• Por AlohaCriticón

Dirección: Isabel Coixet.
Intérpretes: Sarah Polley, Mark Ruffalo, Leonor Watling, Maria de Medeiros.


Ann (Sarah Polley), es una joven que vive con su marido (Scott Speedman), y sus dos hijas en una caravana, mientras trabaja limpiando la universidad.

Después de sufrir un desmayo, le será detectado un tumor irreversible. Ann aprovechará los dos meses que le diagnostican de vida para intentar hacer cosas que nunca probó y dejar la vida resuelta a los suyos. Se encontrará con personajes variopintos como un chico que la pretende(Mark Ruffalo), su nueva vecina(Leonor Watling) y una peluquera(María de Medeiros).

Reconozco que lo único que había visto hasta el momento de la directora catalana Isabel Coixet eran los anuncios de compresas en los que salía Silke en situaciones extravagantes. Tras “Cosas que nunca te dije” y “A los que aman”, se ha ido a Canadá a rodar esta historia de superación personal.

“Mi vida sin mi” fue recibida con buenos ojos en el último festival de Berlín, donde obtuvo un premio secundario.

Llega a través de la producción de Almodóvar, lo que la da promoción internacional. Es este un film rodado con sensibilidad, que trata una historia triste, pero sin caer en los abismos del culebrón. La protagonista sabe que va a morir, pero se arma de valor y decide no contarlo a nadie.

El acierto de Coixet estriba en saber combinar cotidaneidad e idealización. Con algunos momentos de carácter realista,como el trabajo de Ann, su vida en familia,o su difícil relación con la madre (la cantante de Blondie, por cierto), tenemos momentos de mayor simbolismo, como el músico de las copas, un baile en el supermercado, la vivienda de Ann (parece muy acomodada para los trabajos que tiene el matrimonio), el personaje de la peluquera, o el chico que pretende a Ann (que tiene una casa sin muebles).

Incluso la escena en la que Ann conoce su enfermedad es algo surrealista (con el médico tímido que no puede hablarle a los ojos y le ofrece caramelos).

Quizá la intención de mo caer en el puro melodrama impida que el público salga emocionado del film, aunque algunos con los que compartía sesión sacaron a relucir el pañuelo.

De cualquier modo, la historia es muy entretenida, con algún toque de comedia y cuenta con unas solventes interpretaciones: Sarah Polley, demuestra que es una buena actriz (como ya apuntó en “El Perdón”) y Watling y de Medeiros están estupendas en sus breves papeles, aunque quizá se eche de menos un poco más de presencia de sus personajes.

David García

Las películas de Isabel Coixet tienen esa magnífica forma de contar cosas que nunca nos atrevemos a contar, por íntimas, y eso es una virtud si tenemos en cuenta que una película es un medio de expresión de emociones, sensaciones y por supuesto ideas.

La directora catalana nos sumerge, esta vez, en la dolorosa situación de no poder vivir más tu vida. Y eso es triste, triste no por la ya angustiosa situación de la película: una joven, Ann, de veintitantos es diagnósticada de cáncer y sabe que a su vida le quedan breves y decide vivir lo que le queda con la dignidad y la felicidad que le permite ser libre, sino triste por no poder actuar muchas veces ante el determinismo que nos hace sentirnos atados.

Recordemos que el existencialismo de los sesenta promulgaba que el suicidio es el acto más libre que posee el ser humano, por cuanto es el acto puro de decisión: no hay nada más libre que decidir quitarse la vida. En esta película la protagonista no se suicida pero le han dado unos meses de vida, y para el caso la situación existencial es la misma.

Ella, por supuesto, no quiere morir, pero asume su muerte y la sume con total entereza ocultando su “condena” a su marido, Don, a su madre, a su padre encarcelado que no ve desde hace muchos años, a sus hijas, y a la vecina, a quien, como en una ceremonia de preparación para la muerte y para la vida a la vez, va a encomendar el cuidado de su marido y de sus encantadoras hijas, sin que ella lo sepa.

Ann decide buscar el amor fuera de su marido, Don, el único hombre con quien ha estado. Don es un hombre encantador y sin embargo conoce a otro hombre encantador, personaje que va a resultar fundamental para comprender lo que la directora Isabel Coixet ha querido transmitir con esta película, Lee.

El imaginarnos múltiples vidas que podríamos haber vivido y que no lo hemos hecho por las circunstancias, porque amamos al mismo hombre o mujer desde los 15 años, o porque estabamos determinados por razones familiares, económicas o laborales, es un tema recurrente en la filmografía de la directora catalana.

Situaciones sentimentales que no nos satisfacen y se mantienen en el tiempo y en el espacio, situaciones laborales que nos oprimen y merman y que no podemos abandonar, aparecen en esta película así como en su primera cinta “Cosas que Nunca te Dije”.

Las personas somos muchas personas a la vez y sin embargo nos toca muchas veces ser sólo una o como mucho dos. Nuestra poliédrica visión y personalidad se ve muchas veces brutalmente mutilada dejándonos en un simple cuadro o en un circulo (vicioso) que muestra un pobre plano de lo que somos.

