Triste, pesaroso, melancólico o desesperanzado son algunos de los calificativos aplicables a este excepcional trabajo, en el que además de colaborar los restantes Crazy Horse, auxilian en el lamento sonoro del canadiense grandes músicos como Nils Lofgren y Ben Keith.
El importe de las drogas y la existencia y angustia vital en once temas de conmovedora, emocionante y desnuda factura vocal e instrumental que edifican una obra maestra incontestable sin desperdicio alguno, que incluye la canción en directo co-escrita con Whitten "Come on Baby, let's go downtown", el tema de tonalidad más jubilosa de un disco imprescindible.
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