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A su lado los diversos y envolventes teclados de Tomás Bohórquez, una prominente sección rítmica y unos mesméricos arreglos servían para configurar atmósferas taciturnas en base, generalmente, a temas de desamor y, en ocasiones, pasajes psicodélicos, como el encontrado en el tema homónimo que abre este debut, “Realidad”, hipnótica pieza progresiva dominada por el espléndido trabajo de Bohórquez, pieza clave en Módulos, el cual está combinado con ritmos de carácter lisérgico iniciados de manera tribal, y una lírica de ansia de felicidad en luminosas realidades circundantes. Una auténtica maravilla y uno de los mejores temas del disco.
“Noche de amor” se inicia con un espléndido y afligido violín del batería Reyzábal, enraizado en estampas medievales, para continuar con una melodía hermosa y un trémolo vocal similar al encontrado al Barry Gibb de los mejores discos de los Bee Gees, los de los 60, “Odessa” u “Horizontal”, incidiendo en la emocionalidad del texto, el mismo que se encuentra en “Luz errante”, canción pop estándar, no demasiado destacada, con buenos apoyos vocales, un fibroso trabajo del bajista Emilio Bueno y un acusado trabajo de la guitarra rítmica de Robles, con el omnipresente Bohórquez luciéndose en mitad y final de la pieza con su dinámico órgano.
“Todo tiene su fin” es su canción más conocida y una de las cumbres de su carrera. Inicio de órgano de iglesia, voces celestiales, una melodía maravillosa y un Pepe Robles magistral en la interpretación desconsolada por la pérdida amorosa, con exquisitos arreglos de viento enfatizando el tono dolorido de tema, sin duda alguna uno de los grandes triunfos en la historia del pop-rock español.
La habilidad para la creación de melodías y atmósferas sugestivas se da en todo el álbum, buen ejemplo son piezas como “Cuando te espero” o “Nada me importa”, tema en el cual el vocalista pretende dejar su existencia de penurias atrás y comenzar una nueva vida con el objetivo de ser feliz. El estribillo chispeante y confiado, de optimista perspectiva, contrasta con el tempo más tranquilo y lastimero de los versos. |  |
“Dulces palabras” exhibe el poderío instrumental de la banda, manifestada de manera óptima en la interacción de sus cuatro componentes.
Al margen de sus composiciones propias, “Realidad” incluye dos brillantes versiones de los Beatles, “Yesterday” y “Hello Goodbye”, totalmente llevadas al terreno prog-rock de los Módulos, con ejercicios clásicos, en especial de Johann Sebastian Bach, y psicodélicos, ornamentando sin recarga las piezas, y enfatizando en ocasiones el deje andaluz Robles para singularizar unas adaptaciones ya de por sí suficientemente singulares.
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