Y a eso se opone la protagonista en los últimos días de su vida. La vida es un caleidoscopio que debe contenernos con todas nuestras caras. La vida sin todos mis yos no tiene sentido.

El momento sublime del amante, Lee, un hombre que ha cambiado su vida y por lo tanto parece que abre un nuevo plano a ésta, viendo a través de su coche mojado como Ann vuelve con Don, su marido, es la síntesis de la película. Lee ve su vida sin él. Ann ha pasado a ser su vida y no entiende como vuelve con su marido despúes de haber pasado la noche con él.

A Lee la vida se le viene encima otra vez, y no entiende nada. A veces no entendemos porque la vida que queremos y amamos no nos tiene, es una vida sin nosotros y eso nos sumerge como a Lee en la desesperación.

Ann, con su postura de libertad frente al determinismo, nos da una lección de como deberíamos vivir los que no tenemos cita inmediata con la muerte. La vida que queremos vivir y sentir debe tener al menos un yo.

Rubén J Gutiérrez d’Aster

¿Puede una sola película: emocionar, hacer reír, cambiar formas de pensar, entretener, obligarnos a llorar…? En definitiva, ¿sentirla? La respuesta se resume en cuatro palabras: “Mi vida sin mí”.

Apoteósica. Grandiosa. Maravillosa. ESPECTACULAR.

Jamás había disfrutado tanto con una película, nunca me había atado tanto al sillón (y además ya conociendo el trágico final de la protagonista.) Todo encaja perfectamente, no hace falta en ninguna ocasión un calzador que te ayude a comprender o te ayude a llevar la historia por el buen camino, la cámara de Coixet es el mejor narrador para una historia que se relata sola.

Fragilidad, sensibilidad, y sobre todo naturalidad, es lo que caracterizan a este film; una naturalidad que la directora ha conseguido centrándose en la cotidaniedad de la protagonista y de su familia.

Ann (Sarah Polley) es una chica de solo veintités años que ve como en un día su vida da un vuelco al serle dignosticado un tumor en sus dos ovarios, a partir de ahí cuando su vida comienza a esfumarse aparece en ella un sentimiento de vivir apasionante que hace que apenas pensemos que ella en realidad desaparecerá; comienza a tejer una nueva vida para su familia cuando ella falte y a realizar cosas con las que ella ansía, como que alguien se enamore de ella (maravilloso), o ponerse una uñas postizas (que hace referencia a la naturalidad de la que he hablado antes).

Ann sin decir nunca a nadie que morirá comienza a ver todo de otra forma muy distinta, a grabar legados para sus hijas y sus seres queridos, a pararse bajo la lluvia, a pensar, y jamas sin llegar a encerrarse en un hospital o ser una moribunda que espera largas horas tumbada en una camilla. No. Quiere vivir lo que no ha vivido.

Sarah Polley trasmite a la perfección todo aquello que Isabel Coixet quería plasmar, y ha conseguido que surja un enamoramiento por mi parte hacia su persona y sus interpretaciones, su sencillez para hablar, para desmotrar que quiere vivir sin decirlo, una sencillez inusual para llorar, está magnífica.

Un consejo: si han visto la película vean después “Amanecer de los muertos” y descubrirán un radical cambio de registro por parte de la actriz que pasa de ser una enferma que quiere vivir a una enfermera que mata zombies.

Debido a que la película va a cuestas de la actriz no nos fijamos demasiado en los secundarios, aunque todos realizan unas interpretaciones memorables: Mark Ruffalo da vida a un hombre destrozado que encuentra de nuevo el amor; María de Medeiros interpreta un papel un tanto extraño bastante frívolo como contrapunto perfecto a Sarah Polley, Leonor Watling es la otra Ann del film que se convertirá en el nuevo elemento de la familia de Polley cuando ésta deje de vivir (espléndida la secuencia en que Watling relata la historia de los siameses), en Amanda Plummer tal vez recae el papel más simple de la película a pesar de que ella lo hace muy bien, Scott Speedman es el torpe marido de Ann y realmente te hace creer que es así de simple, y Deborah Harry, creo que aparte de Sarah Polley, otorga la otra interpretación más importante de la cinta dando vida a su madre, una madre que odia el mundo y que ya no tiene sueños, maravillosa cualquiera de sus escenas.

Una película absolutamente recomendable que creo que si no llega a ser por “Te doy mis ojos” hubiera arrasado en los Goya (solo consiguió dos. Sarah Polley se lo merecía, aun sabiendo lo difícil que es que den un premio nacional a una actriz extrangera y además con Laia Marull (fantástica en su película) como contrincante. Una pena.

Lo mejor: absolutamente todo. Sarah Polley en especial.

Lo peor: que no se hagan más películas como ésta.

Otro consejo: intenten ver la película solo o sola, ayuda.

