• Por Antonio Méndez

al-final-de-la-escapada-cartelDirección: Jean-Luc Godard.
Intérpretes: Jean-Paul Belmondo, Jean Seberg, Jean-Pierre Melville, Daniel Boulanger.

Con guión de Jean-Luc Godard (“Banda Aparte”, “Lemmy Contra Alphaville”).

Sinopsis

Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo) asesina a un policía tras robar un coche. Mientras es perseguido por tal hecho, Michel mantiene una relación con Patricia Franchini (Jean Seberg), una estudiante estadounidense en París que también trabaja repartiendo periódicos.

Crítica

Esta película es uno de los títulos más significativos de la nouvelle vague francesa, participando en su elaboración varios nombres clave de tal nueva ola cinematográfica: Georges de Beauregard como productor, Jean-Luc Godard como director y guionista, François Truffaut como creador de la historia y, entre otros, Claude Chabrol como consejero técnico.

al-final-de-la-escapada-de-godardEn esencia, más allá de todo el simple y ágil entramado con protagonismo de antihéroe granuja e insolente inmerso en un drama criminal, y sus acotaciones románticas y psicológicas con largas conversaciones entre Seberg y Belmondo, la película es básicamente un documento de estilo de bajo presupuesto, con montaje a saltos, cámara al hombro, bruscas elipsis, largos travellings, planos subjetivos, panorámicas que cruzan los Campos Elíseos, espontaneidad, improvisación, ahora banalidad, después cotidianeidad, más tarde alguna alusión existencial y diversos adornos culturales-culturetas.

También es un homenaje, a colación de las alusiones mentadas, a múltiples referencias artísticas, desde su inicio con el homenaje a las cintas baratas de los estudios estadounidenses Monogram, pasando por la exhibición de carteles del “Westbound (Nacida En El Oeste)” de Budd Boetticher o el de “Más Dura Será La Caída”, con Bogart y dirección de Mark Robson, citas a literatos como William Faulkner o Dylan Thomas, a músicos como Mozart, o a pintores como Renoir.

Al margen de la carga de método, la historia se revela muy sugestiva, principalmente por la influencia y frescura de su narración, y por el encuentro casual y desarrollo aventurado de sus dos personajes principales en contraste intelectual, con un magnético y práctico Jean-Paul Belmondo paseándose el pulgar por los labios, y una idealista y reflexiva Jean Seberg en busca de significaciones, entre ellas la de de la palabra “asquerosa”.

El debutante Godard, al estilo de su admirado Alfred Hitchcock, realiza un cameo denunciando a Belmondo. Jean-Pierre Melville interviene interpretando a un escritor agudo y lleno de ínfulas.

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Jean-Luc Godard
Jean-Paul Belmondo


al-final-de-la-escapada-con-jean-sebergMichel Poiccard (Jean-Paul Belmondo) es un ladrón buscado por matar a un policía que entabla un contacto amoroso en París con una estudiante estadounidense llamada Patricia Franchini (Jean Seberg).

Emergiendo como una autentica revolución (como cualquier otra revolución), a finales de los cincuenta y sobretodo en la siguiente década, un grupo de cineastas franceses, provenientes de la crítica, sin demasiada preparación técnica, sin medios económicos, pero con una idea muy clara de cambio, irrumpe en al panorama cinematográfico, reunidos en el movimiento que se denominaría “nouvelle vague”.

Amantes del cine directo, herencia del neorrealismo, admiradores de los clásicos americanos, y desechando voluntariamente todo tipo de esteticismo académico, la forma de contar se establecerá como una inflexión en la semántica del celuloide.

Aunque no es el primero, si el film considerado como estandarte de la corriente, “Al final de la escapada”, del que será, a su vez, contemplado como el “enfant terrible” Jean Luc Godard, supone un referente del “como” filmar dentro del nuevo concepto formal de libertad de expresión.

Además de la ruptura con todos los cánones establecidos, la historia poco tiene que contar. Godard parece que pretende filmar simplemente un clásico film negro de clase B, eso si, sin ni siquiera el presupuesto de estas películas de segunda.

En la película, un ganster de medio pelo de París, desarrolla sus andanzas junto a una joven estudiante americana, llegada a Europa en busca de aventura. El tema no va más allá del que nos puede ofrecer una novelita de quiosco.

El verdadero interés del film hay que buscarlo, pues, en la forma de rodar, en el tratamiento de los –aquí vulgares– personajes, en la nueva concepción de la expresión. Sin ataduras comerciales, tampoco habrá ataduras creativas, de esta forma y recogiendo en gran parte las maneras de un primer Rossellini: escenarios reales, luz natural, cámara en mano, travellings artesanales… el camino quedará abierto para el desarrollo de un lenguaje que, afortunadamente, aportará trabajos de más calado y madurez.

El hecho de ser el director más controvertido, y de tratarse del primer film de repercusión, han hecho de “A bout de souffle” una película sobrevalorada, entrando no sin falta de razones, en el mundo de los mitos.

Angel Lapresta

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