• Por AlohaCriticón

Dirección: Brad Silberling.
Intérpretes: Jim Carrey, Meryl Streep, Billy Connolly, Emily Browning.

Film que adapta varios cuentos de Daniel Hadler: “Un mal principio”, “La habitación de los reptiles” y “El Ventanal”. En ellos el malvado Conde Olaf (Jim Carrey) buscará la manera para intentar hacerse con la cuantiosa herencia de los hermanos Baudelaire, quienes han quedado huérfanos después del fallecimiento de sus padres en un incendio.

Brad Silberling, el director de “Casper” o “City of Angels”, y el productor Barry Sonnenfeld, realizador de la familia Addams y curtido director de fotografía, llevan a la pantalla grande las historias de Daniel Handler con el protagonismo principal de Jim Carrey.

Silberling es una buena elección para este tipo de productos, ya que tiene habilidad para el manejo del ritmo narrativo, para la creación visual estilizada, y entiende a la perfección el sentido del espectáculo cinematográfico para consumo de todos los públicos, dentro de las características básicas que le otorgan el maestrazgo (para lo malo y para lo bueno) de uno de sus mentores clave, Steven Spielberg.

En “Una serie de catastróficas desdichas”, Silberling, con la ayuda en el guión de Robert Gordon y tras el éxito de otras aventuras fantásticas con niños de por medio, como “Harry Potter”, desarrolla una historia opulenta en imaginería, de gradación sombría, con un fenomenal diseño de producción de Rick Heinrichs y una esplendorosa fotografía de Emmanuel Lubezki.

En este escenario de ambientación gótica, con reminiscencias de las películas de Tim Burton, se disfrutan sus dosis de aventura, fantasía y comedia de orientación familiar, manteniéndose un agradecido equilibrio en todas sus disposiciones que consiguen otorgar cierto interés a la historia, a pesar de que la empatía emocional no logre funcionar del todo y a Carrey le salga de manera regular la tendencia a la explotación de su vena más egocéntrica, aunque bien es cierto que con ella intenta enfatizar las características de su personaje principal, el Conde Olaf.

El principal mérito de esta entretenida película es el festín visual y el umbrío tono que depara, con lugar para los citados elementos góticos, y reminiscencias, además de Burton, del fenomenal ilustrador Edward Gorey (“Amphigorey”), Roald Dahl o las historias victorianas de Charles Dickens.

Enlaces

Jim Carrey

Emily Browning

Meryl Streep

Jude Law

Tras perecer sus padres en el incendio de la casa familiar, los tres

hermanos Baudelaire, Violet (Emily Browning), Klaus (Liam Aiken) y Sunny

(las gemelas Hoffman) quedan huérfanos y desamparados. Su albacea, el señor

Poe (Timothy Spall) les pondrá bajo la custodia del pérfido conde Olaf (Jim

Carrey), que ansía eliminarlos para poder recibir la herencia que les

corresponde. Sin embargo los tres jóvenes no aceptarán su destino, y

buscarán refugio en compañía de algunos de sus disparatados familiares.

“Una serie de catastróficas desdichas” es la traslación a la gran pantalla

de algunas de las novelas que ha publicado hasta el momento Lemony Snicket,

pseudónimo del escritor norteamericano Daniel Handler. Incluyéndose él mismo

en la historia como narrador de ésta, Snicket intenta hacer la competencia

al hiperexitoso “Harry Potter” entre las masas púberes.

El encargado de la adaptación ha sido Brad Silberling, realizador que ya

había tocado el palo de la historia fantasiosa para un público infantil con

“Casper”, y que entre medias había dirigido “City of Angels” o “El

compromiso” (su mejor obra). Silberling nos narra las aventuras y

desventuras de estos hermanos Baudelaire, que no gozan de ningún poder

mágico, y que deben echar mano de su ingenio para poder salir de las

dificultades en las que se ven inmersos.

Quede claro que no nos hallamos ante una historia infantiloide y rancia,

difícil de soportar para todos los que tengan más de 8 años mentales. Al

principio del film, el propio narrador nos informa de que esta no es una

historia de un elfo feliz y animales cantarines, toda una declaración de

intenciones. Con todo ello, nos hallamos ante una amalgama de influencias,

por ejemplo la estética que luce la cinta, deudora de las fantasías barrocas

de Tim Burton. La trama hace guiños a los cuentos de los hermanos Grimm o

Roald Dahl, con unos niños no tan inocentes como puede parecer, envueltos en

una trama algo oscura.

