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Lo impresionante de este disco, épico, intenso, apasionado y opulento en estructuras, desarrollos, texturas y tonos, es que no cuenta con bajones notables en su recorrido ya que el progreso narrativo de la historia no se ve amenazado por digresiones autocomplacientes, las viñetas enlazadas resultan significativas y siempre aportan datos o imágenes que configuran la personalidad y el contexto del individuo protagonista.
A su vez tampoco ninguna composición pierde la calidad acostumbrada en los Who de la época, sean las canciones escritas por Townshend, mayoritariamente el autor del disco, ni del magnánimo bajista John Entwistle, responsable también de los grandiosos arreglos de viento que suenan a lo largo de todo el doble álbum, valorándose positivamente también la pequeña aportación en la escritura de Keith Moon en una simpática pieza.
A lo largo de la odisea personal de Tommy, iniciada con una magnífica overtura instrumental vamos disfrutando con el talento melódico, instrumental y vocal de los cuatro componentes de esta excelsa banda británica, sin duda alguna uno de los cinco o seis nombres fundamentales de la historia del rock. Ya no hay grupos como éste.
Los puntos álgidos de esta obra maestra de sonoridad acústica pero ardorosa en consonancia con el natural ímpetu y fortaleza de los acordes y riffs guitarreros del gran Pete Townshend, y la inmensa potencia y personalidad de la sección rítmica de la banda, con un siempre exuberante Keith Moon en la batería y un vigoroso trabajo en las cuatro cuerdas de John Entwistle, quien también sabe aportar líneas melódicas de primer nivel y nutrir las fenomenales armonías vocales con el resto de sus compañeros, entre ellos el vigoroso Roger Daltrey, son "Amazing journey", "Christmas", "Cousin Kevin", "Underture", "The acid queen", "Go to the mirror" o las tres mejores canciones del álbum: "Pinball wizard", "I'm free" y “We’re not gonna take it”, la joya que cierra de manera inmejorable la trayectoria mesiánica de Tommy y este trabajo inmortal e imprescindible que hay que disfrutar de cabo a rabo.
¡Qué final! Buff. Ese "see me, feel me, touch me, heal me" interpretado por un Daltrey lastimero siempre será algo imperecedero. Magnífico.
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