• Por AlohaCriticón

anatomia de un asesinato cartel poster

ANATOMÍA DE UN ASESINATO (1959)

Dirección: Otto Preminger.

Intérpretes: James Stewart, Lee Remick, Ben Gazzara, Arthur O’Connell.

El teniente Frederick Manion (Ben Gazzara) es detenido acusado de matar al violador de su atractiva esposa Laura (Lee Remick). El encargado de su defensa será el abogado Paul Biegler (James Stewart).

Preminger consigue atraer al espectador justo antes de que comience la

acción, gracias a una excelente música de Duke Ellington y a unos famosos

creditos basados en recortes de lo que parece ser un muñeco de papel que

representa al asesinado del título.

Se trata de una pelicula que narra el juicio contra el teniente del

ejército Manion (Ben Gazzara) acusado de matar al violador de su mujer, Lee Remick, a la que parece que le vaya a estallar la blusa en

cualquier momento. El fiscal es el tambien debutante (su segunda pelicula)

y nominado al oscar George C. Scott. Pero, claro, nada tienen que hacer

contra el abogado: James Stewart, en uno de sus mejores papeles.

Obtuvo siete nominaciones al oscar, pero no ganó ninguno por culpa de

BEN-HUR. Una de las mayores injusticias a las que nos tiene acostumbrados

la Academia. El guion, tambien nominado, es una adaptación de la novela de

Robert Traver.

La película es de una ambigüedad extraordinaria, a pesar de la sentencia

el espectador no sabe si el acusado es culpable o inocente. Nadie parece

decir la verdad en este juicio, empezando por la, digamos “alegre”, Lee

Remick y continuando por el barman amigo del muerto o el propio Teniente

Manion. Preminger se limita a exponer el juicio, con largos y planificados

planos secuencia, sin decantarse por uno u otro lado. Cualquier otro

director habría usado los flashback para acompañar las declaraciones de

los testigos, Preminger no lo hace, de esta forma consigue dar al

espectador una libertad absoluta para decidir.

También merece la pena destacar el acertado uso de la profundidad de

campo, veanse las escenas del fiscal preguntando a los testigos y como al

fondo el abogado interviene continuamente en la acción. Destaca una

secuencia en la que George C. Scott se interpone deliberadamente entre el

testigo al que interroga y el abogado, dificultando de esta forma la

visión entre ambos y el intercambio de señas. Stanley Kramer repetirá la

misma técnica en otra famosa película del mismo género: “La Herencia del

viento” (“Inherit the Wind”, 1960), esta vez con Spencer Tracy como

abogado.

De esta película no hay que perderse ni un detalle, las miradas, los

gestos, las actitudes de los secundarios -la secretaria, el amigo

borrachín, el juez Joseph Welch, que por cierto no es actor, es un abogado

de verdad- enriquecen la trama de tal forma que el largometraje sale

redondo.

En resumen, una obra maestra de Otto Preminger, y del cine en general, que

nos sigue sorprendiendo cada vez que la volvemos a ver.

Fernando de Cea

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James Stewart

Lee Remick


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