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Paul Weller, el alma mater de la banda y con tan sólo veinte años alcanza una increíble madurez como escritor de canciones con textos que tanto abordan relaciones sentimentales como diatriban con agudeza contra el sistema de clases o la violencia urbana.
Brillante lírica desarrollada en temas con el candor acústico de "English Rose" o "Fly" o la cadencia arrolladora de "Billy Hunt" o "The Place I Love", enaltecida por el vertiginoso ritmo marcado por la batería de Rick Buckler y sobre todo por Bruce Foxton, un bajista tan excepcional que cubría con creces la labor de un segundo guitarrista.
El pop de perfecta y potente construcción lo encontramos en las fantásticas "To Be Someone", "Mr. Clean", "In The Srowd" (tema de cierto aroma psicodélico en su parte final) y la deliciosa "It's Too Bad".
Pagan tributo a los Kinks adaptando su "David Watts" y culminan el disco con "Down At The Tube Station At Midnight", soberbio punto y final para uno de los mejores discos de una de las grandes formaciones de la Gran Bretaña de finales de los años 70 y comienzos de los 80.
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