• Por AlohaCriticón

DOOM (2005)

Dirección: Andrzej Bartkowiak.

Intérpretes: The Rock, Karl Urban, Rosamund Pike, DeObia Oparei.

Una escuadrilla ubicada en una estación científica de Marte tendrá que aniquilar a unas criaturas infernales procedentes de otra dimensión.

Adaptación de esta ya veterano videojuego (y “secuelas” varias) de perspectiva subjetiva centrado en asesinar, destruir, devastar, explosionar, arrasar con todo… vamos, un ejercicio lúdico la mar de instructivo “para los niños”, como diría la postista Gloria Fuertes, que explota la atracción gore y el desahogo de la violencia latente del ser humano más represivo ubicado en una sociedad hiperacelerada. ¡A jugar!.

Con tal referente la violencia abusiva es lógico que sea parte esencial de esta película dirigida por el especialista en cine de acción Andrzej Bartkowiak, aquel encargado de llevar a la pantalla la historia shakesperiana con Jet Li “Romeo debe morir”, muy estilizada a nivel estético pero bastante intrascendente para el que no comulgue con patadas gratuitas testiculeras y puñetazos directos a la sien.

Esta revisitación videojueguera, con la participación de los esforzados The Rock y Karl Urban, que cumplen en sus previsibles papeles, no ofrece más que ruido y sopor, junto a personajes, conflictos y actitudes estereotipadas/nervudas propias de un heterogéneo grupo integrado en un contexto vehemente y amenazador, con decapitaciones, zombies, disparos, imaginería variada, disecciones, criaturas monstruosas y demás “goce” mondonguero con influencias recargadas en atmósferas de “Alien”, cimiento de “Doom”.

Incluso su historia (por desgracia) mil veces vista (en base al típico experimento científico que sale mal y provoca daños terribles que cuatro machotes y machotas tendrán que solucionar) podría ofrecer lo esperado por los practicantes del videjuego.

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Dwayne “The Rock” Johnson

Karl Urban

Rosamund Pike

El amago de actor Dwayne “The Rock” Johnson (“El Regreso de la momia”, “El Rey Escorpión” y campeón seis veces en la Federación Mundial de Lucha Libre), perteneciente a la crew de Vin Diesel y teniendo como vieja escuela a Schwarzenegger, Stallone o Van Damme en el género “hombre-animal-de-4×4-que-hace-de-héroe-siempre-con-las-mismas-facciones” llega con un nuevo producto.

Se trata de la adaptación cinematográfica (porque se proyectará en los cines, no por que sea digna del séptimo arte) del pionero videojuego Doom, primero en emplear el modelo FPS (First Person Shooter: tirador en primera persona) allá por 1993. El argumento nos lleva a la estación de investigación Olduvai, situada en Marte, donde debido a un error científico se declara en cuarentena menos para el Escuadrón Táctico de Respuesta Rápida (no es ironía, se llaman así), un grupo de marines ultrapreparados para todo lo que se les venga encima. Con esta premisa ya pueden ir bajándose los pantalones y abriendo el culo porque estos gorilas arrasan con todo.

Se podría decir que es una mezcla entre Resident Evil por el escenario neoindustrial, los científicos y los zombies y la magistral Alien por usar monstruos similares pero nos les llega a la suela de los zapatos a los metrajes de Paul Anderson y Ridley Scott, respectivamente.

Interpretaciones insulsas salvo por Kart Urban (Eomer en “El señor de los anillos”, “Las crónicas de Riddick”, “El mito de Bourne”) y Rosamund Pike (“Muere otro día”, “The Libertine”), que ofrecen algo de humanidad y sentimiento dentro de ese enfrentamiento entre bestias. El resto del elenco está formado por estereotipos tipiquísimos (está el negro sin personalidad dando la nota de “color”, el chico primerizo en el “arte” de matar, el cabroncete que deseas que se muera, el gracioso sin gracia…) comandados por la mole sin cerebro ni compasión que es The Rock.

Los diálogos son impresionantes: cada muerte de un bicho tiene su “ingeniosa” gracia posterior y la frase más filosófica, dicha por The Rock al chaval poniendo cara seria (la permanente que tiene) y agarrándole del hombro, es la genialidad “hijo, si dudas, muere gente”. Para postrarse a sus pies o darle de ostias al guionista, ustedes eligen.

El arma más potente de la película (que también era del videojuego y aquí la lleva adivinen quién) tiene el científico y técnico nombre de “Big Fucking Gun”, no te digo ná y te lo digo tó. Sólo un dato más del cagarro ante el que nos enfrentamos.

Pero no todo va a ser vómitos contra este producto: los efectos visuales y sonoros (acompañados siempre por guitarras y baterías estridentes) están logrados, aunque a estas alturas ya no tenga mucho mérito, hacia el final hay cinco minutos de disparos en primera persona emulando al juego original de forma muy fiel y la película acaba con un ligero giro de guión que la hace mejorar algo. Aun así es previsible, estereotípica, vulgar y banal. Las parejas catetas ya tendrán tema de discusión en Navidad entre si ir a ver este metraje u “Ojalá fuera cierto” (comedia romanticota también en cartelera).

Gonzalo Fuentes

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