, y “You’re Alive”, con simplón y pegadizo estribillo, machachón como pocos en un ambiente aparentemente sexual. A destacar aquí la labor en el bajo.
Uno de los mejores cortes es la fibrosa “Cyclone”, en donde su herencia Black Sabbath se manifiestan en su máximo esplendor. Tampoco quedaría mal esta pieza de hard-rock psicodélico en un disco de los Screaming Trees, no en vano en ocasiones los Monster Magnet parecen sonar como un cruce entre sus coetáneos y estupendos grupos Screaming Trees y Urge Overkill. |  |
Teatral se exhibe Wyndorf en “No Vacation”, psico-garage con reflejos de Screamin’ Jay Hawkins en una narrativa de vampiros a lo Jess Franco con un fresco puente de pop garajero y buenas combinaciones vocales en contraste.
Un inicio épico con piano principia la lenta y oscura “I’m Calling You”, apocalipsis de pareja con empleo acertado de teclados.
“Solid Gold”, canción de buen pulso rock, les emparenta de nuevo con los Stones, mientras que la instrumental “Freeze and Pixelate”, otra de las piezas más psicodélicas, sobresale por una inquietante gradación aportada por la conjunción guitarrera y el uso de sonidos orientales.
“A Thousand Stars”, con intro de potente batería, es un medio tiempo de raíz blues-rock, y “Slap in the Face”, corte de guitarras contundentes, posee un clímax expectacular en el que simula como el golpeteo del título en la cara de la novia egoísta y pija de Dave que pierde el tiempo pintándose el lunarcito en su bello rostro. No, hombre, violencia no...
El disco termina con “Little Bag of Gloom”, corte lento y melancólico de apreciable melodía y con sonidos de armonio. Es una bonita balada, un extraño híbrido entre Tom Waits y Coldplay.
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