• Por AlohaCriticón

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EL HOMBRE DEL TIEMPO (2005)

Dirección: Gore Verbinski.

Intérpretes: Nicolas Cage, Michael Caine, Hope Davis, Gemmenne de la Peña.

David Spritz (Nicolas Cage) es un popular hombre del tiempo de un canal local de Chicago que es tratado con poco respeto por sus seguidores.

Su fama llega a oídos del programa “Hello America” de Nueva York, cuyos responsables quieren contratarlo para su emisión. Todo este vaivén viene acompañado de una situación sentimental y familiar un tanto convulsa.

Tras dirigir simultáneamente la segunda y tercera entrega de la exitosa

“Piratas del Caribe”, el realizador Gore Verbinski (“The Ring”, “The

Mexican” o el bodrio “Un ratoncito duro de roer”) vuelve a la época actual

mediante un drama con acertados toques humorísticos.

El trailer vendía una comedia en toda regla pero no se confundan porque ¿qué

tiene de gracioso un pobre hombre (el siempre estupendo pero agobiado

Nicolas Cage) al cual, pese a sus buenas intenciones, todo le sale mal y

continuamente reflexiona que la vida es una mierda?

Es la historia de un hombre que anuncia el tiempo en una cadena local sin

tener el título de meteorología (aunque con la oportunidad de entrar en la

televisión nacional), con una mujer separada harta de él, un hijo pasota y

rebelde y una hija fondona inadaptada sin ambiciones. Además, por no acertar

siempre con el clima, mucha le gente le odia en Chicago y le tira por la

calle batidos, bebidas y comida rápida. Y por si eso no fuera suficiente, su

padre (Sir Michael Caine, uno de los pocos mitos vivos del cine, que borda

el papel de frío y distante con esa mirada fija que posee) fue un gran

escritor con un Pulitzer bajo el brazo que ve cómo su hijo se desploma con

cada nuevo problema que le surge.

¿Y esto produce risa? Pues en algunos momentos sí, a pesar de la que la

música de Hans Zimmer no acompañe las situaciones. Suenan los violines en

melodías dramáticas mientras se suceden los gags, siempre muy sutiles.

Contradictorio.

El frustrado protagonista emplea la voz en off para abrir su alma al

espectador, una voz agónica que desea salir del círculo estresante en que se

ve inmersa, una voz dramática dentro de un contexto cómico que no llega al

clímax en ninguno de los dos géneros, aunque los alterne bastante bien. El

público no llorará ni de risa ni de tristeza, tendrá una incomodidad

claustrofóbica que le impedirá quedarse en la misma postura de la butaca

durante todo el metraje. ¿Por qué le tiene que salir todo tan mal al pobre

Cage? No se lo merece a pesar de sus impredecibles prontos.

Es un metraje bastante lineal, los personajes evolucionan poco y sales del

cine con la sensación de que la vida es muy difícil y la felicidad

imposible. Por lo menos despierta sentimientos, lo cual siempre es positivo

en cualquier obra cinematográfica.

Tiene momentos cómicos memorables como cuando Cage se entera de que llaman a

su hija en la escuela “pezuña de camello” porque se le marcan los labios

vaginales en sus prietos pantalones o la gota que colma el vaso de su

matrimonio que es ni más ni menos que el olvido de comprar una salsa tártara

(genial cuando la voz en off de Cage intenta recordarlo de camino a la

tienda pero otros pensamientos como el culo de la chica de delante, el frío

que hace o que le gusta comer coños se interponen a la salsa y acaba por

borrarla de su mente).

La realización es acertada, con multitud de primeros planos y situaciones

angustiosas en las que el espectador no sabe qué podrá ocurrir (aunque luego

pase poco, la sensación queda). También cabe destacar el cambio de registro

de Nicholas Hoult, que tras hacer de mocoso repelente con Hugh Grant en “Un

niño grande”, aquí interpreta a un problemático (aunque tampoco demasiado)

adolescente que acaba de salir de un centro de desintoxicación.Gonzalo Fuentes

David Spritz (Nicolas Cage) es un hombre del tiempo de una cadena local de

Chicago que un día se encuentra con la posibilidad de salir en un programa a

nivel nacional. Para él será la ocasión de dar un giro a su vida y arreglar

sus difíciles relaciones familiares.

“El hombre del tiempo” es la nueva película de Gore Verbinsky, uno de esos

directores que pertenecen a la raza de los denominados “artesanos”. Estos

realizadores, lejos de aportar algún toque personal a las cintas que

dirigen, se limitan a poner su mejor o peor capacidad para llevar a buen

puerto la obra en cuestión, siendo del género que sea. De ahí obtenemos la

prueba viendo su filmografía, poblada de títulos impersonales, algunos

mediocres (“Un ratoncito duro de roer”, “The Ring”) y otros directamente

olvidables (“The mexican”, “Piratas del caribe”), y que en esta ocasión

busca un registro más dramático.

Alejado de films fantasiosos, con un registro cercano al cine independiente,

somos testigos de la vida común de un pobre diablo, hombre del tiempo de

éxito, pero con una vida personal que deja bastante que desear. Se encuentra

divorciado de su mujer (Hope Davis), su hija (Gemmene de la Peña) sufre

sobrepeso y su hijo (Nicholas Hoult) está en proceso de dejar su adicción a

las drogas. Por si fuera poco, su padre (Michael Caine), un escritor de

éxito al que siempre ha buscado su hijo agradar, le anuncia que morirá en

poco tiempo.

Así pues, lo que tenemos es una historia de un hombre corriente, frustrado

ante su vida, y unos intentos de variarla que casi nunca darán el éxito

esperado, con una curiosa mezcla entre comedia y drama. Su vida resulta tan

gélida como el Chicago invernal que el film nos presenta, un marco vital muy

a propósito de la trama.

Precisamente, la frialdad de la atmósfera consigue interiorizar demasiado en

el espectador, que a veces puede comprobar una cierta falta de ritmo en la

narración, en lo que queda patente la falta de personalidad de Verbinsky

(que sin embargo firma su mejor trabajo), que evita que la película llegue a

más altas cimas de calidad. Pese a todo, el guión tiene el necesario fuste

para mantener el interés en la historia.

En el apartado actoral, hay que destacar el buen hacer de Michael Caine, un

actor de cuerpo entero, capaz de dar empaque a cualquier personaje con tan

sólo un par de expresiones. Nicolas Cage, por su parte, está correcto,

aunque algo plano en el gesto circunspecto que mantiene durante casi toda la

película.

En definitiva, un producto con mala uva, trufado de humor negro y que no cae

en complacencias ni sentimentalismos fáciles. Como debe ser.David García

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Nicolas Cage

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