• Por Antonio Méndez

piratas del caribe en el fin del mundo cartel pelicula movie poster

Dirección: Gore Verbinski.
Intérpretes: Johnny Depp, Keira Knigtley, Geoffrey Rush, Orlando Bloom.

Tercera película de la serie “Piratas Del Caribe”. Con guión de Ted Elliott ( (“Piratas Del Caribe: La Maldición De La Perla Negra”, “Piratas Del Caribe: En Mareas Misteriosas”) y Terry Rossio (“Piratas Del Caribe: La Maldición De La Perla Negra”, “Piratas Del Caribe: En Mareas Misteriosas”). Con producción de Jerry Bruckheimer.

Sinopsis

El capitán Barbossa (Geoffrey Rush), Elizabeth Swan (Keira Knightley) y Will Turner (Orlando Bloom) quieren encontrar en Singapur las cartas de navegación, en posesión del pirata chino Sao Feng (Chow Yun-Fat), que les lleven al fin del mundo. Antes de alcanzar su objetivo tendrán que encontrar al capitán Jack Sparrow (Johnny Depp) de la bodega de Davy Jones (Bill Nighy) y derrotar a Lord Cutler Beckett (Tom Hollander), quien, aliado con Jones, se ha hecho con el mando del barco fantasma.

Crítica

en-el-fin-del-mundoLo esperado para los seguidores y menos seguidores de estos piratas caribeños con el amaneramiento de su protagonista más chusquero, aquí multiplicado alucinatoriamente en diversas ocasiones, y base de parodia-caricatura que toma de múltiples referencias de la aventura marítima cinematográfica y literaria.

Tales referencias se ubican en la fusión clásica entre acción, humor, localizaciones exóticas, y personajes carismáticos de ambiente pirata (desde “El temible burlón” al “Pirata Barbanegra” pasando por “Simbad”, “La mujer pirata”, “El capitán Blood” o “La isla del tesoro”), con el añadido de su esencia fantástica, alguna dosis de surrealismo e influencia cómica del slapstick del cine mudo y el dibujo animado. También, como ascendencia creativa, tiene claros ecos de otras sagas de ambientes diferentes pero parecido enfoque de superproducción aventurera, sea Indiana Jones o la reciente versión de La Momia.

Esta tercera entrega de piratas que asocian comercialmente a la Disney con Jerry Bruckheimer, vuelve a apostar por el atractivo excéntrico de sus personajes principales de vida libertaria, con una válida definición en sus básicas motivaciones y sus conductas, tan payasas como ambiciosas, competitivas y amorales, que les llevan a estar en perpetuo conflicto en un enredado ir, venir, traicionar, respaldar, odiar, amar…

Sus relaciones e intereses generan rocambolescas historias de (con la trascendencia estelar de Jack Sparrow) protagonismo coral, manejadas con frenético ritmo y situadas en escenarios diversos que, partiendo del océano como principal contexto esplendorosamente fotografiado, tanto nos conducen puntualmente, con un no menor esplendor estético, a un blanco desierto poblado por piedras-cangrejo que llegan a mover un barco como a un escenario helado en el que hasta el simpático mono tirita de frío.

La acción es frenética, exuberante, fresca, salpicada con humor tanto verbal como físico. Rara vez funciona plenamente este aspecto cómico, a excepción de algunas frases y poses afectadas de Johnny Depp (que incluso pueden llegar a cargar por su reiteración), algunos momentos del citado monito, que hasta se une a un apuntamiento de pistolas-pistolones tipo “Reservoir Dogs”, y el ridículo, por su contraste con su físico, de una vocecita ultra-aflautada esgrimida por un bucanero barbado en la reunión de los piratas (tal reunión es un clásico de las historias de este tipo), en la cual aparece Keith Richards (guitarra y compositor stoniano, ídolo de Depp) con guitarra incluida.

No deja de ser disfrutable como producto de entretenimiento a pesar de la intrincada exposición que puede en ocasiones confundir al personal menos avispado (o que los hacedores no saben estimular tal avispamiento), el exceso de personajes, el subrayado en su tono, la tópica subtrama romántica, y la rimbombancia habitual de Jerry Bruckheimer (aquí compinchado con Gore Verbinski), siempre más preocupado en impactar (y distraer) en cada plano que en la narración de una historia.

