• Por Antonio Méndez

Dirección: Gore Verbinski.
Intérpretes: Johnny Depp, Orlando Bloom, Keira Knightley, Bill Nighy.

Secuela de “Piratas Del Caribe: La Maldición De La Perla Negra” (2003). Con guión de Ted Elliott (“Piratas Del Caribe: La Maldición De La Perla Negra”, “Piratas Del Caribe: En El Fin Del Mundo”) y Terry Rossio (“Piratas Del Caribe: La Maldición De La Perla Negra”, “Piratas Del Caribe: En El Fin Del Mundo”).

Jack Sparrow (Johnny Depp) se encuentra en deuda de sangre con Davy Jones (Bill Nighy), el capitán del barco fantasma Flying Dutchman. Para eludir su compromiso y evitar ser condenado a una vida eterna de servidumbre contará con la ayuda de Elizabeth Swann (Keira Knightley) y Will Turner (Orlando Bloom), quienes se encuentran planeando su próxima boda.

Jerry Bruckheimer y la Disney vuelven a hacer equipo para realizar la secuela de la exitosa “Piratas del Caribe”. Depara más de lo mismo con el principal atractivo del festival exagerado en la interpretación de Johnny Depp, inspirado, según el propio actor, en los ademanes de estrella rockera de Keith Richards (se supone que más el Richards del “Exile on Main Street” o el “Sticky Fingers” que el de la caída del cocotero) aunque su personificación sea más cercana al “nuevaolero” Adam Ant.

Estos no son los piratas del Caribe y del ron, son los del Parque Temático, el “fast-food” y los refrescos de cola. Todo resulta exagerado, desbordante, también en ocasiones soporífero. Alterna aburrimiento y arritmia con subidas a mareantes atracciones de feria en secuencias de acción repetitivas, llena de estridencia y rutina.

Se extienden gratuitamente muchas escenas, alargando sinsentido la película y confundiendo follón masturbatorio efectista (que sin equilibrio lo que provoca es pérdida de eficacia y estancamiento de la narrativa) con la acción esencial y exigible dentro de una historia aventurera a la que se le intenta aportar épica cuando ni trama, ni emociones ni personajes contienen tal sentido épico más allá de la broma- exposición caricaturesca de motivos y caracteres de películas clásicas de piratas.

Depp compite en aposturas de rock-star jaranero con el apulpado Bill Nighy, mientras que Orlando Bloom se muestra acartonado y Keira Knightley aporta alguna que otra dosis de vitalidad a su personaje femenino.

La falta de seriedad de la primera entrega, el llamativo sentido visual de Gore Verbinski y, en especial, la creación del personaje del capitán Sparrow por parte de Johnny Depp, hechos clave para el triunfo popular de la misma, se reiteran en un film que no es más que un largo, largo, largo puente para una tercera entrega.

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Gore Verbinski
Johnny Depp
Orlando Bloom
Keira Knightley
Bill Nighy
Stellan Skarsgard
Geoffrey Rush


La segunda parte de Piratas del Caribe vuelve a contar con los mismos ingredientes que le dieron la fórmula del éxito en la primera, pero falla por exceso en las dosis administradas. De esta manera, un torrente incontrolado de aventuras y comedia termina desembocando en un producto tan condensado como empalagoso y plomizo.

Nunca dos horas y media dieron para tanto. Al salir del cine, se tiene la sensación de que ha transcurrido más de medio siglo. Y es que, a esas alturas, la original frescura que predominaba en el inicio de la cinta ya ha sido eclipsada por dos momentos interminables –e insufribles- de humor innecesario, perfectamente sustituible por la sola presencia y ocurrencias del personaje principal.

El primero de ellos lo encontramos en la rocambolesca huída que emprenden los tripulantes de La Perla Negra para abandonar cierta isla habitada por vecinos poco recomendables, mientras que el segundo se localiza en la pugna mantenida entre los enamorados de la señorita Swann, -Lisi-, para proceder a la apertura del cofre del hombre muerto. Ambos se ven coronados por escenas culminantes (la caída libre que sufre el capitán, en la que irá rompiendo una infinidad de sendas colgantes de madera con su propio cuerpo o el “rodamiento” dentro de un círculo gigante) en las que los actores son tratados como personajes de dibujos animados para el deleite de los peques de la casa, pero que, lamentablemente, rompen con la tendencia general de humor inteligente que caracteriza esta faraónica saga. Unas escenas repetitivas que llegan a ser agotadoras, como lo son el hundimiento de barquitos en alta mar, los abordajes realizados desde un peculiar submarino con tentáculos, o la insistente y torturadora banda sonora que las acompaña.

