• Por AlohaCriticón

LOS SIETE SAMURAIS (1954)

Dirección: Akira Kurosawa.

Intérpretes: Toshiro Mifune, Takashi Shimura, Isao Kimura, Kamatari Fujiwara.

Japón, siglo XVI. Una aldea de campesinos indefensos es repetidamente

atacada y saqueada por una banda de forajidos. Aconsejados por el

anciano de la aldea, unos aldeanos acuden a la ciudad con el objetivo

de contratar a un grupo de samuráis para protegerlos. A pesar de que

el único salario es comida y techo, varios samuráis se van

incorporando uno a uno al singular grupo que finalmente se dirige a la

aldea. A partir de ese momento comienza una historia de acción,

aventura, humor, romance y suspense hasta el final.

Una de las grandes películas de Akira Kurosawa y posiblemente una de

las mejores de toda la historia del cine japonés. Sobre la base de una

trama aparentemente simple, la defensa de una aldea por parte de sus

habitantes y un grupo de samuráis frente a una banda de forajidos, el

director construye una brillante obra épica de gran acción,

emotividad, y salpicada a su vez por momentos de humor e ironía. Junto

a esto, el desarrollo de la historia y las relaciones entre sus

protagonistas se proyectan hacia una reflexión más profunda sobre el

valor de la amistad, el deber, el honor, la valentía y en definitiva

la condición humana.

Respecto a su estructura, la obra esta dividida en tres pilares

narrativos principales. Una primera parte que se inicia con la

descripción de la penosa existencia de una aldea campesina saqueada

regularmente por un grupo de bandidos lo que les condena a la muerte

sea por el hambre al perder sus cosechas o por la violencia en caso de

resistirse a los saqueos. Siguiendo el consejo del anciano de la

aldea, un grupo de campesinos es enviado a la ciudad con el objetivo

de contratar a un grupo de samuráis con la única recompensa de

alojamiento y manutención durante el periodo de su estancia en la

aldea y la posibilidad de participar en una causa justa. Las

dificultades iniciales de los campesinos para reclutar voluntarios

empiezan a superarse a partir del momento en el que Kambei, un

experimentado y a su vez bondadoso samurai, se decide a ayudarles.

Poco a poco se va formando el particular grupo de samuráis que acude

en ayuda de los aldeanos.

La segunda parte, de carácter mas reflexivo, se desarrolla desde la

llegada del grupo de samuráis a la aldea hasta el inicio de los

combates, periodo en el que se construyen la defensas de la ciudad, se

adiestra a los campesinos para el combate, pero sobre todo se

profundiza en el análisis de la identidad de los miembros del grupo,

las relaciones de camaradería que se van desarrollando entre ellos, y

las relaciones entre el grupo y los habitantes de la aldea.

Finalmente, la tercera parte, retoma la acción del inicio con la

llegada de los bandidos y la resistencia de los samuráis y asistidos

por los campesinos en la defensa de la aldea que concluye de manera

agridulce.

La película combina magistralmente lo particular y lo universal en

esta historia que se desarrolla en un espacio y tiempo tan específicos

como el Japón feudal del siglo XVI, pero que se proyecta hacia una

reflexión más general en torno a valores de carácter universal. Así,

por un lado, el interés de la película se centra en la recreación de

la realidad de un Japón rural carente de un poder centralizado

estable, caracterizado por la inseguridad, y marcado por una sociedad

en transición en la que los viejos valores del guerrero como el deber

y el valor van cayendo en desuso frente a la modernidad en el contexto

de la urbanización del país. Por otro lado, destaca en la película

esta dimensión universal que se proyecta desde esa realidad concreta y

que se integra en la estructura narrativa de la obra a través de la

ética y la acción de los samuráis y sus relaciones con los campesinos.

En su elevación de los valores de honor y valor en el combate, la

película retoma la tradición épica de la literatura medieval y

posterior llevada también al cine en obras como “Los tres mosqueteros”

(1948) de George Sidney. En su recreación del grupo humano diverso en

su origen pero que se integra en torno al objetivo común desarrollando

relaciones de amistad y camaradería en un contexto claramente

masculino, recuerda a la tradición de la patrulla de combate propia

del cine bélico estadounidense, especialmente en torno a la segunda

guerra mundial, y retomada por ejemplo en películas como “Salvar al

Soldado Ryan” (1998) de Steven Spielberg.

Respecto a las interpretaciones cabe mencionar a Takashi Shimura

(Kambei) y Daisuke Kato (Shichiroji) quienes destacan en sus

interpretaciones del líder y su lugarteniente, y cuya relación de

amistad en la película se constituye como la columna vertebral sobre

la que se sustentan las relaciones del grupo de samuráis. Junto a

ellos, Isao Kimura (Katsushiro), como el joven aspirante a samurai que

es a su vez el protagonista de la historia de amor con la hija de uno

de los campesino, y Toshiro Mifune (Kikuchiyo) que consigue finalmente

unirse al grupo y se convierte en protagonista inolvidable de la

acción. Aunque, en general, los más destacado sea posiblemente el

proceso de identificación del espectador con el grupo de protagonistas

que se desarrolla a medida en que éstos profundizan por un lado en su

amistad y por otro lado en su propio ejercicio introspección al que

les lleva la decisión de embarcarse en esta arriesgada aventura por

motivos que van mas allá de la inexistente recompensa material. Sobre

esta base se crea una verdadera simpatía, verdadera empatía en muchos

casos, hacia la causa de los siete samuráis, y el espectador sigue con

emoción y suspense el final de su aventura. Desde el punto de vista

técnico, destaca la utilización de la cámara lenta en muchos momentos

clave de la historia, el uso de los primeros planos, y una perfecta

fotografía en general que contribuye de manera decisiva a resaltar la

expresividad e intensidad de los momentos de combate y otros momentos

particularmente relevantes de la película

La importancia de la obra como una de las mejores de la historia del

cine japonés ha sido reconocida por la crítica a nivel internacional.

En 1954 fue galardonada con el León de Plata en el festival de

Venecia. La película ha servido igualmente como inspiración a otros

directores que han realizado versiones de la obra de Kurosawa

como “Grupo salvaje” (1969) de Sam Peckinpah, y la más conocida “Los

siete magníficos” (1960) de John Sturges, con Yul Brinner y Steve

McQueen entre otros. En definitiva, “Los siete samuráis” es una

magnifica historia de acción y aventuras de gran intensidad en su

conjunto a pesar de sus casi tres horas y media de duración, y que

permite igualmente al espectador abordar de manera reflexiva algunas

de las características mas determinantes de la condición humana.

Tomás Soria


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