• Por Antonio Méndez


Dirección: Tom Tykwer.
Intérpretes: Ben Wishaw, Dustin Hoffman, Rachel Hurd-Wood, Alan Rickman.

Película basada en una novela de Patrick Suskind. Con guión de Andrew Birkin (“Juana De Arco”, “El Nombre De La Rosa”), Bernd Eichinger (“El Hundimiento”, “RAF: Facción Del Ejército Rojo”) y Tom Tykwer (“La Princesa y El Guerrero”, “Mortalmente María”).

Jean-Baptiste Grenouille (Ben Whishaw), un joven sin olor pero con un extraordinario olfato, no ha tenido una infancia demasiado feliz. Abandonado por su madre en la basura, creció en diversos hospicios y fue maltratado por sus compañeros de infancia. Trabajó con el perfumero Giuseppe Baldini (Dustin Hoffman), aprendió a destilar esencias y viajó hasta Grasse, la capital del perfume en donde creará un aroma con la esencia de varias jóvenes mujeres de la ciudad que el propio Jean-Baptiste tiene que matar y mutilar.

Stanley Kubrick no se atrevió a trasladar a la gran pantalla “El Perfume” de Patrick Süskind. Manifestó que era una novela inadaptable. Kubrick no se aventuró a tal labor, pero Tom Twyker sí se sumergió en el universo psicótico y obsesivo de la atracción olorosa.

La valía de este film recae en las adecuadas interpretaciones, en especial el desconocido protagonista y Dustin Hoffman; en el sereno tono de fábula sombría que evita apresuramientos; en la apta recreación de la época y, en parte, en su estilo estético, con un espacial énfasis por parte del autor de “Corre, Lola, Corre” en intentar transmitir con su imaginería y buen cuidado en el detalle la esencia oliente que singulariza este estudio de personaje.

Más allá de ello se muestra rutinaria en planos cortos redundantes y lastra la narración con una voz en off que se expande más allá de lo necesario que intenta compensar el aspecto lacónico del protagonista y que limita la imaginación del espectador.

Por otra parte trivializa sin demasiada “chicha” la muerte y sublima a un asesino por sus extrañas particularidades, otorgándosele un sentido trágico-romántico de sus “habilidades”, conducentes a un recreación ambiental que tiene más de spot publicitario que de la deseable sordidez del asunto.

También entiende de forma superflua la amoralidad desde un distanciamiento acomodado y como mero reflejo de represiones, sin abordar con trascendencia el condicionamiento psicológico que empuja al comportamiento y su turbulencia interior que viaje más allá del alcance de sus actos.

En el fondo, a pesar de su mérito en el aspecto visual, resulta más bien aséptica en su exposición de locura. No llega a perturbar en demasía, carece de síntesis y su autor está demasiado preocupado y condicionado por un afán preciosista.

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Tom Tykwer
Dustin Hoffman
Rachel Hurd-Wood
Alan Rickman
John Hurt


Bien es sabido que pocas veces el cine alcanza la magia de la literatura.

Normalmente, todos los enamorados de los libros salen decepcionados de las salas porque las imágenes no reflejan la realidad que ellos habían creado en el transcurso de su lectura. Éste debe ser uno de los mayores retos de todos los directores que se sumergen en la aventura de adaptar un libro a la gran pantalla, contentar a los lectores.

Con “El Perfume”, el valiente ha sido Tom Twyker que se ha arriesgado ha adaptar la novela de Patrick Süskndi, a pesar de la dificultad visual de mostrar al protagonista del libro en la pantalla: el olor.

Sin embargo el film no decepciona, pues Twyker ha sabido reflejar la parte más cinematográfica de la novela, los asesinatos en serie de Jean- Baptiste Grenouille (Ben Wishaw). Sin cuestionar la moralidad de los actos, muestra la esencia de Grenouille, su mundo, el perfume y su obsesión por capturar el olor.

A través de la narración pausada, la gran puesta en escena y la magistralidad de Dustin Hoffman, el director recrea de forma aceptada la historia de “El Perfume”. Además, el desconocido Ben Wishaw capta a la perfección a Greunille, un personaje complejo, intimista y reflexivo.

Pero, a pesar de haber acertado al centrar la película en la tercera parte del libro logrando un resultado óptimo, todos aquellos que olieron la vida

al leer el libro saldrán decepcionados de la sala, pues en ese sentido, como ya dijo el gran Stanley Kubrick, la novela es inadaptable.