Sin embargo, tampoco hay que echar las campanas al vuelo, pues como ante

todo nos hallamos ante una producción hollywoodiense, la sangre nunca acaba

de llegar al río, y el argumento acaba escorándose hacia un esquematismo más

fácil de digerir por un amplio sector del público, sublimando algunos de los

aspectos mas tenebristas del relato. Es toda una pena, porque podría haber

salido un producto netamente superior. A este respecto adolece del mismo

problema que la reciente (e interesante) “Sky Captain y el mundo del

mañana”.

En cuanto al nivel interpretativo, aquellos que detesten a Jim Carrey es

mejor que se olviden de ver el film, pues el actor muestra su vena más

desatada e histriónica encarnando al maligno Olaf, que a veces resulta algo

inquietante, a veces algo risible. Los niños que hacen de hermanos

Baudelaire cumplen con corrección su cometido, así como secundarios de

excepción como Timothy Spall o Meryl Streep, que hace de timorata tía de los

niños.

En el aspecto formal, éste se convierte en lo más destacado de la película,

con una estupenda fotografía, dirección artística, vestuario y banda sonora

( como no puede ser de otro modo con el siempre excelente Thomas Newman,

recuerden “American Beauty” o “Camino a la perdición”). En resumidas

cuentas, un film más que aceptable, dirigido principalmente a un sector

infantil y juvenil, y que a mí me resulta más estimulante que la aletargada

saga de “Harry Potter”. David García

Cuarta película del director estadounidense Brad Silberling, cuya visión logra adaptar de la tinta al proyector la obra de Daniel Handler con gala visual pero con decadente guión.

Producto cuya mayor virtud se encuentra en su exquisito atractivo visual, que emana una excéntrica penumbra, que sin ser demasiado innovador logra dar un toque de elegancia y selectividad a su trabajo, emulando una visión gótica similar a la de Tim Burton pero sin perder originalidad.

Dedicado a productos no tan glamourosos y más al toque trágico, esta vez se asienta en la historia de tres niños cuyos padres han fallecido, abriendo brecha a su nueva y dificultosa vida que desemboca en una desdicha tras otra; con Jim Carrey en el papel antagónico exalta un histrionismo poco apreciable y deleitable, la exageración y ciertas tendencias propias como actor han aflorado en este producto, características que se habían posiblemente superado en la aclamada “¡Olvídate de mí!” con su actuación no sólo plausible sino que también creíble. En esta ocasión su papel se enfoca en las mil y un interpretaciones colocadas en la misma historia con el propósito del lucimiento poco satisfactorio de este actor.

El filme con un tempo entrecortado no permite degustar la historia con la gala que demandaba este producto, el guión con altibajos llega a ser un poco redundante acorde a las situaciones expresadas, sin embargo se debe reconocer el atrevimiento con que se plantea esta nueva opción de cine infantil que atrae al público de forma general.

El elenco conformado por el cuarteto de niños (Emily Browning, Liam Aiken, Kara y Shelby Hoffman) está bien situado, con grandes interpretaciones, teniendo en pantalla a los actores del mañana, mientras que los actores del presente y el ayer se encuentran algo escasos; Jude Law en la carne de escritor, con su cautivadora voz llega a ser atenuante su invitación a escuchar el relato, sin embargo no es del todo sorprendente o útil su interpretación, mientras que Meryl Streep seguramente se divierte a lo grande al experimentar nuevas opciones y rumbos que van más allá del drama, con un jugueteo llena la pantalla de carisma y melancolía, un conjunto exagerado de situaciones que evoca este personaje, sin embargo Streep sigue y seguirá siendo actriz de primera; para finalizar tenemos un cameo poco apreciable que es brindado por Dustin Hoffman.

Lo que no se puede quedar en el tintero es la apreciable y relumbrante fotografía de Emmanuel Lubezki, que sin duda merecía algún reconocimiento, pero las negaciones y postergaciones existen, aunque es demasiado que exista una postergación a la postergación.

Lo normal en estos productos, lo que siempre triunfa son aquellos aspectos técnicos que saltan de la pantalla con el glamour correspondiente, el matiz necesario para atraer a diversos tipos de público que se deleiten con el filme, sin embargo ya lo he dicho, algo falta, y es que la inventiva de este producto no es lo que esperaba, le ha faltado más meollo al asunto, un toque más que tétrico innovador, que si bien es una buena opción para el deleite de la pupila, un filme arriesgado pero no lo suficiente para convencer al espectador más osado.

Lucio Rogelio Avila Moreno

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