• Por Antonio Méndez

Dirección: George Lucas.
Intérpretes: Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Samuel L. Jackson.

Quinta película de la saga “Star Wars”. Con guión de Jonathan Hales (“El Rey Escorpión”,”El Espejo Roto”) y George Lucas (“La Guerra De Las Galaxias”, “La Amenaza Fantasma”).

La República se encuentra amenazada por una coalición separatista formada por centenares de planetas y poderosas alianzas empresariales. Los Jedi Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor) y su discípulo Anakin Skywalker (Hayden Christensen) son enviados para proteger a la senadora Amidala (Natalie Portman). Los tres terminan implicados en el conflicto contra los insurrectos, al mismo tiempo que surge el amor entre Anakin y Amidala.

El buen resultado de la primera trilogía de Star Wars se sustentó en innovadores efectos especiales de excitantes consecuencias épicas, una historia de leyenda y heroicidad asentada en la clásica lucha entre el bien y el mal, una pegadiza música de penetrante carácter homérico, y un inventivo catálogo de personajes que involucraban al espectador en las aventuras y cuitas sentimentales de sus protagonistas y diseñaba a un poderoso, definido, atractivo antagonista.

el-ataque-de-los-clones-foto-criticaLa quinta entrega de esta serie galáctica supone un profundo retroceso en estos loables planteamientos, ya iniciado unos años antes con “La Amenaza Fantasma”. El cine ha evolucionado mucho (generalmente para mal) en el campo de lo efectos especiales, y lo que antes era originalidad ahora no es más que un cúmulo de aburridos fuegos de artificio que lo único que hacen es disfrazar con artimañas técnicas la carencia de un lamentable guión, ya ni siquiera aceptable. Algunos diálogos provocan sonrojo, otros sonrisas inconscientemente buscadas, otros resultan demasiado petulantes.

Los personajes no logran conectar como lo conseguían hacer los ya míticos Luke Skywalker, Princesa Leia, Darth Vader o Han Solo. Los de las nuevas entregas resultan poco carismáticos y sin sentido del humor. Las relaciones entre los mismos y sus pensamientos están construidos más en base a la conexión con los episodios ya mostrados que a un desarrollo personal independiente en una historia autónoma. Lucas está más preocupado en bosquejar el futuro de sus caracteres que en profundizar en su presente, así Anakin, en una relación con Amidala, llena de fácil romanticismo, no cesa de mostrar detalles psicológicos que le inclinarán cada vez más con el lado oscuro. Por otra parte, la presentación del antagonista, nunca bien definido, es tardía y carente de fuerza.

La trama principal y las subtramas, base central del éxito de cualquir obra narrativa, falla totalmente a causa de su enredada y soporífera descripción paralela en un film que carece en conjunto de tensión e intensidad, ansioso en rizar el rizo con el diseño de seres de extrañas y, en muchas ocasiones, ridículas apariencias.

Lo mejor de una película que rezuma infantilismo por todos sus costados, es el aceptable trabajo interpretativo de Hayden Christensen, y la contemplación por primera vez del Maestro Yoda en plena acción en un corto, pero hiperactivo combate, nada más y nada menos que contra el mismísimo Christopher Lee.

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El “Tito George”, como le llaman los buenos frikis (yo, personalmente, espero no tener ningún parentesco físico ni artístico con este individuo), lo ha vuelto a hacer, y en un alarde de masificación monetaria y masturbación etérea ha vuelto a crear otro engendro deforme de la otrora respetable franquícia de la Guerra de las Galaxias.

Lo que espero se pregunten los afortunados lectores que aún no hayan visto la película debería ser: ¿Es peor que la anterior? ¿En serio? ¿Está este crítico borracho? ¿Caramba, tan mala es? La respuesta a cada una de estas preguntas es un rotundo SÍ. Aunque he de matizar: entretiene mucho más que la primera, es más espectacular que ésta, pero solo por el hecho de tener un guión tan nefasto y dañino la considero personalmente una birria insufrible digna de estar abajo incluso de su precedente.

Sin ningún género de dudas “El Ataque de los Clones” es el mayor Bluff del año, e incluso puede que del lustro y en mi esporádicamente sana opinión debería figurar en un top junto al Exorcista 2 o Robocop 3, bueno, no digamos cosas de las que nos podamos arrepentir… Vamos pues a comentar la película en sí.

