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Los Bee Gees son sin duda, una de las bandas más maltratadas por los presuntos comentaristas musicales e ignorante público en general, que, paradójicamente encumbran a otros con mucho menor talento.
La culpa de ello: su tremendo éxito en la fiebre discotequera que los encaramó a la más alta popularidad en los años 70. Este éxito bajo las bolas de espejos solapan sus mejores trabajos (sin su famoso falsete) que se encuentran en la psicodélica época anterior.
"Odessa" es una de sus grandes obras, comparables a los mejores momentos de los Beatles y de un planteamiento de pop experimental muy similar al "Sgt. Peppers", el "Pet Sounds" de los Beach Boys u otra joya también oculta, "Odessey & Oracle" de los fabulosos Zombies.
Aunque en ciertos momentos (pocos) les supera la pretenciosidad, cualquiera con un poco de sensibilidad melódica tendría que arrodillarse ante temazos de tintura melancólica y enorme talento compositivo como "Black Diamond", "Lamplight", "Melody Fair", "Suddenly", "Sound of love", "I Laugh in Your Face" o la instrumental "Seven Seas Symphony", envueltos en violines (de David Katz), pianos, oboes, trompetas y selectas armonías vocales, incluso se atreven con sabores country al más puro estilo Gram Parsons en "Give Your Best" o "Marley Purt Drive". Esencial.
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© Aloha Criticón. Todos los derechos reservados.
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