• Por AlohaCriticón

27 VESTIDOS (2008)

Dirección: Anne Fletcher.

Intérpretes: Katherine Heigl, James Marsden, Malin Akerman, Edward Burns.

Jane Nichols (Katherine Heigl) está soltera pero ya ha lucido 27 vestidos de dama de honor en bodas de sus amigas. Esta curiosa circunstancia llama la atención de Kevin (James Marsden), un periodista que utiliza esta particularidad como tema de su reportaje estrella.

Entre tanto, Jane pronto asistirá a la boda número 28, la que se puede celebrar entre su hermana Tess (Malin Akerman) y George (Edward Burns), el atractivo jefe de Jane del que esta última está enamorada.

En esta película Katherine Heigl se muestra dispuesta a hacer de todo por sus amigas casaderas. Que hay que vestirse de hombre, de geisha o de lo que sea como dama de honor hiperguay. Lo hace. Que si hay que ayudar en las invitaciones. Lo hace. Que si hay que bailar una canción de Michael Jackson. Se baila. Que si encargar la tarta. También.

A tanto llega su altruísmo por el casorio ajeno que una noche viaja en un taxi de boda en boda para poder lucir palmito en diferentes enlaces de amigas que se casan el mismo día.

Tal movimiento en coche y cambio de vestido (y también seguro que el buen físico de Katherine) no pasa inadvertido para James Marsden, un reportero de bodorrios que pronto comenzará una relación interesada con la moza.

Es el típico encuentro accidental y el hecho singular que conecta a dos personajes en principio sin nada en común. Más tarde pasará lo de siempre con escasa chicha en medio.

Tal encuentro de emparejamiento, después de una introducción que nos condujo la infancia de la protagonista para mostrarnos el origen “vicioso” en torno a vestirse de dama honorífica, se complementa con un triángulo amoroso formado por Katherine Heigl, Edward Burns y Malin Akerman.

Este trío crea una situación laboral-familiar-romántica muy incómoda para la principal protagonista, quien está enamorada de Burns y acaba organizándole la boda al susodicho con su propia hermana, lo que provoca un malestar personal creciente, y más cuando Malin es retratada como una egoísta únicamente preocupada por sí misma y sus intereses, que según Katherine se abastece de grasa sin medida (pues si que quema bien su metabolismo la citada grasa) y le dice a Edward que lo suyo es la col de Bruselas y la zanahoria (si no se lo dice, se lo intuye).

Tan banal circunstancia de rivalidad familiar con personajes sin dimensión, y el progresivo acercamiento entre la primera pareja formada (que cantan borrachos conjuntamente en una escena de vergüenza ajena pre-coitoencoche el “Benny and The Jets” de Elton John), conforman las diferentes situaciones de esta vulgar comedia romántica con historia amorfa de romances precipitados, diálogos insípidos, e interpretaciones desganadas, siendo lo más descollante (dentro de la trivialidad predominante) los créditos finales en plan páginas de periódico.

Enlaces

Katherine Heigl

James Marsden

Malin Akerman

Edward Burns


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