• Por AlohaCriticón

SIN CITY (2005)

Dirección: Frank Miller y Robert Rodríguez.

Intérpretes: Bruce Willis, Jessica Alba, Benicio del Toro, Clive Owen, Mickey Rourke.

La película cuenta tres historias entrecruzadas. En una de ella vemos a Marv

(Mickey Rourke), un exconvicto que busca venganza por la muerte de la

prostituta que pasó la noche con él. En la segunda encontramos a Dwight

(Clive Owen), un asesino con una cara nueva que trata de impedir los sucios

manejos de Jackie Boy (Benicio del Toro) por los bajos fondos. La tercera de

las historias narra la peripecia de Hartigan (Bruce Willis), un policía que

intentará salvar a Nancy (Jessica Alba), una joven bailarina, de las garras

del Cobarde Bastardo (Nick Stahl), el depravado hijo de un senador.

“Sin City” es la nueva película del tejano Robert Rodriguez, un director que

debutara a principios de los noventa con “El mariachi” (que acabó en

trilogía), que destacó por “Abierto hasta el amanecer” y que acabó por

entretener a la familia en la trilogía de “Spy Kids”. En ésta ocasión,

alejado de los patrones de Hollywood y en plan “yo me lo guiso, yo me lo

como”, se ha dedicado a adaptar con sus propios medios (no sólo dirige,

también guioniza, compone la música y hace el montaje y los efectos

especiales) parte de la saga de cómics o novelas gráficas (como se prefiera)

creadas por Frank Miller. Miller es uno de los tótems en el mundo del cómic

actual, famoso por revitalizar series míticas como Batman o Daredevil (fue

el creador de Elektra) y por creaciones propias como ésta que ha sido

llevada a la gran pantalla.

Miller ya había incurrido en el mundo del cine como guionista y creador de

storyboards en las secuelas de “Robocop”, pero había acabado por alejarse de

él, sin desear que sus obras se adaptasen al celuloide. En esto surgió

Rodriguez, que le convenció para trasladar “Sin City”, a base de crear

planos deudores de las viñetas y una estética lo más parecida posible, es

por ello que Miller aparece acreditado como codirector. Incluso Quentin

Tarantino, amigo del director, tiene una mención como colaborador especial.

Seguro que no faltarán listillos que hablen de la influencia en la sombra de

este último.

Así pues, lo que tenemos es una traslación pura y dura del cómic al cine,

con decorados creados por obra y gracia de la tecnología digital y una

ambientación que remite al cine negro clásico. Esto es algo que también

hemos podido ver en “Sky Captain y el mundo del mañana”, aunque la historia

aquí es bastante más oscura. Porque lo cierto es que este film no es muy

apto para menores, ya que, pese a parecer una cinta comercial de gran

calado, está trufada de violencia y de algunas imágenes sexuales (algo

difícil de encontrar en películas de importancia). El mundo que nos plantea

Rodriguez es un mundo tenebroso, corrupto, donde la ponzoña moral afecta a

todos los estamentos, ya sean políticos, policías o clérigos. Un mundo en el

que tan sólo algunos inadaptados intentarán hacer justicia a su manera.

Como no podía ser de otro modo, al ser una adaptación tan fiel, la

imaginería a veces un tanto inverosímil del cómic queda también expuesta

(veánse algunos momentos de violencia, casi paródicos). De cualquier modo,

la ambientación casa muy bien con la naturaleza de las historias, logrando

que nos creamos todo lo que sucede.

En cuanto a su reparto, plagado de nombres conocidos, hay que decir que está

bastante ajustado con los roles asignados. Quizá cabría destacar al hoy

olvidado Mickey Rourke, que es el que más carisma aporta a su personaje.

En resumidas cuentas, nos hallamos ante una adaptación de cómic la mar de

interesante, alejada de la tontería para todos los públicos tipo “Los 4

Fantásticos”, y en la que las fronteras entre el mal y el bien no siempre

están muy definidas. Quizá se le pueda reprochar algún momento repetitivo,

aunque son pequeños baches en una narración de dos horas que transcurre a un

ritmo endiablado.David García

Existe en la actualidad una nueva temática dentro de las producciones cinematográficas de Hollywood que podríamos llamar “cine de cómics”. Las adaptaciones sucesivas de las viñetas de los superhéroes a la pantalla son ya un nuevo género, y una tendencia estética, sociocultural e, incluso, ideológica. El cine ha abandonado la creación de nuevas historias y ha optado, cada vez más, por la adaptación. “Sin city” puede entenderse como el final de ese camino.