Fichas en AlohaCriticón

Gore Verbinski
Johnny Depp
Keira Knightley
Orlando Bloom
Geoffrey Rush
Bill Nighy
Stellan Skarsgard
Chow Yun-Fat


Preparados para el supuesto shock final, los cinéfilos que de un modo o de otro hemos sido partícipes de esta saga tomamos nuestro asiento en las salas de cine para poder visionar la ¿última entrega de los Piratas del Caribe?, aquella desenvoltura de ideas inconexas provenientes del verdadero déficit mental de los guionistas, los cuales saben lo suficiente para manipular una historia insipiente, alargarla horas y más horas, así como crear eventos y situaciones sin gran calado.

Esta tercera entrega demuestra lo inconstante, comercial y superfluo que se puede tornar el cine; pues aunque se va con cierta manía y encanto de saber que es lo que pasará y como se supone terminarán las cosas, a pesar de estar acostumbrado a los tópicos más usuales del género y al comercialidad de la producción, pareciera que siempre se encuentran nuevos rumbos de la superficialidad, los cuales a pesar de encontrarse muy por encima de las cosas, se hallan desocupados. Pues es ahora la magnífica ridiculez la que sobresale en la historia de los piratas en alta mar.

Es preciso mencionar de antemano que el espectador sabe a lo que se atiende, se tiene el conocimiento de ir a ver las arduas escenas de acción, donde el aire salado soplará con fuertes injurias y el océano nos envolverá con su majestuosidad; nos encontraremos en localidades que nunca visitaremos y que inclusive algunos con anterioridad no habían imaginado a gran detalle y determinación, seguiremos los pasos de los personajes hechos para ser recordados, del famoso Jack Sparrow y sus ocurrencias, entre muchas de sus virtudes, las cuales se cumplen.

Desde las escenas de acción que parecieran infinitas, frescas, un poco fluctuantes e inmensas, se disfrutan a gran escala, dejando fluir un preciosismo elocuente que es alcanzado gracias a la tecnología de punta tan usual en estas producciones, no obstante es muy reconocible y plausible la fotografía así como los parajes visitados, es un festín visual y una ambientación envolvente, sofocante e hipnoticamente apasionante. Desde la dirección artística que se nota impecable, así como el maquillaje certero y puntual, el vestuario elegante, diverso, todo emana una cierta belleza, aunque a momentos, enfermiza y grotesca, nos deleita.

Todo el escenario pareciese ser una prometedora localidad para que se efectúen los eventos que se deben efectuar, sean sitios creados por las manos de los hombres o parajes del mundo natural, todo adquiere un poco de magia. Sin embargo al momento de colocar el resto de las piezas el escenario termina en la ruina, ya que la historia no pareciera merecer el arreglo espectacular que le es ofrecido y los personajes tampoco consiguen llenar del todo la pantalla.

Ahora con un sinfín de personalidades me remitiré a citar a los más importantes, desde Jack Sparrow que se nota ridículo, exagerado hasta le médula, pues a momentos simpático, “simpatiquísimo”, pero afectado por cada ocurrencia decadente de los guionistas, este pirata resulta tener alucinaciones que pretenden el chiste fácil e inocuo, pero que después de todo algunos sólo crean sonrisas en nuestros rostros y no carcajadas, así como otros no llegan más que a un cosquilleo facial, Johnny Depp destacado, triunfantemente puede decir que mantuvo la esencia de su personaje hasta el final; Elizabeth Swann y Will Turner con algunas variantes, se enfrentan al engañoso, terco y desconfiad mundo de la piratería, todo se repite bajo la tutela de la incertidumbre, con las suposiciones y las traiciones, no terminan de convencer y sólo estereotipan a la cinta, con un Orlando Bloom ausente y de sosedad, y Keira Knightley aceptable y con escenas protagónicas sale adelante en su actuación; Chow Yun Fat como el capitán Sao Feng se encuentra desperdiciado y Bill Nighy como Davy Jones pierde protagonismo y se disuelve en la nada. Sin embargo mi favorito ha de ser el capitán Barbossa, interpretado de forma brillante por Geoffrey Rush, excelente actuación, la chispa de la cinta.

Sin abogar por el equilibrio, los componentes de la cinta se encuentran dispersos sin oportunidad alguna de encontrarse, reunirse y formar un todo que se aceptable, ya sea por las actuaciones que se encuentran dispares y los cambios de actitud de algunos personajes, las escenas y el refinamiento que algunas evocan, así también la banda sonora se nota distinta, con aires de superación Hans Zimmer logra componer la música que haga funcionar algunos pasajes, y aunque a momentos se note derrochada sin sentido alguno, estamos hablando de una buena banda sonora.

Para finalizar se pude decir que la cinta irradia lo más ridículo y chusco que se halla visto en toda la saga, no obstante sus virtudes le salva del fracaso, logrando al menos un buen entretenimiento, un largo, largo entretenimiento.

Lucio Rogelio Avila Moreno

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