• Por AlohaCriticón

LA MORADA DEL MIEDO (2005)

Dirección: Andrew Douglas.

Intérpretes: Ryan Reynolds, Melissa George, Jesse James, Philip Baker Hall.

Unos padres y sus cuatro hijos pequeños fueron asesinados por su hijo mayor el 13 de noviembre de 1974 en una casa de Suffolk. El muchacho confesó que mató a su familia porque unas voces se lo pidieron.

Un año después una joven pareja, George (Ryan Reynolds) y Kathy Luz (Melissa George), se mudan a esa casa con sus hijos. Allí comenzarán a percibir sucesos extraños y presencias demoníacas.

Los sucesos reales acontecidos en Amityville han deparado diferentes historias cinematográficas, a cual peor, como “Terror en Amityville” (1979), la película dirigida por Stuart Rosenberg, e incluso una de un Richard Fleischer en su momento más pésimo que fue rodada en 3 dimensiones y todo. Qué lujo.

El asesinato de sus padres y de sus hermanos por un jamado que afirmó estar poseso (como hacen tantos otros) para justificar su horrendo crimen es también la base para este título llamado “La morada del miedo”, un título que, partiendo de tal suceso, conjuga en un latoso comistrajo varios de los cimientos del cine de terror más trillado de los últimos tiempos: la casa endemoniada a la que la parentela accede con ilusión para terminar todo como el rosario de la aurora; el psicópata malencarado con el personaje femenino, de estrecho vínculo sentimental, y la prole de ésta, con quien suele mantener conflictos previos; algún animal que, por supuesto, se huele que el lugar está repleto de tipos poco recomendables; y asuntos paranormales con conexión entre niño/niña y espíritus atormentados con quien parlotea en plan colega (sin explica razonadamente por qué se produce tal conexión con los niños y no con los adultos).

Para adornar el asunto no puede faltar un cura a lo “El Exorcista” que todo lo sabe y todo lo entiende y que, tras salir con el rabo entre las piernas, es utilizado como vínculo para descubrir la germinación de los fenómenos extraños.

Todos estos asuntos, flojamente introducidos, mal enfocados y peor desarrollados, con interpretaciones de baratillo, rebotan en este bodrio de sustos con algún apunte de gore light y los clásicos y ensordecedores efectos de sonido que maquillan con estridencia una historia inexistente, en donde jamás hay momentos para la tensión o el suspense, ya no digamos de terror.

Los personajes principales, de gimnasio y corporación dermoestética, carecen de dimensión, los niños, al margen de las camisetas de KISS y Alice Cooper, son pelmas de narices, y la suerte que corran sus vidas importan más bien poco. Los generadores de los sustos no son más que caricaturas de feria de barrio y el estilo narrativo, con imaginería sin inventiva alguna, es derivativo, careciendo de solidez, al igual que la historia inútil.

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Ryan Reynolds

Melissa George

Rachel Nichols

Chloe Moretz

Basado en un hecho real sucedido en una localidad de Nueva York en los años 70, “La morada del miedo” cuenta de manera ágil y entretenida los extraños sucesos que sufrió la familia Lutz en el 412 de Ocean Avenue.

Puede parecer, incluso es, la típica historia de familia estadounidense que se muda a vivir a una casa encantada y demás historias vistas una y mil veces, pero no por ello esta película deja de ser interesante.

Como todas, tiene sus cosas buenas y malas. En las buenas yo destacaría la interpretación de Ryan Reynolds (claramente influenciado por el Jack Nicholson de El Resplandor) alejado de su rol habitual de comicidad, y que logra transmitir muy correctamente como su personaje va enloqueciendo a medida que pasan los días en esa casa. También tiene algún momento escalofriante, como cuando ese padre obliga al hijo mayor a sujetar la leña con las manos mientras él la corta con el hacha, o cuando la niñera se queda encerrada en el armario (no contaré más, el que lo quiera saber que la vea).

Quizá lo peor de la película sea ese final pastelón, la poca profundida que le dan al personaje del cura, interpretado por Phillip Baker Hall, o el poco tono dramático que se supone que le tendrían que dar a la mujer y los hijos por la pérdida del anterior cabeza de familia. Este hecho solo está traducido de forma rebelde en la piel del hijo mayor de los Lutz, pero tanto el personaje, como el actor que lo interpreta, como el guión, que no se toma mucho la molestia de entrar un poco más en el perfil psicológico de los miembros de la familia, logran dar ese punto de dramatismo o rechazo que se supone tiene el hijo mayor.

En definitiva, una película que consigue lo que quiere: entretener y dar algún sustillo. Habrá quien diga que es un bodrio, pero para gustos colores, y a mi, me gustó.

Davis

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Ryan Reynolds

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