• Por AlohaCriticón

SHAMPOO (1975)

Director: Hal Ashby

Intérpretes: Warren Beatty, Julie Christie, Goldie Hawn, Jack Warner.

George Roundy (Warren Beatty) es un peluquero de éxito, tanto en su profesión como en la atracción sexual con sus clientas, entre las que se encuentra la adinerada Felicia Carr (Lee Grant). La ambición de Roundy es montar su propia peluquería y para ello tendrá que negociar con Lester (Jack Warner) el marido de Felicia, que está teniendo un affaire amoroso con Jackie Shawn (Julie Christie), una ex novia de George.

Dirigida por el interesante Hal Ashby y producida, escrita (junto a Robert Towne) y protagonizada por Warren Beatty, “Shampoo” es una comedia agridulce que despliega una sátira sobre los tejemanejes eróticos establecidas entre gente de diferente ámbito social, ubicados en el lujoso barrio angelino de Beverly Hills.

La farsa sexual se ve salpicada con momentos dramáticos de introspección vital, ansias de medraje económico con el atractivo físico como medio, una evaluación moral sobre la promiscuidad genital y algunos miramientos a las pautas políticas y culturales de la época, retrotrayendose a la cultura psicodélica de finales de los años 60 con la utilización de la música de Paul Simon y las canciones de gente como The Beatles, Buffalo Springfield, Jimi Hendrix Experience o The Beach Boys.

En el reparto encontramos a la bella Julie Christie, la minifaldera Goldie Hawn, una joven y lolita Carrie Fisher y los espléndidos Jack Warner (nominado al Oscar) y Lee Grant (ganadora del Oscar), defenestrada en los años 50 por la deplorable Caza de Brujas que supo recuperar su carrera cinematográfica a finales de la década de los 60 gracias a su talento interpretativo.

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Hal Ashby

Julie Christie

Megalomanía: dícese del rasgo de carácter en virtud del cual las personas que lo

poseen, tienden a considerarse el centro del universo y a pensar que, en

atención a sus méritos, todo y todos cuantos le rodean han de rendirle

admiración y pleitesía. Y, aunque pudiera pensarse, a tenor de tal definición,

que se trata de un rasgo poco habitual, o poco extendido, existen ciertos

territorios, generalmente lindantes con lo que se da en llamar el mundillo

artístico, en los cuales campa a sus anchas, siendo fácilmente encontrable en un

buen número de sus especímenes.

Por ejemplo, en Hollywood. Por ejemplo, en Warren Beatty. No es, ciertamente, el

único caso, ni, posiblemente, el más digno de reseña, pero sí que constituye un

paradigma de cómo algunas estrellas han llegado a convertir su carrera en una

suerte de exaltación continua de su ego desmenelado. Y es en ese contexto en el

que una película como Shampoo puede ser apreciada en su más justa medida, si la

consideramos un jalón más destinado a apuntalar el éxito comercial de su

fáctotum principal (que, cual émulo de Juan Palomo, no se limita a

protagonizarla, sino que, además, la coescribe y la produce: ¿quién habló de

cabos sueltos…?).

Comedia de enredos sexual-sentimentales a la mayor gloria de su protagonista, no

resulta complicado comprobar en qué sumo grado ese peluquero guapo, atolondrado,

indeciso y seductor que atiende al nombre de George Roundy viene a ser una

especie de trasunto poco camuflado de la propia estampa de Beatty, ya por aquel

entonces (mediados de la decada de los 70) una estrella en pleno apogeo, cuya

fama de amante de rendimiento estajanovista, capaz de dar cumplida satisfacción

a buena parte del star-system femenino hollywoodiense, empezaba a adquirir

dimensiones legendarias. Y no puede sorprender, en consecuencia, que a sus

encantos se rinda sin remisión todo un elenco de actrices de gran nivel,

encabezadas por Julie Christie y Goldie Hawn, cuyos personajes -cuyas no muy

abundantes neuronas han debido de cambiar su residencia habitual, trasladándose

del cerebro a un punto bastante más próximo a la entrepierna- parecen

imposibilitados de todo punto para ofrecer la más mínima resistencia a los

arrolladores modos de nuestro ínclito estilista capilar.

Y poco más que tomar en consideración, porque la película flojea

considerablemente en todo aquello que debería dar consistencia al planteamiento

apuntado: su trama es bastante insustancial, y nunca termina de despegar de los

tópicos más manidos de la subcorriente genérica en la que cabe enmarcarla -y de

la cual,en todo caso, sólo se aparta ligeramente, y más en una cuestión de

formas que de fondos, por sus audacias en la visión de las relaciones sexuales:

algo lógico, si tenemos en cuenta que la acción se sitúa en el año 1968, en

plena era del flower power y el amor libre, al calor de efluvios psicotrópicos

varios…-; y su pretensión de constituirse en un retrato social de unos

determinados grupos y estratos representativos de la época en que centra la

historia, tampoco termina de cuajar, lastrada por el excesivo peso que adquiere

su personaje protagónico, el cual eclipsa y arrolla al resto de personajes que

giran demasiado en rededor suyo.

Que, pese a los apuntes efectuados, Shampoo tuviera, en su momento, un éxito

relativamente fuerte, no deja de tener su lógica y explicación, dadas sus

connotaciones transgresoras en un momento histórico en que el cine

estadounidense aún no era muy dado a permitirse ciertas alegrías desde un punto

de vista moral. Pero, vista en la perspectiva que ofrece el paso de casi treinta

años, no me cabe sino concluir que, más allá del envejecimiento que pueda

aquejar, por motivos obvios, a sus elementos formales y accesorios (decorados,

vestuarios, maquillajes, peinados, etc…), se trata de un film al que las canas

no le sientan nada, nada bien. Y a buen seguro que este problema ya no lo podrá

arreglar un estilista a la búsqueda de un establecimiento propio; ni aún

llamándose Warren Beatty…Manuel Márquez

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