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A pesar de estas gemas, todavía no habían adquirido la suficiente confianza y madurez como compositores para rellenar un álbum completamente con sus propios temas, por lo que recurrieron a homenajear a nombres tan ilustres como Chuck Berry ("Sweet little sixteen"), Buddy Holly ("Take your time") o Simon & Garfunkel ("I am a rock").
Uno de los mejores cortes es la extraordinaria "Don't you ever care (What's Gonna Happen to Me)", una maravillosa pieza escrita para la banda por Clint Ballard Jr., y ejecutada magistralmente por los de Manchester, a la que dotan de su inconfundible y atractivo sonido.
El álbum llega a su fin con el sencillo "I Can't Let Go", uno de los grandes clásicos del grupo, cierre perfecto para un estimable trabajo, preludio de la etapa más brillante de los Hollies antes de la marcha de Graham Nash.
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