El eje central del argumento se ramificará (y explayará) en tres historias auxiliares para el lucimiento de sus principales protagonistas por separado, situando la acción en escenarios diferentes. De esta manera, asistiremos a la aventura del capitán Sparrow al mando de La Perla Negra, a la de William Turner a bordo de El Holandés Errante y a la de Elizabeth Swann, de incógnito en el buque de las supersticiones. Una idea que conduce, irremediablemente, a la saturación de encuentros y desencuentros, aventuras y desventuras, emersiones y sumersiones, combates con espada, nobles y villanos, océanos, mares, piratas y efectos especiales….. sin límites.

En esta concentrada película, la Disney vuelve a apostar por el mismo director y mismos actores de la primera entrega, incluido el simpático perrito que porta las llaves de las mazmorras (al que, me temo, no volveremos a ver), sustituye el barco fantasma por otro, tripulado por animales marinos e incorpora, con gran acierto, dos nuevos fichajes fascinantes: el bueno del navío de los malos y el ladrón preocupado por la disyuntiva entre el bien y el mal. El encanto, el misterio y el humor más refinado corren a cargo de un Jack Sparrow distinto al ser afectado y esperpéntico que conocíamos, en beneficio de un personaje más real y cercano para el espectador. Una pieza clave a lo largo de toda la historia, salvador de gran parte de las insoportables escenas mencionadas, gracias a la implicación del gran actor que le da vida.

Dentro del reparto, alabanzas, por tanto, para Johnny Depp al que, sin embargo, sería injusto recordar únicamente por este papel, en detrimento de otras interpretaciones memorables realizadas bajo las órdenes de Tim Burton. Un Orlando Bloom mucho más profesional y maduro, alejado de la sombra de Légolas que le azotara en la primera parte y Keira Knightley, técnicamente perfecta, pero con una alarmante carencia de cloruro de sodio. Una actriz especialmente diseñada para los culebrones heredados del soporífero James Ivory, como demostró en Orgullo y Prejuicio.

Y como la felicidad en el cine –igual que en la vida- proviene de los pequeños detalles sin importancia aparente, es probable que los románticos, nostálgicos y “pijoteros” (espectadores capaces de apreciar hasta la más insignificante de las banalidades) no dejen de fijarse en la tacitas de porcelana golpeadas por las gotas de lluvia, el gps con forma de brújula que conduce al lugar al que se anhela llegar y el estrafalario piano, evocador de una entrañable e inmortal película con la que muchos crecimos: Los Goonies.

En lugar de desenlace (sabemos que éste es inexistente), podemos hablar de un intermedio de un año, que seguro que resulta más ameno que Piratas 2. Un año en el que sería conveniente revisar las entregas anteriores con la finalidad de no perder el hilo de la historia, porque después de ponernos la cabeza como un tambor, sólo los incondicionales conseguirán reconocer, en su aparición estelar, al Capitán Barbossa.

Marta Soria


Hilarante espectáculo con circo, maroma y teatro cuya única finalidad es hacer pasar un buen rato de gracia y santurronería a su público impulsado por el jugueteo de sus personajes y una inventiva para crear las situaciones más ridículas pero con recato, pues aunque nos encontramos ante una cinta que indudablemente contiene muchos de los gags ya antes usados no sólo en su predecesora sino de muchas otras cintas del mismo corte. No se remonta precisamente al chiste fácil, los guionistas han puesto un poco de esfuerzo en resaltar y darle vuelo a su imaginación, no es la típica bobería que encontramos en las salas de cine, he de suponer que el recato infantil y un poco inocentón es gracias a la notable influencia de Disney quien vuelve hacer gala de su poderío y gran explotación al público, sin embargo lo mejor es que funciona en cierto grado.

La historia es muy sencilla, un procedimiento largo pero con suficiente contenido para entretener a su público; normalmente no soy partidario de estos filmes, de aquellos cuya única finalidad es el entretenimiento extremo sin mucho o poco que contar recurriendo esencialmente a los rostros de actores famosos o personalidades con fama pueril así como la ridiculización de los propios, sin embargo esta ocasión ha sido todo lo contrario, pues es lo baladí lo que me ha llamado la atención, después de todo es bueno ver algo sencillo y digerible, un producto que con demasiados prejuicios sobre sus líneas e imágenes logra desarrollar un espectáculo digno de verse, entre sus esplendorosos efectos especiales así como la ambientación que algunos llegamos a apreciar con demasía, los aspectos técnicos que resaltan fácilmente ante las pupilas, las digitalizaciones, el maquillaje, así como la dirección artística, toda la mega producción cuyo banal propósito crea fama, pareciera que la falta de buenas expectativas es lo que atrae a las grandes masas, pues estoy de acuerdo que su director Gore Verbinski tuviese grades expectativas acerca del impacto comercial sin aspirar más allá del aspecto monetario.