Miguel Calvo Marqués

Puede ser que un día de estos vas caminando por la calle y te encuentres a alguien conocido, y este alguien te pregunte ¿cómo estás?, y tu respuesta sea, vivo estoy vivo, ¿sabemos cual es la magnitud de la respuesta?, ¿realmente sabemos que es vivir? “Mi vida sin mi” es un filme que explora las emociones más sensibles del ser humano pero sin caer en el melodrama o en al llanto fácil, en verdad este título enseña que vivir no es un acto automatizado de tomar oxígeno y desechar bióxido de carbono, pues esta acción lo puede hacer cualquiera aunque esté inconsciente, entonces ¿qué es vivir?.

Este filme es uno de los mejores en la historia del cine mundial, debería ser una película netamente conocido en todos lugares, pues nadie debe estar exento de su magnífico contenido humanístico, creo que pocos títulos logran transmitir la magnitud de empatía que manifiesta nuestro personaje principal, Ann, tienes veintitrés años vives con tu marido y dos hermosas hijas en un remolque situado en el jardín de tu madre, vas a morir ¿qué haces?, en verdad cualquiera se hubiera desmoronado y buscado la compasión y el refugio de los demás, pero esta chica encara su problema sola, ¿es una retraída social?, ¿una abstencionista?, en verdad la joven toma el camino difícil, no quiere agobiar a su familia o amigos, no quiere destruir el encanto que conlleva su vida, pero tampoco quiere solucionarles la vida, en verdad no es egoísta, pero tampoco es la caridad encarnada, se preocupa por la vida de sus conocidos, pero en verdad se enfoca en su propia vida, pues es difícil pensar que morirá en dos meses o tres y no conocerás tantos lugares, tanta gente, saboreado tantos momentos o vivido distintas ansiedades, en verdad la chica no se enfoca en lo que le falta por hacer o lo que no va a disfrutar, sino en lo que quiere disfrutar y como quiere dejar las cosas, ¿cómo será la vida de alguien sin ese alguien?, es la pregunta que surge al pasar las escenas, pero en verdad Ann se pregunta ¿cómo quiero que sea mi vida sin mi?, no deja que las cosas y las respuestas pululen en el aire, sabe lo que quiere y lo logra, si en verdad esto se lo hubiera propuesto a sí misma antes de recibir la noticia de su muerte, entonces lo hubiera logrado desde antes.

Esto es lo que señala este filme ¿por qué esperar la hora de la muerte para aprovecha la vida? La película enseña mucho más que un libro de texto, pues logra enseñar que ciertas personas mueren para demostrarnos el verdadero valor de la vida, para sacudir al público y decir que no es necesario pensar en la muerte para pensar en la vida, pues todos podemos estar respirando y en verdad no estamos viviendo, el filme es una reflexión llevada de la mano de un excelso guión escrito por las aclamadas manos de Isabel Coixet; basado en el relato “Pretending the bed is a raft” de Nanci Kincaid.

Emanado de las bocas de los magníficos actores, como lo son Sarah Polley, Scott Speedman, Leonor Watling y el multifacético Mark Ruffalo, cada uno se plantea en el personaje correspondiente y lo hacen bien, desde la protagonista que va emanado una gama de sentimientos, hasta el esposo que es coquetón y lindo, en verdad no importa si el personaje contiene el mayor aliciente, cada actor hace su trabajo y lo hace bien, sin dejar de mencionar que el tratado visual es esplendido, pues la directora ( Isabel Coixet) ha logrado dirigir puestas en escenas magnificas, en las cuales los actores se desenvuelven y la cámara observa sigilosamente con la luz adecuada, el montaje preciso y las emociones acaparadas, pues es necesario señalar que el filme no sólo evoca sentimientos y situaciones frustrantes, dramáticas, naturales o cautivadoras, también se citan escenas en las que se muestra la ironía, lo cómico, el desencanto de forma pintoresca y el amor, ¿en verdad era necesario poner a nuestra protagonista en un concepto infiel?, pues sí, la verdad que se emana no es la de una joven siendo infiel a su marido, sino de ser fiel a sus convicciones.

En verdad la película depende de la óptica con la que se le vea, la percepción de cada persona, pues cómo señala Ann mientras va conduciendo y charlando con su madre, “Nadie es normal”, y es verdad, cada persona tiene su propio concepto de normalidad y si es así entonces nadie entra en un concepto general de normalidad, sólo nos sujetamos al concepto que creemos es el más frecuente y nos doblegamos ante él.

Eso es este filme, no es normal, pues aunque se expongan situaciones de las cuales cualquiera puede ser víctima, la forma con que las aporta puede ser desconocido pera algunos, pero para otros no, puede ser que sea desconocido el hecho de que la vida no es respirar, en verdad esta película no es de aquellas que se ven y al poco rato se evaporan, este tipo de títulos son aquellos que permanecen en la cabeza y el corazón del público por siempre, esa es la verdad, inevitablemente el filme es esplendido, espectacular, excelso sólo eso cabe decir.

Lucio Avila

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