• Por AlohaCriticón

EL ÚLTIMO EMPERADOR (1987)

Dirección: Bernardo Bertolucci.

Intérpretes: John Lone, Joan Chen, Peter O’Toole, Ying Ruocheng.

China, 1908. En Pekín un niño de tres años llamado Pu Yi, destinado a convertirse en el último emperador del país asiático, es llevado a la Ciudad Prohibida después de ser despojado de su familia.

“El Último Emperador” recibió nueve premios de la Academia, si bien el año 1988 no fue de un gran nivel, provocando que esta película, sin ser del todo una maravilla, no tuviera apenas rival.

Se cuenta la vida del emperador Pu Yi de forma cronológica, pero alternando eficientes flash-forward, cuando éste ya se encuentra en un centro penitenciario acusado de disidente del comunismo.

Bertolucci sin duda consigue lo que quiere: realizar una superproducción sin perder su esencia, centrándose en la evolución del status del emperador y de la situación de China más que en la caracterización de personajes. En este aspecto se nota mucho que las interpretaciones de John Lone y Peter O’Toole dejen que desear al no estar suficientemente explotadas. De hecho el actor protagonista ni siquiera optó a la estatuilla.

También se le puede achacar al director italiano que su manejo de las cámaras es muy mejorable, su ir y venir distrae más que ayuda. Da la sensación de que esta potencial obra maestra que sin duda provoca orgullo entre los cinéfilos europeos, tiene algunos fallos que no le permiten pasar a la historia del cine como una de las mejores películas jamás realizadas. Aparte de las ya mencionadas interpretaciones con claras limitaciones, y el deficiente uso de planos lejanos, a Bertolucci indudablemente le cuesta mantener el ritmo que exigen algunos momentos ciertamente maravillosos. Esto se nota sobretodo en el periodo en el que Pu Yi es emperador de Manchuria, desembocando la disminución inevitable del interés del espectador, en detrimento de un guión a priori plausible.

Decepciona también que el final no esté correctamente aprovechado. Con todo esto, “El Último Emperador” es altamente recomendable por su facilidad de llegada a todo tipo de público. Bertolucci ha tenido los ojos bien abiertos, y después de Novecento, consigue realmente afianzarse en el cine de calidad.

Destacable también la deliciosa banda sonora de David Byrne y Ryuichi Sakamoto (que incluso aparece en la película interpretando a un diplomático japonés), muy al estilo Nyman.Luis Fernando Romero Calero

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Peter O’Toole


Puntuación

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