La duración del filme puede llegar a ser un inconveniente, pues a pesar de tener grandes secuencias de acción y entretenimiento también aspira a una trama con un poco de hondura, sin embargo no lo logra, los aspectos dramáticos no sobresalen y a pesar de querer contar una historia más allá del espectáculo el público no lo notará, lo que hace del filme una historia con sus variantes y escollos (demasiados) pero sabiéndolos sobrellevar u ocultándolos sin mucha pretensión. Un punto que suele ser normal en estos productos es el estereotipado seguimiento de la historia y el montaje de las escenas, todo se desarrolla por etapas (un estilo de videojuego) en cierto punto tolerable.

La banda sonora repite las partituras y es poco lo que se agrega al repertorio, lo que me resulta decepcionante ya que Hans Zimmer no logra más que resaltar la obra de Klaus Badelt, alimentándose del ingenio de otro.

Por otro lado las actuaciones están variadas, en la punta se encuentra Johnny Depp cuyo personaje resalta indudablemente, una buena caracterización ante mi perspectiva, será un personaje que siempre se le recordará, mientras que en la parte media tenemos a Keira Knightley con una aceptable interpretación de su parte, algo recatada con momentos de frescura y un poco intrépida, por último tenemos a Orlando Bloom al cual olvidaremos al pasar los minutos, pues no hay mucho de rescatable según su actuación, por lo menos cumple con lo requerido, esperemos en un futuro tenga alguna evolución como actor.

Para finalizar hay que enunciar que la trama es mera fantasía, situaciones oníricas, mitos que en su momento se desprendieron de la realidad, hay que mentalizarse con respecto a lo que se va a visionar y así poder pasar un rato agradable, es una pena que esto no se pueda aplicar a todos los filmes.

Lucio Rogelio Avila Moreno


La primera parte de esta nueva gallina de los huevos de oro que ha encontrado Disney (capitaneada por Jerry Bruckheimer) fue una meritoria resurrección de las aventuras navales que combinaba con ligereza y gran acierto humor, aventura, líos argumentales y espíritu clásico pasado por el tamiz de lo digital. Además, creó un personaje carismático que se ha convertido (pese a quien le pese) en un icono. Los mismos elementos se dan cita en esta secuela, por supuesto intensificados, unos para bien, otros para mal.

La fórmula ya funcionó, con lo cual no se cambia para nada, y sin embargo “el cofre del hombre muerto” no sabe si decantarse por la comedia absurda o por dotar de seriedad y peso dramático a la trama. Ciertos momentos son de una intensidad que hasta ahora no había tenido la serie, y de haber continuado en esa línea, estaríamos ante un espectáculo alejado de su condición de divertimento veraniego, a otro nivel. Pero muchos quedan truncados por secuencias humorísticas excesivas en muchos casos(conseguidas, en otros). Así, la película nunca encuentra un verdadero rumbo, compensándose y descompensándose contínuamente. Pero de todas formas consigue avanzar, y ese es uno de sus méritos. Diversas trampas de un guión medido al milímetro e influenciado por miles de películas previas crean un enrevesado laberinto que la conducen a buen ritmo hasta unas secuencias de batallas demasiado alargadas que terminan por resultar plomizas y empiezan a echar todo abajo. No obstante, el guión guarda un último as en la manga que despierta de nuevo el interés y deja bien asentadas las bases de la que puede ser una gran tercera parte (si no incurre en los errores de ésta).

Es innecesario hablar del diseño técnico en una película que ha costado 300 millones de dólares. ¿Cómo no va a ser excelente? Sin embargo, no llega a encajar con el trabajo del aplicado pero impersonal Gore Verbinski. El film está muy bien rodado, pero en él no hay ninguna innovación. Todas las secuencias recuerdan a otras películas (de las que bebe), con lo cual, la capacidad sorpresiva se pierde por completo, aun más cuando empiezan a adquirir un carácter repetitivo. Así, todo queda en manos de los vericuetos del libreto y de la frescura que puedan aportar los actores a sus personajes. Keira Knightley y Johny Depp se llevan la palma. El resto realiza trabajos muy adecuados a sus caracteres, manteniendo a flote el conjunto.

Este segundo encuentro con los piratas es, pues, una mezcolanza resultona y descompensada, pero sugerente que consigue su propósito de entretener (con algo más), excepto en los minutos previos a un sorprendente final en el cual se levanta de nuevo. Un producto que ofrece exactamente lo que promete.

Wishi

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