El disco, que estaba proyectado en principio como una ópera-rock denominada "Lifehouse", muestra la capacidad imaginativa de Pete Townshend en la construcción piezas de rock clásico, con un espléndido y novedoso empleo de sintetizadores que acentúan la fortaleza instrumental de la banda en uno de sus momentos más álgidos.
Desde el himno "Baba O'Riley", pieza dedicada al mentor espiritual de Pete Townshend que expone a la perfección el esquema musical de los Who en este album, con ese hipnótico sintetizador horadando una canción concluida por el violín de Dave Arbus, hasta el orgiástico final de "Won't get fooled again", canción de incisivo comentario político, el álbum es un tratado magistral de inmortal rock con variada expresión emocional y arrebatante disposición sonora. |  |
En medio de estos dos cortes hallamos clásicos temas de aguerrida textura como "Bargain", calmadas piezas de sentida ejecución como "Song is over" y "Getting in tune" (ambas con el piano del omnipresente músico de sesión Nicky Hopkins), poderío acústico en "Love ain't for keeping" o "Goin' mobile", la bellísima y triste balada "Behind blue eyes", pieza con guitarra acústica y armonías vocales que alcanza un acerado clímax eléctrico antes de templar de nuevo su tempo y retomar las pautas sónicas iniciales, o la gloriosa composición del bajista Entwistle "My wife", todo un miramiento sarcástico a las infidelidades matrimoniales.
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