• Por AlohaCriticón

2046 (2004)

Dirección: Wong Kar-Wai.

Intérpretes: Tony Leung, Gong Li, Kimura Takuya, Ziyi Zhang.

Él era escritor. Creía escribir sobre el futuro, pero en realidad era el pasado. En su novela, un misterioso tren salía de cuando en cuando con dirección al año 2046. Todos los que subían a él lo hacían con el mismo propósito: recobrar los recuerdos perdidos. Se decía que en 2046 nada cambiaba. Nadie sabía a ciencia cierta si eso era verdad, porque ninguno de los que viajaron regresó jamás. Con una excepción. Él estuvo allí. Se marchó voluntariamente. Quería cambiar.

La sinfonía del Sr. Wong

Un profesor mío suele describir las películas de Stanley Kubrick como sinfonías. Mezcla de tecnicismos visuales con partituras musicales de época, de aquí es donde este director le otorgaba a sus films una circularidad asombrosa que lo definía como autor. Así es como obras suyas como “El resplandor” (1980), “2001, Odisea en el espacio” (1968) y “La naranja mecánica” (1971) se convirtieron, y coincido de manera plena con Pablo, mi profesor, en sinfonías del terror, de la ciencia ficción y de la violencia respectivamente.

La particularidad con la que Kubrick filmaba estaba dada por su pasado como fotógrafo, lo que le dio un enamoramiento casi obsesivo por la steadycam, los planos secuencia y la composición simétrica del cuadro. Y dejaba (a veces) muy poco los diálogos, al aspecto narrativo del guión. Y quizás era esto último lo que me desagradaba de sus films al principio: que me contaran mucho contándome nada. Hoy debo decir que me encantan, debido a una transformación estética que disfruto otorgada por Wong Kar-Wai, el gran director chino.

Aunque estos directores no se parezcan mucho se asemejan en la búsqueda de un todo circular con respecto a la narrativa, con los diferentes matices que posee cada uno a la hora de filmar sus obras. Un todo circular, una sinfonía; y es esa la sinfonía que siento, le falta a Kubrick, y que me la otorga Wong….la del amor.

WKW no es un enamorado de los tecnicismos cinematográficos como lo era Kubrick, ni siquiera lo es de las narraciones. WKW es simplemente un enamorado. Un enamorado del cine como mundo y viceversa, con todas sus formas y colores. El uso de ralentis, planos congelados, planos detalles, diversas velocidades tiene que ver con la manera que tiene este señor de concebir al mundo, como un gran film que nunca se termina de editar ni tampoco de musicalizar. Será por eso que le cuesta tanto concluir sus films, porque el mundo nunca se acaba.

El amor después del amor

Los films de WKW hablan de amor. No del amor de las películas de Meg Ryan donde siempre hay finales felices, los de este director hablan de ese desgarro casi eclíptico que aparece ante el despecho, de ese amor que no se puede tocar y de esas palabras que tanto anhelamos y no podemos decir. Nos habla de ese amor, ese que vivimos día a día, el que es de verdad, el que a veces no tiene un final feliz, y no, por culpa de terceros, sino por la nuestra.

Y ese amor nos lo muestra de diversas formas, pero de una manera tan (anti)natural que nos hace sentir un deja vu, como si al mirar la pantalla en donde se ruedan sus películas, recreáramos pequeños trozos de nuestra biografía amorosa al compás de música clásica, cumbia y ritmos sudamericanos.

WKW no es un director, es un observador maravillado. Él juega con los giros de las relaciones humanas, siempre en detalle, describiendo cada movimiento de los personajes sin ponerse en el lugar de ninguno, con planos cortos que sofocan y rozan el alma. Cada uno de esos encuadres sutiles e implícitos nos llena de dudas y a la vez nos despeja muchas preguntas.

El poder que posee WKW para acercarse con sus films suele ser impactante y enigmático. Es irónico como un director tan personal e imprevisible como él, le haya confesado a Laurent Tirad, en una entrevista, que hace películas para el público, pero como dije antes, WKW es un enamorado, y al fin y al cabo, ¿quién no lo fue, al menos, en una época de su vida?

