• Por AlohaCriticón


Dirección: Billy Wilder.
Intérpretes: Ginger Rogers, Ray Milland, Rita Johnson, Robert Benchley.


Una veinteañera llamada Susan Applegate (Ginger Rogers), huyendo del acoso de los hombres en Nueva York, quiere volver a su casa de Iowa, pero le falta dinero para el precio total del billete y decide disfrazarse de niña de 12 años para pagar sólo la tarifa infantil. Una vez en camino, se salva de los revisores refugiándose en el coche cama de Philip Kirby (Ray Milland), un mayor del ejército, que la ayuda y protege creyendo que es una cría desamparada. Pero éste empieza a sentir una atracción hacia la “niña” y la invita a la escuela de cadetes en la que imparte clases de tiro.

Estupenda esta primera cinta americana del gran maestro Wilder (antes sólo había rodado “Curvas Peligrosas” en París, en 1934, donde se instaló durante un tiempo huyendo de los nazis, previamente a su llegada a la Meca del Cine).

Es una película curiosa y trascendente, no sólo por la exquisita construcción de un guión algo complejo y delicado para transmitir en imágenes, sino porque toca de un modo frívolo y superficial el tema del puritanismo y de las polémicas relaciones sentimentales entre jóvenes y no tan jóvenes. En este contexto, Wilder aprendió mucho de su maestro Lubitsch (¡el maestro de maestros!) sobre cuál era el truco para acercar lo frívolo y dudosamente moral al público, sin que resultara escandaloso: a través de la complicidad con el espectador, una complicidad basada en que el espectador supiera más que los propios afectados, en este caso más que el Mayor del ejército. Es decir, los espectadores sabemos en todo momento que la “niña” no tiene en realidad doce años y que es mayor de edad, por lo que no nos escandalizamos por el hecho de que el militar crea que los tiene y que, a pesar de todo, se enamore de ella.

Tal vez se pueda interpretar como una hipócrita ‘doble moral’, pero desde luego es una de las características de la ‘screwball comedy’ que tanto ha brillado en el panorama hollywoodiense.

Siguiendo con la trama, y una vez que se ha refigiado en los amorosos e inocentes brazos del Mayor en la academia de cadetes, la “niña” decide mantener su aspecto infantil para no comprometer al militar frente a su prometida, a partir de cuyo momento comienza a ser acosada por la multitud de jóvenes militares que la pretenden para un baile o un paseo en su exquisita compañía. La situación comienza a convertirse en desesperante, especialmente porque ella empieza a sentirse atraída por el Mayor, y a su vez éste ve en sus lascivos movimientos algo más que el compulsivo y atolondrado comportamiento de una cría.

Para no destripar un final bastante (a mi juicio demasiado) predecible, creo que sólo cabe destacar la deliciosa capacidad de Ginger Rogers por interpretar, en primer lugar a una sensual y voluptuosa masajista capilar con la suficiente picardía como para atraer a los hombres manteniéndolos siempre a raya con sus armas de mujer y, posteriormente, a una desamparada e inocente “niña” perseguida por dos revisores que sospechan de su verdadera identidad. Puedo asegurar que la mujer, pero también la “niña”, me deslumbraron por su belleza y sensualidad (¿será porque yo también conozco su verdadera edad?). Espero que sí.

Martin Robles

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