• Por AlohaCriticón

PASIÓN DE LOS FUERTES (1946)

Dirección: John Ford.

Intérpretes: Henry Fonda, Linda Darnell, Victor Mature, Walter Brennan.

Versión fordiana del famoso duelo en O.K. Corral entre los hermanos Earp y los Clanton. El asesinato del hermano pequeño, James, y el robo del ganado que conducían deciden a los Earp a aceptar el puesto de representantes de la ley para poner orden en Tombstone y descubrir a (y vengarse de) los autores del doble crimen.

Quizá una característica del genio consista en ser inimitable. Desde luego, cabe intentar la aproximación pero siempre quedará algo (o mucho) que no consigue captarse. Otra, conjeturo, es la de ser capaz de convertir en obra maestra un material a priori poco prometedor (me viene a la cabeza “¡Qué bello es vivir!”, de Frank Capra). Finalmente, la de dar un enfoque nuevo, absolutamente personal, a un asunto muy trillado o tópico, y que, además, salga bien. Probablemente, un genio se defina por muchos otros rasgos, pero sugiero estos tres porque, juntos o por separado, concurren en buen número de los films de John Ford. “My darling Clementine” es uno de ellos.

Si cito el título en inglés de “Pasión de los fuertes” no es por precisión cinéfila sino porque opino que da la clave de la película, explica cien veces mejor que el título doblado lo que Ford quiso hacer con esta historia. Él toma un motivo violento, épico, el famoso duelo en O.K. Corral, y lo transforma en un poema, en una canción lírico romántica. De esto, que suena poco prometedor, resulta una obra bellísima, intimista, contenida, tácita, que, sin eludir la tragedia, no se revuelca en ella, trata de evitar al espectador exhibiciones impúdicas de dolor, y ofrece, a cambio, una delicada y sólo sugerida historia de amor. El director adopta un enfoque inesperado, nuevo, del episodio y camina por él con paso firme y vigoroso, allí donde cualquier otro habría patinado indecorosamente. En definitiva, sólo John Ford podía hacer lo que hizo y, por eso, resulta inimitable.

Es una película para ver en el cine, sin interferencias de luz o de ruidos, en la que los silencios, las miradas y los gestos son, por lo menos, tan importantes como los diálogos y la acción. Apuntes mínimos trazan con gran hondura el carácter y el pasado de los personajes (Doc Holiday recitando a Shakespeare, Wyatt Earp mostrando su cintura desarmada, Clementine en su búsqueda sin vuelta atrás…). No hay énfasis ni subrayados innecesarios. La simplicidad en las formas es un vehículo para sugerir la profundidad del contenido.

Sin duda, cabe reprochar a Ford que se decante por la lírica en un asunto épico. Que no se centre más en preparar el duelo final. Que omita los esfuerzos, por fuerza duros y dramáticos, de los Earp por meter la ciudad de Tombstone en vereda. Pero es que entonces el film de que hablamos sería “Duelo en O.K. Corral”, “Tombstone”, o cualquier otro similar (incluso “Pasión de los fuertes”) pero no, de ninguna manera, “My darling Clementine”.

Andrés Lozano

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Henry Fonda

Linda Darnell

Victor Mature

Walter Brennan


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