A WKW lo descubrí tarde como para maravillarme, pero demasiado temprano como para entender muchas cuestiones que planteaba. Y como tantos otros lo descubrí en “Con ánimo de amar (Deseando amar)” (2000), aunque particularmente (pero creo que no es tan particular, porque debe haber miles como yo por ahí) me llegó en ese momento especial en que uno se replantea muchas cuestiones relacionadas con la maquina interna que bombea sangre y hace ruido.

“Con animo de amar” llegó en un período en que las preguntas resonantes en mi cabeza como ¿me seguirá queriendo, o, alguna vez me quiso?, ¿por qué me calle y no luche por lo que quería? Y ¿qué es lo que salio mal? se alborotaban a manera de percusión infinita. Y es verdad que este film no soluciono nada, ni volví con él ni despejo mis dudas, pero le otorgo otra significación al valor de esas preguntas, una especie de emoción…de que a varios les paso lo mismo.

Es que la cabeza de Maggie Cheung apoyada en el hombro de mi Tony Leung (si, es mío) conducidos por un taxi hacia la nada, hizo lo imposible. Consiguió, además de hacerme dar cuenta lo mucho que amo el cine, ver mi reflejo pasado en la pantalla y que lo que sucedió en el camino del amor me seguirá pasando siempre, porque así es el mundo y así es su cine.

Rara, como encendida

2046 (2004), la ultima obra de este director, muestra lo unida que esta su filmografía. “2046” no es mas que la historia oficial de “Con animo de amar”, y a la vez con la anterior a esta ultima.

2046 es distinta, pero no por difícil o aburrida. Pero si vamos al cine pensando encontrar otra como con ánimo… se nos va a hacer arduo salir complacidos de la sala oscura. Ya lejos quedaron los personajes sutiles llenos de ¿me animo o no me animo? para empezar a ver a personas mas jugadas, mas comprometidas con lo que se quiere, pero a la vez cobardes como solemos ser a veces todos, y es eso lo que le da veracidad al film.

El ultimo film de WKW es un desfile de intrigantes y hermosas mujeres que revolotean alrededor de un escritor (Tony Leung, alter ego de Mr. Wong) para que éste solo las disfrute, las haga sentir especiales pero las deseche como un tissue por ese miedo a algo que tuvo y sabe-supone que no va a volver a encontrar. “2046” es real y onírica, es actual y pasada, es el cine postmoderno en su estado mas puro, y a la vez el desamor en ese mismo estado, ese que nos hace preguntarnos si era él/ella lo correcto, el “para toda la vida” o si fue el tiempo el que nos jugó una broma pesada al hacernos creer que en el momento adecuado de nuestra vida teníamos a la persona indicada, y en realidad solo era “el” momento adecuado, en nosotros, y nada mas… o al revés.

WKW es un enamorado, y con “2046” completa una sinfonía de amor que, viendo determinadas obras suyas, es como escuchar a Puccini en nuestra cabeza pero al ritmo de jóvenes chinas con vestidos hechos a medida que se deslizan con el corazón destrozado por oriente al compás de algún compositor cubano. Una sinfonía en donde todo esta milimétricamente pautado, cada toma, cada encuadre, cada escenario, cada dialogo y movimiento del actor. Algo que no cierra perfectamente, una sinfonía inconclusa, y es en eso en donde WKW se diferencia de Kubrick: WKW nunca termina sus películas.

Ahora me pregunto: ¿el amor es algo que cierra por todos lados o siempre deja una página en blanco para volver a escribir?….por las dudas.

Natalia Anté

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? En 129 minutos podemos responder esta pregunta pero eso no significa que todos vayan a quedar satisfechos con las respuestas. El más apocalíptico y negativo dirá que los silencios tientan dejar la butaca. El otro público, el que espera otra cosa, el que se conmueve con planos y colores y etcéteras de índole cinéfila, ese público celebrará la nueva producción del misterioso director Wong Kar-Wai.

