• Por AlohaCriticón

EDICTO SIGLO XXI: PROHIBIDO TENER HIJOS (1971)

Dirección: Michael Campus.

Intérpretes: Oliver Reed, Geraldine Chaplin, Don Gordon, Diane Cilento.

La Tierra está superpoblada y se han tomado medidas de prohibición para que las parejas no tengan más hijos, siendo éstos sustituidos por robots. Sin embargo, un matrimonio formado por decide quebrar este mandato y concebir un hijo.

Durante la década de los años 70 dentro del género de la ciencia-ficción se realizaron películas distópicas en las cuales se reflexionaba acerca del modo de vida de las sociedades futuras como consecuencia de la influencia humana durante la mencionada década y en las supuestas posteriormente de manera un tanto negativa sobretodo en lo referente al medio ambiente y su contaminación, debido al desarrollo descontrolado en todos los aspectos e influencia de las nuevas tecnologías, la natalidad y la superpoblación en los países desarrollados.

Basada en la novela de Max Ehrlich “THE EDICT” en 1971 se realiza la película Z.P.G. ZERO POULATION GROWTH que en nuestro país se estreno bajo el título de EDICTO SIGLO XXI: PROHIBIDO TENER HIJOS esta fue una co-producción de Sagittarius Pictures con Estados Unidos, Inglaterra y Dinamarca bajo el sello de distribución de Paramount Pictures.

La ventaja con la que contó el film en esos momentos, fue la de incluir un reparto de actores muy conocidos por aquella época como Oliver Reed y Geraldine Chaplin, al lado de secundarios no menos conocidos como Don Gordon y Diane Cilento, incluyendo a un equipo técnico de prestigio como el diseñador de producción Anthony Masters, los directores artisticos Harry Lange y Peter Hajmark, los directores de fotografía Michael Reed, Mikael Salomon y Jan Weincke y al especialista en efectos especiales Derek Meddings, sin olvidar que incluso que el propio Max Ehrlich intervino en la labor de escribir el guión junto con Frank de Fellita y de ser el productor asociado del film.

Con un reparto así y un argumento de lo más interesante y controvertido como la procreación ilegal de un hijo que esta prohibido en un periodo de 30 años y en un mundo apocalíptico con altos índices de contaminación y superpoblación al borde de la destrucción, esta película podría haber llegado a convertirse en un clásico del género o en una de culto, pero por desgracia su carrera comercial y artística en todo el mundo fue un estrepitoso fracaso y acabo por pasar por nuestras pantallas sin pena ni gloria quedando posteriormente relegada al más absoluto de los olvidos por los aficionados al género, posiblemente debido a una falta de ambición por parte de su productor Thomas F. Madigan de no aportar más capital en su presupuesto y más aún de narrar con mayor rigor la historia que se supone nos cuenta la película.

A decir verdad el mayor defecto que tiene esta película es que tras haber leído el libro, uno tiene la sensación de que ella falta mucho más de lo que se ve y sinceramente aunque sigue las pautas descritas en el libro, esta adaptación cinematográfica defrauda mucho a la hora de visionarla, por que faltan muchas escenas clave para entenderla con mayor rigor y las que se ven en ella, están mutiladas y afectan mucho y de manera muy negativa al ritmo de la historia y al espíritu de la novela en la que se inspira.

En conclusión si un espectador ve esta película sin haber leído el libro, lo más seguro es que le parezca una bobada o en el peor de los casos, una porquería muy mal hecha y aburrida, por tanto yo recomiendo que se lean el libro primero por que es mucho mejor que la película en si, con la esperanza de que algún día se edite en nuestro país en DVD en una versión del director o se haga un “remake” de la misma con los medios de los que se dispone hoy en día la industria del cine con el fin de darla a conocer a las generaciones actuales.Rostov

Esta olvidadísima y casi no vista película fue recibida con entusiasmo por la crítica en el festival de Sitges de 1972. Carlo Fabretti, en Nueva dimensión, la alababa calurosamente; lógico, si tenemos en cuenta que se ponía sus gafas de ideólogo político para juzgar las películas y los libros; Francisco Montaner, en Terror Fantástic, la calificaba de maravilla de las maravillas y se deshacía en elogios; bueno, al menos él no se ponía gafas de ideólogo. Pero lo cierto es que ambos juicios se nos antojan excesivos. Cuidado: no estamos ante una mala película; estamos ante una película que responde a lo que era el cine de ciencia ficción pre-Star Wars, es decir, otro tipo de cine fantástico para otro tipo de espectador, con otro tipo de temas e inquietudes.

