• Por AlohaCriticón

FEDORA (1978)

Dirección: Billy Wilder.

Intérpretes: William Holden, Marthe Keller, Hildegard Kneff, José Ferrer.

El productor estadounidense Barry Detweiler (William Holden) está

trabajando en un proyecto cinematográfico para el que quiere contratar a

la legendaria estrella de Hollywood, Fedora (Marthe Keller). Detweiler

viajará con ese fin hasta Corfú, donde reside la actriz, pero el acceso

hasta ella le será vedado por la gente que le rodea. Cuando por fin

consigue su propósito, se desencadenarán unos sucesos dramáticos que

darán lugar a un desenlace inesperado.

Penúltimo título de la carrera del director más ácido, irónico e inteligente

que ha exhibido su arte por las pantallas del orbe, el gran Billy Wilder.

Partiendo de un guión plagado de flashbacks y cuya responsabilidad hay

que atribuirla al propio Wilder y a su inseparable I.A.L. Diamond, que se

dedican a adaptar una novela de Thomas Tryon, el sarcástico cineasta

refleja de nuevo, como ya lo hiciera en “El crepúsculo de los dioses”

(1950), el obsesivo sueño artístico de permanencia en el cenit de la fama,

la belleza y el éxito al llegar a un punto de no retorno (léase, senectud).

Veintiocho años más tarde, con producción franco-alemana y con Joe Gillis

definitivamente fenecido, previo “chapuzón” en la piscina de Norma

Desmond, Holden vuelve a ser el testigo que vuelve a enfrentarse con los

fantasmas de la edad dorada del celuloide, acompañado por un elenco algo

más flojo y del que luego se arrepentiría Wilder, sobre todo en la elección

de la Keller, recomendada, a la sazón, por Sydney Pollack.

Aunque Wilder no contaba ya, desde “En bandeja de plata” (1966), con su

brillante operador habitual, Joseph La Shelle, sin embargo incorpora

en “Fedora” a otras figuras técnicas como son Alexandre Trauner, uno de

los mejores profesionales en materia de decorados, y a un músico de

prestigio para rellenar de forma sonora el fotograma, Miklos Rozsa.

De menor envergadura que la película protagonizada por Gloria Swanson,

en la que Von Stroheim, De Mille o Keaton surgían cual dinosaurios

vivientes, en esta ocasión también rostros como el de José Ferrer, Henry

Fonda o Michael York, estos dos últimos en plan cameo, se presentan ante

nuestros ojos para recordarnos que la vida es efímera, pero que la imagen

en movimiento permanece.

Alberto Alcázar

Aquí se cierra el ciclo de Billy Wilder, con esta “Fedora” que

representa el “star system” del cine. En realidad, es una especie de

compendio de todas sus películas, y concretamente, como una continuación

de “El crepúsculo de los dioses”, un ajuste de cuentas personal con la

industria del cine.

La película, difícil de catalogar –prácticamente cine de autor–, nos

habla de la verdad del mundo del cine, y de la ficción de esa verdad. De

la necesidad de sacrificar la persona, en aras de la estrella.

En el Hollywood resplandeciente, lo que cuenta es el mito, detrás, para

la industria no existe nada. Si el mito muere, la persona desaparece; si

la persona desaparece, no importa, mientras se mantenga el mito.

“Fedora” nos habla pues de Marilyn, de James Dean o de Elvis, nos habla

también, como en aquel “Sunset Boulevard”, de mitos muertos en cadáveres

vivientes, y nos habla de él mismo, como observando toda la gran farsa,

en la figura de su apreciado Willian Holden.

La película entera en un “flash-back” continuo de hechos reales

inventados; una gran mentira urdida para que refleje la cruel verdad.

Eso es el cine para el “mito” Wilder.

Angel Lapresta

Enlaces

Billy Wilder

William Holden

Hildegard Kneff

Henry Fonda


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