Wong Kar-Wai (Felices juntos, Con ánimo de amar) nos muestra algunas caras del mundo-amor, la cara del amor-desdicha, la cara del amor-imposible, de este mundo que todos deseamos y del cual todos hablamos. También hace transitar al protagonista en una melancolía que parece infinita y que resuelve, quizá, por momentos.

“2046 – Los secretos del amor” es la continuación de la imperdible Con ánimo de amar (2000) y se rodó casi al unísono. Esta vez, el escritor Chow Mo Llian (Tony Leung Chi Wai + bigotito + cigarrillo) redacta una novela que lleva el mismo título que la película que protagoniza. 2046 es un lugar, es el futuro y es el pasado. Recuerdos perdidos es lo que quieren recuperar las personas que viajan a ese lugar. Esto recuerda los llamados que hicimos, las cartas que viajaron a las puertas de nuestros amores frustrados. Esos llamados, esas cartas que buscaban y esperaban alguna respuesta, algún signo real que nos haga saber si seguimos formando parte de la vida de esas mujeres que ya no están.

2046 es un estado de felicidad. También es el número de la habitación donde Chow fue feliz. Y es el lugar donde las citas se concretan y los músculos se cansan. A su vez, las mujeres con las que el escritor se encuentra son las protagonistas de su novela: prostitutas, androides que no sienten, jugadoras profesionales…

La película, filmada con una obsesividad en los planos que hacen de este film una poesía en movimiento, transcurre en 1963, aunque visualizamos el pasado y el futuro. Es decir, es una película con tiempos sugeridos, no con un tiempo determinado. Porque el director se empeña en recordarnos que estamos en la década del 60´ por el vestuario y por los grises escenarios donde Chow va determinando el relato. Pero también se empeña, con menos aciertos, en mostrar un futuro tecno-color-inteligente no sentimental.

La imposibilidad de continuar en al amor, de concretar objetivos (objetivos = amores) es el leit motiv en el cual Wong Kar-Wai se sumerge lúcido, sin tropezar, cuidadoso. Porque la idea de la trama comenzó en 1997, cuando Hong Kong pasó de manos británicas a la soberanía de la China comunista. Durante 50 años –prometió China- nada cambiaría en estructura política y económica. Esto lo llevó a W.K.W. a pensar el 2046 como un objeto para analizar, deducir, opinar.

De la idea original a lo que hoy vemos en pantalla quizá no quedó nada, quizá está todo. Porque pasaron muchos años, muchos actores, mucho montaje, y muchos países que actúan como fondo de esta obra que, seguramente, en el futuro será considerada un clásico del cine mundial.

Hablábamos del tiempo que pasó entre la idea original y lo que hoy vemos. Es que Wai se toma su tiempo. Recordemos que llegó al festival de Cannes tres horas antes de su proyección pues no había terminado de montarla. Nunca veremos esa proyección porque fue destruída para confeccionar la versión (¿final?) que hoy vemos en los cines.

La música es otro lugar para tener en cuenta. Las partituras de Peer Raben se enredan perfectamente con Perfidia o Sibouney. Las canciones en castellano parecen contener algo misterioso dentro de películas habladas en otro idioma. Por cierto, otro detalle particular es la utilización de distintas lenguas originales (cantonés, mandarín, japonés) en los mismos diálogos. Esto demuestra, una vez más, que el amor no conoce de fronteras ni de tiempo ni de realidad. Es pura fantasía. Como saber qué pasará en el futuro o qué pasó realmente en el pasado.

¿Por qué contamos historias de amor? Para sentirnos –un poco- mejor. Para desahogarnos. Para concretar algún objetivo (objetivo = amor) pendiente. Para resolver ese final que nos dejó con la respiración entrecortada.

Emiliano Mastrolía

Enlaces

Kar Wai Wong

Gong Li

Ziyi Zhang


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