Rodado en 1971, otras producciones de ese mismo año fueron Naves silenciosas, Solaris y La naranja mecánica; también, en un tono más popular, El último hombre vivo y Huida del planeta de los simios: un tipo de cine popular para otro tipo de espectador también. Lo que va de ayer a hoy, vaya. Diez años más tarde, en 1981, el cine de ciencia ficción ofrecía en cambio Atmósfera cero, Mad Max 2 y 1997: Rescate en Nueva York, y el resto eran naderías. El cine de 1971 era un cine preocupado por los temas y problemas del momento, como reflejo de la sociedad inquieta y de renovación cultural de aquel entonces, y el cine de 1981 era un reflejo de la sociedad materialista y nada inquieta culturalmente de ese otro entonces. El cine es un reflejo de su tiempo, y el cine fantástico también.

La película nos muestra hasta que punto una sociedad avanzada en el siglo XXI que abarca la totalidad del planeta Tierra, ha alcanzado un punto de desarrollo y bienestar, que los gobiernos mundiales se ven obligados, no sólo a raccionar una de las necesidades básicas de todo ser vivo como es la alimentación, que ya empieza no sólo a escasear en todo el mundo, sino que además las posteriores consecuencias de todo este creciente desarrollo aparte de un creciente bienestar entre otras ventajas y beneficios, se traduce en un promedio de vida prolongado hasta los 150 años como máximo, si antes las personas mayores de esa edad no mueren por causas naturales o por la creciente falta de alimentos esto se traduce en pocas palabras, en un incontrolado crecimiento desmesudado de la población y que los gobiernos mundiales, se ven obligados a prohibir la procreación natal durante un periodo de 30 años, para así controlarlo y evitar con ello los casos de hambruna y canibalismo que ya empiezan a manifestarse en casos aislados en todo el planeta evitando con ello su autodestrucción.

Se rumorea y esto puede ser muy cierto, es que según dicen las malas lenguas, el actor Oliver Reed firmó el contrato para participar en el filme bajo un estado de total embriaguez y dada su mala reputación personal de vividor y alcohólico no es algo que pueda descartarse de ninguna manera, pero también cabe destacar la presencía de otra gran y prestigiosa actriz Geraldine Chaplin que con su brillante actuación en el filme, consiguió con ello ganar el Premio a la Mejor Actriz en el Festival de Sitges de 1972.

También al no contar con un realizador con mucha más experiencia cinematográfica que hubiera podido llevar por el buen camino esta producción, debo destacar que Michael Campus era por aquella época, un novato debutante director que posteriomente se decantaría su interés cinematográfico por las causas raciales en películas como The Mack y La Educación de Sonny Carson títulos que posteriormente pasarían a ligual que la presente película al mayor de los olvidos.

Dicho todo esto, juzgar a Edicto siglo XXI: Prohibido tener hijos de película poco interesante no creo que sea malo ni injusto: el film es lo que es, al margen de lo que refleje. Y, con la salvedad de los dos críticos mencionados, el resto de comentarios que aparecen en enciclopedias van de mala a fracaso o floja, como mucho. Cierto, es una película poco vistosa, algo aburrida, de una lentitud total (por cierto, no deja de ser una curiosa rareza que algunas películas de cine fantástico estén entre las más lentas de la historia del cine: Solaris y Quinteto). Vista hoy día, despierta curiosidad y algo de involuntaria diversión: no sé si es deliberado, pero el político que al inicio de la película proclama el edicto de la prohibición de tener hijos, es un doble exacto del por aquel entonces tan omnipresente político norteamericano Henry Kissinger… Me resisto a creer que sea una casualidad o un simple parecido físico del actor (lleva incluso las mismas gafas…). Otras diversiones, producto de la pobreza de la producción: las cápsulas de la nave Discovery de 2001: una odisea del espacio, aparecen con harta frecuencia flotando entre el smog representando a naves policiales de vigilancia.

La película peca de exceso de solemnidad, de discursiva y redundante, pero es evidente que todo ello está presentado con honestidad y buena voluntad, y responde a otro cine y a otros tiempos, como queda dicho. Bordea el aburrimiento y la inanidad, pero despierta cierta simpatía por su voluntad de denuncia (aunque dudo que muchos espectadores la vean entera, esa es la triste verdad).

Tras el anuncio por el doble de Kissinger de que en el nuevo siglo XXI queda prohibido tener hijos bajo pena de muerte, y sólo se permite un hijo cada treinta años, debido a la enorme población del planeta y a la total carencia de alimentos para ellos pues los recursos naturales están agotados, los animales ya no existen –ni domésticos ni de granja–, vemos unos cuantos brochazos de lo que es la vida en ese siglo XXI: las calles son sólo circulables bajo protección, pues una continua niebla gris las invade y no permite ver a más de dos metros de distancia: hay que llevar máscara respiratoria y careta para proteger los ojos, además de ropa anticontaminante para evitar el contacto de ese smog con el cuerpo.

