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El sublime sentido del pop de Paul (que cuando se pone cañero es, con diferencia, el más rockero de los cuatro) refulge en la taciturna balada "The fool on the hill", historia sobre la alienación social con espléndida simbología y un sonido marcada por el clásico piano Macca y unas bellas flautas ornamentando la melodía.
McCartney también brilla con la jugosa e iterativa "You mother should know", de aliento nostálgico cabaretero, o "Hello goodbye", canción de minimalismo lírico, hermosa arquitectura melódica y contagioso sentido del ritmo.
Los mejores temas de este magistral trabajo son obra de John Lennon. "I'm the walrus" es un hipnótico artificio surrealista de esceptismo vital, poderosa imaginería y exuberante instrumentación, "Strawbery fields forever", pieza con el inolvidable mellotron (interpretado por Paul McCartney) en la cual el hálito psicodélico de la época alcanza su cumbre más elevada, y el clásico cántico de amor y paz "All you need is love", con MacCartney berreando "yesterday" y "she love you" en su parte final junto a fragmentos swing de Glenn Miller.
El delirio alucinógeno de Harrison con "Blue Jay Way" y la canción más inspirada escrita por Paul para este álbum, "Penny Lane", un evocativo recuerdo de la vida en Liverpool con esa trompeta tan evocativa e imitada, son otras travesías sónicas de un grupo incomparable.
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