Nada más acabar los anuncios y los trailers y apareciendo ya la cansina frasecita del principio, los frikis de la sala comienzan a hacer acto de presencia evocando unos aplausos inmerecidos (leches, son las mismas palabras que llevas leyendo desde hace más de 20 años, ¿es eso motivo de aplauso? ¿Aplaude el friki cada vez que se pone el Imperio Contraataca en su video? Lamentablemente algo me dice que la respuesta es afirmativa) pero no nos salgamos del tema y vamos a lo que vamos.

Se nos presentan, pues, los mismos personajes del episodio anterior y ya nos llevamos la primera sorpresa: no ha envejecido nadie excepto Anakin, que ahora es un metro más alto. ¿Por qué? La respuesta es tan obvia que hasta me estremecería pensar que alguien no la supiera contestar: porque es un poderoso Jedi.

Lo cierto es que desde el principio se deja entrever una historia de amor entre Ani (al que a partir de ahora llamaré Anís y cuyo actor que le representa -que no recuerdo su nombre- tiene menos futuro que Mark Hamill) y Amidala (a la que desde ahora llamaré Senadora Amidala). Dicha relación es ñoña y pastelosa hasta la náusea y cualquier escena en la que comiencen a lasciviar puede resultar una buena candidata para perdérsela en una fugaz visita al WC.

Más de los primeros dos tercios de la película son totalmente olvidables, presentándonos únicamente la más absoluta de las vanidades en forma de nocivas historietas romántico-moralineras aderezadas con escupibles escenas de acción propias de videojuego barato y no menos plagadas de tópicos perrulleros. De toda esta parte me gustaría rescatar y comentar algunas perlas:

Por ejemplo, y ojo que vienen spoilers, a media película Anís decide ir a Tatúin (se que no se escribe así) a ver a su madre tras 10 años de separación. Allí encuentra a su padrastro -que no conocía- y a sus hermanastros -que, por supuesto, tampoco conocía- cosa que se la trae al pairo y no presta más atención, de hecho hacía tiempo que no veía a unos secundarios pasar tan desapercibidos, teniendo como tienen un papel tan importante en la historia de las trilogías Starwanianas. También descubre que su madre lleva como un mes secuestrada por los Tusken.

Decide así ir a rescatarla y, como es un poderoso Jedi, la encuentra en no mas de 5 minutos, pero la madre se le muere en los brazos -snif-. Toda una oportunista ella, que aguanta un mes de torturas y violaciones (suponemos) y se tiene que morir justo cuando llega Anís y la salva. Aunque más mala leche tiene el niño, que le ha llevado 7 minutos de metraje hacer el viaje y dar conella y no ha sido capaz de hacerlo durante ¡10 años! que han pasado desde el Episodio 1. Sin duda unos buenos elementos son Anís, Obi Wan y cía, que incluso han encolomado a Jar Jar a senador mientras la pobre señora Skywalker se muere en la miseria. Y hablando de Jar Jar, menos mal que se dieron cuenta de que esa criatura infecta no merecía ningún tipo de protagonismo y, aunque la muerte hubiese sido la mejor opción, relegar al bichejo a la más absoluta de las secundariedades honra bastante a los chicos de Lucasfilms.

La película es en completo 3D, generada casi la totalidad de la misma mediante ordenadores y programas infográficos. Muy bonitos efectos, luces, explosiones y tal, pero molesta un poco ver hasta las sillas renderizadas, o los soldados imperiales moviendose grácil y fluidamente, sin duda con el único y vil objetivo de reciclarlos para las futuras hornadas de mediocres videojuegos basados en la malparada película. Pero en fin, no se podía esperar menos de estos gañanes.

La interpretación, nefasta; los diálogos, imposibles y empalagosos; el guión, un verdadero horripilio.

Ahh, pero la última parte es una maravilla tecnológica. Sin duda un auténtico espectáculo palomitero digno de visionarse. Y al final, sí, tendremos el placer de ver al malo (que no se ni quien caracoles es ni que diablos pinta en la historia, llamame poco observador) luchando con ¡Yoda!.

Y el enano verde mete unas leches de la hostia, y no veas los brincos que mete, que bestia. Eso sí, una vez acabada la batalla, el Pujol podrido sigue con sus fatigados andares y con la ayuda de su bastón, no vayan a retirarle la pensión.

Una vez acabada la intolerable película, los frikis más degenerados aún tenían fuerzas para aplaudir. No les entiendo, e incluso me acerqué a la primera fila a ver si es que estaba el reparto por ahí. No fue así, y es que los buenos freaks son freaks para lo bueno… y para lo malo.

Víctor Martínez García

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