El gobierno controla a los ciudadanos mediante pantallas en sus domicilios que se pueden activar para pedir asistencia psicológica (videoconferencia). Las naves recorren el cielo vigilando y lanzando consignas a los ciudadanos o propaganda. Existen museos de los horrores del siglo XX con proyección de documentales incluida para que los ciudadanos sean conscientes de la catástrofe consumista que les ha conducido a la situación presente. En fin, es un futuro bastante parecido al de la posterior Soylent Green: Cuando el destino nos alcance.

El film es lento, sobrio, seco y conciso, sin filigranas y sin concesiones al espectador. Le perjudica todo esto, dicha sea la verdad. La mejor secuencia del film es la del parto de Carole, hecha a base de breves planos sucesivos del rostro sudoroso de Carole intercalados con otros del sótano donde da a luz, de los útiles de aseo que tiene sobre los cajones que hacen de muebles (una palangana de plástico, una toalla, una pastilla de jabón…) y que crean una atmósfera realmente extraña; resulta una sucesión de imágenes que impacta de manera notable, creando una sensación de angustia creciente.

Sería fácil decir que es un film que ha envejecido mal, pero no creo que eso sea del todo verdad: simplemente, pertenece a una concepción del cine fantástico ya inexistente hoy día y por eso se nos antojan extraños los elogios de la crítica de Sitges 1972, pero también injustificados los despectivos comentarios de algunas enciclopedias. Ni una cosa ni la otra. Es un film voluntarioso, una rareza de otro tiempo, una película seca e incómoda, que muestra cómo era la década de 1970 en sus inicios y las inquietudes de entonces. Puede no gustar, algo legítimo, pero lo curioso es que, a pesar de esos defectos y limitaciones, su recuerdo perdura unos cuantos días después de su visionado. Algo tendrá.

El film es de nacionalidad danesa, aunque muchas fichas la indican como británica. Digamos que es una coproducción británico-danesa, y estaremos más acertados.

El guión y argumento es obra de Max Simon Ehrlich (1909-1983) y está basado a su vez en un artículo escrito por el Dr. Harrison Brown de Instituto de Tecnología de Californía sobre el desarrollo y posterior la explosión demográfica de la sociedad en las décadas futuras.

En 1972 escribió una novelización de este guión, titulada The Edict, que apareció en castellano por la editorial Gribalbo más o menos por esa misma época. Como coguionista figura también el temible Frank de Felitta, novelista y algo de cineasta más bien terrible para ser exactos y del que conviene mejor apartarse pero Ehrlich le mostró su trabajo a su colega y amigo que vió la posibilidad de elaborar y desarrollar conjuntamente un guión cinematográfico y con el productor Thomas F. Madigan al frente del proyecto este llegó a convertirse en una película dirigida por Michael I. Campus en colaboración tanto con actores británicos de la talla de Oliver Reed, así como de un grupo de otros actores y técnicos daneses lo cual se tradujo todo ello en una co-producción de Sagittarius Productions Inc. entre EE.UU, Inglaterra y Dinamarca bajo el sello de distribución de Paramount Pictures.

Geraldine Chaplin ganó el premio a la mejor actriz de Sitges en 1972. El film, en su estreno de Barcelona, duró una semana en una sala de programa doble. En Madrid no se estrenó hasta 1974, en iguales circunstancias. Ha sido una producción olvidada desde entonces. Es un poco injusto, pero así es la vida.

Cabe destacar eso si los efectos especiales por parte del especialista británico Derek Meddings y los diseños de producción y dirección artistica de Anthony Masters, Harry Lange y Peter Hajmark que todos ellos hicieron todo lo posible dentro de todas estas limitaciones e inconvenientes mencionados en esta paupérrima producción de limitado presupuesto, también que fuera filmada en formato panorámico y a toda pantalla en Eastmancolor y que posteriormente las copias de esta película fueran editadas en formato de video VHS en países como EE.UU y Canada en 1993 por parte de su productora Paramount y en España en DVD en una vergonzosa y barata edición hecha por la empresa de Vellavisión en el año 2006 con un master lleno de impurezas, y un desgaste del color francamente inaceptable para un consumidor exigente como el de hoy y sin respetar tanto su metraje integro de 105 minutos para mayor decepción de los aficionados al cine de este género.

Kenshij

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Geraldine Chaplin


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