Pandora


“¡Del primitivo órgano del olfato, el más bajo de los sentidos!”. Una de las oraciones escritas por el mismo Patrick Süskind en su obra “El perfume”, de las frases que profiere alguno de sus personajes para darnos a entender lo subestimado que se encuentra este sentido, dando el alma a su obra y la algarabía al filme.

La innovación se encuentra presente como ápice de la obra literaria que abre los caminos olfatorios, la novela que tiene como premisa “Historia de un asesino” que siendo demasiado sugerente a una verdad quizá poco contundente, pues más allá o más acá de los asesinatos y el olfato, nos encontramos con el pensamiento y el razonamiento, pues nuestro personaje a pesar de tener una facultad nada común y ser evidentemente diferente, en la obra literaria nos hallamos ante un delicado y exquisito tratado de la mente, un perfil psicológico interesante, un deleite para el lector; sin embargo al toparnos con esta adaptación decadente en uno de los puntos más fuertes y vitales de la obra, nos damos cuenta que todo falla, a pesar de tener sus muy vistosas y elegantes virtudes, la cinta no es más allá de un intento decadente por acaparar un drama psicológico y la obsesión por el buen olor.

Jean-Baptiste Grenouille no conocía al mundo como tal, tenía su propio mundo y su propia y aislada forma de ver las cosas, o quizá lejos de ver, percibir. El filme como era de esperarse no logra cubrir las demandas que exige el mundo tan característico de este personaje, lejos de hacer un intento loable se dedica a dar su propia versión de los hechos.

Con un lujo excesivo e impresionante, el director alemán Tom Tykwer destaca en sus aspectos técnicos, con la gran dirección artística, el excelente maquillaje y en general la estenografía que da contraste a una ambientación espléndida a finales del Barroco (siglo XVII), sin embargo al parecer sigue el concepto de adornar lo que se encuentra decadente y embellecer lo que en evidencia necesita ser embellecido, pues el guión de esta producción logra apenas rozar el conflicto emocional y personal en el cual se sumerge el protagonista, intentando adjudicarle toques edulcorados románticos que al mismo tiempo llegan a ser horripilantes y escalofriantes, aspectos que sin mucha hondura toca el autor, no hablamos de una historia de terror, algo que al parecer se ha querido enfocar persistentemente el director, tampoco hablamos de un romance frustrado, idea que sugiere una y otra vez en su guión, hablamos de algo tan personal como obsesivo, algo que sólo se puede entender efectivamente mediante la lectura, pues ni un puñado de palabras dadas por la voz en off pueden cubrir la exigencia de la mente en conjunción con la nariz.

Si bien el autor tuvo que estimular al lector para hacer presentes los olores mediante letras impresas en un pedazo de papel; misma instancia en que se encuentra un director que en un mero intento de enfoques de narices y constantes aspiraciones nasales trata de comunicar al espectador el deleite del olor; no obstante esto no significa que el filme no logre evocar al aroma, lo curioso es que se necesitan de dos sentidos para llevar acabo esta proeza: la vista y el oído, pues la banda sonora dirigida por Reinhold Heil,

Johnny Klimek y Tom Tykwer (que cumple con la tarea de dirigir y escribir) es sumamente rescatable, logrando un contraste interesante de toda la gama de los olores, es una verdadera pena que el notorio éxito se condense en una mala visión.

Las actuaciones son meritorias al halago, desde Ben Whishaw que hace todo lo posible por lograr la conexión más importante, la cual no es con el espectador sino con su personaje, logra evocar muchas emociones pero por la misma percepción de su director su actuación se encuentra diezmada, pasando por Alan Rickman y Dusitn Hoffman dos veteranos del medio, nadie les cuenta ni les enseña, ellos saben dar lo mejor como los grandes actores que son, hasta Rachel Hurd-Wood, la chica que muchos recordamos como Wendy en “Peter Pan: La gran aventura”, sus ojos son inconfundibles y su belleza exquisita en esta cinta, sin embargo es objeto de explotación visual, siendo en el libro una imagen mítica que a fin de cuentas poco le importa a nuestro protagonista, hablando visualmente.

Son tantos puntos en los que falla la cinta que sobrepasan a sus aciertos, los cuales no son exclusivamente pormenores. Quizá se hile demasiado fino, pero con una obra de esta magnitud no queda otra opción.

Lucio Rogelio Avila Moreno

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