El tercer álbum de los Raspberries presenta a la banda prorrogando su fantástico sonido power-pop pero enfatizando aún más el adjetivo power, con una mayor rugosidad en las seis cuerdas, herencia de grupos como Small Faces o Who.
Guitarras más rockeras que en sus dos primeros discos en temas arrebatadoramente melódicos y de mayor diversificación compositiva como el single "Tonight", "Making it easy", "Hard to get over a heartbraker", "I'm a rocker", "Money down" o la excitante "Ecstasy".
Las canciones más pop acentuan el poderio del grupo de Cleveland para escribir primorosas piezas como la maravillosa "Last dance" (con una parte de reminiscencias country), "On the beach" o "Should I wait", convirtiendo al disco en un brioso festín para el amante de las canciones nervudas llenas de logradas y fibrosas armonías.