El comic es un instrumento ideal para llenar la imaginación del espectador, y una materia prima excelente para la creación de historias visuales. La llamativa estética del comic, sus diálogos secos, directos y sencillos; la fantasía de sus relatos, son el caldo de cultivo que posibilita la aparición de un nuevo cine de aventuras y acción. La revitalización de la aventura por parte de Spielberg y su cine de fantasía pusieron el referente visual: no es nada descabellado contemplar a Indiana Jones como un superhéroe a su diabólico tiburón como un monstruo surgido de las viñetas. Pero la nueva pretensión de los directores no es la luminosidad, la alegría o el puro entretenimiento, más bien estamos en el terreno del drama psicológico, la búsqueda de identidad, la corrupción, el crimen y el mundo sombrío de la noche urbana. El cine negro y el thriller son los dos géneros preferidos a la hora de crear el mundo complejo de los superhéroes, debido a que la ambigüedad moral, la violencia y la estética expresionista del cine negro otorgan a estas películas de la densidad dramática necesaria para crear una atmósfera irreal y fantástica. El “cine de cómics” es, por lo tanto, un cine de formas, de atmósferas, con rostros impactantes, con una acción descabellada y de una violencia excesiva. Quizás se alejan de esta definición proposiciones como Spiderman (Spider-Man, Sam Raimi, 2002) o Los increíbles (The Incredibles, Brad Bird, 2004), aunque en ambas películas existe la ambigüedad moral y una cierta amargura existencial, dentro de un contexto de comedia que acentúa los problemas “humanos” de los superhéroes.

Sin city es una película nacida del espíritu independiente de Robert Rodríguez y su gusto por la Serie B, el cine negro, la violencia, el humor cínico y la acción. Estos son todos los ingredientes que han dado forma a cierto cine negro que, nacido de la estela de Reservoir dogs (Ídem, Quentin Tarantino, 1992), han construido un universo propio cuyos pilares fundamentales son la desmitificación del cine negro clásico y un cierto gusto por las viñetas de serie negra o pulps. Las películas anteriores de Robert Rodríguez, todas ellas basadas en asesinos a sueldo que quieren escapar de la justicia, eran recreaciones de un universo que se ha llenado de la estética del cómic. Sin city de Frank Miller está vinculada a ese mundo del director mexicano, un mundo irreal, corrupto y cínico, donde apenas existen sentimientos humanos, sólo una obsesiva y esquizofrénica búsqueda de la supervivencia, que estalla en una desmesurada visualización de la violencia como única vía posible de solución.

El guión de Sin city apenas existe, pues se trata de una adaptación literal de tres historia de Frank Miller que apenas se han manipulado. Los textos que recitan los personajes son los bocadillos de las viñetas. Podríamos decir que se trata de la visualización de un storyboard, y ese storyboard sería el propio comic de Frank Miller . La brillante propuesta de Robert Rodríguez ha sido la de conseguir recrear con una gran facilidad el universo criminal del comic a la pantalla. En este sentido, sus virtudes son estéticas y su autoría es tan sólo visual, pues el mérito argumental está en el propio relato gráfico de Frank Miller, con diálogos cargados de escepticismo, dureza y cinismo, en los cuales se vislumbra una cierta humanidad, una cierta debilidad de unos personajes llenos de amargura. Sin embargo, existe un lastre en este guión, pues se hace demasiado uso de una voz en off que subraya, sin necesidad, los pensamientos de los protagonistas, lo que resta dinamismo y agilidad a la narración de Robert Rodríguez.

Las virtudes de Sin City son exclusivamente estéticas. La puesta en escena, de una irrealidad manifiesta, es una recreación fiel de las viñetas del cómic, con ese gusto por los lugares escondidos y siniestros, de magnífica representación y de enorme fuerza visual, la cual se consigue as través de una planificación exclusivamente expresionista, cargada de angulaciones exageradas, primeros planos y contrapicados, lo que aumenta la tensión del argumento y dota a la película de una atmósfera asfixiante, en la cual apenas se descansa la mirada, pues no existen en ella planos generales o panorámicas: todo está perfectamente diseñado como si de una sucesión de viñetas se tratase. El fuerte contraste cromático de la fotografía es lo que provoca ese impacto visual en el espectador y, a la vez, ayuda a dar entidad física a la densidad argumental de la película, creando un espacio adecuado para la crueldad, la violencia, la corrupción y el cinismo. El expresionismo de Robert Rodríguez es un recurso estilístico, una forma de expresar el clima insano de la película, no una mera ambientación realista: la estética de Sin city es lo que da significado a la película, lo que aporta sentido a la propuesta. Ni siquiera el montaje, que es una mera visualización de la viñeta del comic, es lo relevante en la película, porque de lo único que se ha preocupado el director es de dar movimiento a algo ya creado por Frank Miller en sus viñetas.

Resulta, por lo tanto, que Robert Rodríguez ha construido una recreación visual, en la cual impera una estética por encima de una historia. De ahí que los dos primeros capítulos sean los más efectivos, pues en ellos existe una mayor acción física, y no hay esa verborrea excesiva, esa voz en off desmesurada, que sí aparecen en los dos últimos episodios de la película. Sin City es un cómic animado. Su validez sólo reside en su excesiva expresividad estética, pero no en su argumento o en su originalidad: Robert Rodríguez no ha aportado nada nuevo a la interpretación de la obra de Frank Miller. Su estilo está basado, como en sus anteriores propuestas, en el gusto por lo grotesco, la violencia, su humor cínico y cruel, sus personajes asesinos que buscan cualquier forma de salvación, su cuidada estilización que recrea el universo turbio del cine negro y su obsesión por la corrupción y la suciedad de una civilización acabada. En fin, una visión tremendamente apocalíptica y falta de moral de la sociedad; unos personajes que apenas sienten nada, que sólo actúan para matar.Victor Rivas Morente

Enlaces

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