• Por AlohaCriticón

cenizas de amor cartel critica h m pulham esq
Dirección: King Vidor.
Intérpretes: Hedy Lamarr, Robert Young, Ruth Hussey, Van Heflin.


¿Quién no ha tenido alguna vez en su vida una crisis existencial? Harry Pullham, con algo más de 40 años, se encuentra en esta situación y King Vidor la describe de forma excelente, alejándose deliberadamente de los melodramas que se realizaban en Hollywood en aquella época, como evasión de la guerra que asolaba el mundo. Y es que Vidor le da una vuelta de tornillo (más de una) a la famosa crisis de los cuarenta.

Para Harry Pullham (Robert Young) cada día es una repetición exacta de la jornada anterior. El merito de Vidor es mostrar las actividades cotidianas de Harry y que el espectador sienta que son rutinarias aunque sea la primera vez que las ve en pantalla. La serie de planos que Vidor coloca en el comienzo de la cinta demuestran como dominaba el lenguaje cinematográfico, así el protagonista beberá su zumo de siempre en el desayuno, se comerá el huevo pasado por agua y lo partirá con el cuchillo casi sin darse cuenta de lo que está haciendo. En una memorable secuencia Harry, de espaldas a la ama de llaves, extiende su mano como si fuera un autómata para que la sirvienta le coloque dos cacahuetes que más tarde él echará a las ardillas del parque, de camino a su trabajo.Trabajo al que llega a las nueve en punto según anuncia un reloj que podemos ver al fondo del plano. Y es que King Vidor planifica todo al detalle.

Sólo una invitación a comer de un antiguo compañero de la universidad alterará la rutina y provocará toda la acción posterior. Se trata de celebrar el 25 aniversario del fin de carrera y proponen que Harry sea el encargado de escribir un breve resumen de la vida que ha llevado cada compañero. Como es lógico empieza por la suya. A partir de aquí Vidor nos muestra, gracias al flash back, como la vida del pequeño Harry estaba ya planificada desde el momento de su nacimiento. Ese día, su padre (Charles Coburn) hace ya una reserva para un colegio privado donde ingresará su hijo… ¡Dentro de 12 años! Cuando llega a esa edad el primogénito de los Pulham recibe unos consejos que son para enmarcarlos: “Si algún día te ocurre algo desagradable, procura que nadie se entere” le dice un grave Charles Coburn.

Una llamada de su antigua novia interrumpe sus recuerdos y hace que la crisis se desate. Ella le pregunta si es felliz, la misma pregunta que varias personas le formulan a lo largo de la cinta, él siempre responde por obligación, como si la respuesta fuera obvia, “Claro que sí”. Pero el genial director nos transmite la sensación de que Harry se encuentra fuera de su cuerpo, oyéndose a si mismo, respondiendo afirmativamente, cuando sabe que no es verdad, que siente haber perdido el tiempo con su vida y que siempre ha hecho lo que los demás querían que hiciera.

¿Cómo lo hace Vidor? No se, la he visto varias veces, aún no he podido averiguarlo, sólo puedo asegurar que cada vez descubro algo nuevo como las frases que pronuncia Harry cuando escribe su curriculum, después de esos 25 años:

“Esto más bien parece la inscripción de una tumba, a lo mejor es que estoy muerto”. Y es que se ha casado con Kay (Ruth Hussey) a la que no quiere, pero que era la preferida de su madre, y se encarga del negocio de su padre en Boston, en vez de ser un publicista en Nueva York trabajando con la mujer que amaba.

“¿Por qué las cosas que han sido las más importantes en la vida de un hombre no se pueden escribir en un curriculum?” se pregunta Harry cuando distraido comienza a escribir sobre su antigua novia, Marvin (Hedy Lamarr, guapísima). Como estas frases, hay multitud de detalles de buen director y de guionista. Así cada despedida entre Harry y Marvin parece la última, siempre hay una mirada desesperada o una puerta medioabierta o un hueco de escalera vacio; Vidor hace que a Robert Young sólo se le vea feliz, silbando, cuando ve inminente la llegada de su amada; el director resalta el movimiento de la nuez de un sacerdote en el momento crucial de una boda o nos presenta las mismas actividades rutinarias que hemos visto al principio, pero alteradas completamente cuando Harry se encuentra en plena crisis . Todo esto provoca que King Vidor realice una película de autor redonda.

La resolución final es lo que marca la diferencia entre una buena película y una obra maestra que perdurará a través de los tiempos. El encuentro entre Harry y Marvin después de tantos años y la constatación de que nada volverá a ser igual que antes (hasta su canción suena horrible en el tocadiscos) es memorable. El falso final feliz deja un poso de amargura en un film, que por lo ambiguo de la conclusión, merece estar en la cima del séptimo arte, donde hace ya tiempo que se encuentra.

Fernando de Cea

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