• Por AlohaCriticón

PARIS, BAJOS FONDOS (1952)

Dirección: Jacques Becker.

Intérpretes: Simone Signoret, Serge Reggiani, Claude Dauphin, Raymond Bussières.

París, Francia, año 1900. Marie (Simone Signoret) es una prostituta que mantiene relaciones amorosas con Roland (William Sabatier), miembro de la banda del gángster Felix Leca (Claude Dauphin). Un buen día Marie se enamora de un humilde carpintero llamado Georges Manda (Serge Reggiani), provocándose así un conflicto sentimental que terminará de manera trágica.

Con “París bajos fondos” Jacques Becker consigue su obra mayor justo antes

del comienzo de la “Nouvelle Vague” y con los últimos coletazos del llamado

Realismo Poético. El “Casco de oro”, traducido literalmente, se refiere a la

melena rubia de Simone Signoret, eje central de esta excelente película con

la que se consagra definitivamente.

Hay muchas razones por las que esta cinta puede ser una de las favoritas de

cualquier cinéfilo, entre ellas se pueden destacar las siguientes:

El perfecto retrato de un París popular de finales de siglo XIX, de sus

verbenas, de los paseos en bote, de los bailes, de sus calles, de sus gentes

en definitiva.

La trama en sí. Basada en un hecho real, se encuentra perfectamente

engarzada y mantiene en todo momento enganchado al espectador gracias a una

tensión siempre en aumento hasta el final: Un obrero (Serge Reggiani) se

enamora de una prostituta (Simone Signoret) y se pelea con su chulo al que

mata. Todo por obra del jefe de una banda de delincuentes que también

pretende conseguir a la Signoret. A partir de aquí se suceden engaños,

arrestos y huidas hasta una brillante resolución final que es casi lo mejor

de la película y posiblemente por lo que ha pasado a ser legendaria. Para no

perjudicar a quien no la haya visto, solo diré que el plano final es uno de

los más emotivas del cine francés y me atrevería a decir que del cine

mundial.

Por último también destacan las interpretaciones de los actores. Como ya he

dicho la guapísima Simone Signoret hace uno de los papeles de su vida,

Becker que sabía de su belleza y del estado de gracia en el que se

encontraba nos regala los mejores primeros planos de la Signoret en su larga

carrera como actriz. Pero su oponente, Reggiani, no le va a la zaga.

Fuertemente desdramatizado consigue convencernos de que esconde un turbio

pasado, de que es leal a sus amigos y de que, finalmente, nada tiene que

perder, en todo caso ganar, con tal de estar unos segundos con su “casco de

oro”. Segundos que Becker nos ofrece con unos bellos planos bucólicos donde

la pareja de enamorados disfrutan mirándose y amándose ajenos a la

conspiración que se avecina.

En definitiva un largometraje imprescindible en la filmografía de Becker y

uno de los más destacables del cine galo de todos los tiempos.

Fernando de Cea


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