• Por Antonio Méndez

Direción: Steven Spielberg.
Intérpretes: Haley Joel Osment, Jude Law, Frances O’Connor, William Hurt.

Película basada en un relato de Brian Aldiss. Con guión de Steven Spielberg (“Poltergeist”, “Encuentros En La Tercera Fase”) y Ian Watson.

David (Haley Joel Osment) es un niño-robot ideado por el profesor Hobby (William Hurt) adoptado por la pareja Henry (Sam Robards) y Monica (Frances O’Connor), cuyo hijo se encuentra crionizado con la esperanza de que supere su enfermedad. Cuando éste finalmente se recupere, David es abandonado en un bosque junto a Teddy, su oso de peluche. Pronto se topará con Gigoló Joe (Jude Law), un robot con el que entablará amistad y con el que evitará ser exterminado en la “Feria de la carne” al mismo tiempo que buscan un encuentro con el hada azul para convertirse en humano.

Cuento de hadas futurista de talante pesimista basado en un relato de Brian Aldiss y narrado de una manera demasiado pretenciosa, en especial en la última parte de su excesivo metraje, con un Steven Spielberg remedando desde su propia óptica la dialéctica empapada de engreída entonación lírica del Stanley Kubrick más reflexivo.

El hábil cóctel de espectáculo y emoción para todos los públicos que suelen deparar las obras de Spielberg vuelve a ponerse de manifiesto en esta búsqueda de afecto y cariño, de encuentro y necesidad afectiva en una relación materno-filial, de pérdida de la inocencia, de desasosiego de una raza humana extremada en sus métodos para perpetuar su propia supervivencia, de aislamiento hacia el diferente y de la expresión mágica e ilusoria de hacer realidad nuestros deseos más inalcanzables.

El primer acto de “Inteligencia Artificial (A. I.: Artificial Intelligence) muestra al robot-niño tomando conciencia de su propia identidad e interactuando con sus “padres adoptivos” y con las diferentes circunstancias que van desarrolando su existencia en su nuevo hogar. Aquí, el manejo de las situaciones y personajes, a veces demasiado iterativas, reflejan la validez de la sintaxis emocional de Spielberg, alcanzando su punto más álgido con la conmovedora escena (el abandono en el bosque) que provoca un punto de giro en el que además de presentarnos a unos nuevos personajes (como un Jude Law en un papel divertido pero de escaso desarrollo) nos penetra en el típico mundo spielbergiano, repleto de grandilocuencia en sus efectos especiales, la adopción de punto de vista cercano a lo infantiloide y la acentuación en los mensajes de carga más sentimental.

El último acto resulta demasiado excesivo en sus ínfulas filosóficas y artísticas, aunque su naturaleza de cuento de hadas (es obvia la referencia a Carlo Collodi y “Pinocho”, presente constantemente en la propia película) redime un poco estas desproporciones alabadas por gente proclive a asociar de antemano nombres con calidades.

La vaguedad en la culminación de la película con idas y venidas de una narración en off, siempre con la tendencia al ablandamiento terminante de sus historias, pone punto final a este sombrío y taciturno título, que cuenta con magníficos pasajes desbordantes de fantasía y lirismo y una excelente interpretación de Haley Joel Osment, lo mejor de esta película.

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