• Por Antonio Méndez


Dirección: David Fincher.
Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Mark Ruffalo, Robert Downey Jr., Anthony Edwards.

Película basada en una novela de Robert Graysmith que abordaba unos asesinatos acontecidos en la parte final de los años 60 y en la primera de los 70. Con guión de James Vanderbilt (“El Tesoro Del Amazonas”, “Basic”).

En la ciudad californiana de San Francisco está actuando un asesino en serie. Se hace llamar Zodiac, y tiene en jaque a varias jurisdicciones de policías, llegando a convertirse su captura en una obsesión para sus persecutores.

David Fincher retomando la intriga criminal con el enredado juego de gato y ratón que le había llevado a la fama con “Seven”, película de influyente atmósfera que a la par que ofertaba una intrincada historia de misterio con estilosa estética, sabía como implicar emocionalmente al espectador en la investigación y en las vivencias de los personajes protagonistas en busca de solventar el “whodunit”.

zodiac-foto-criticaCon música de “Hair” y el “Hurdy Gurdy Man” de Donovan ambientando la época, esta nueva entrega, basada en hechos reales dramatizados en un libro por Robert Graysmith, retiene parte de las virtudes del título anterior y principia su historia a finales de los años 60 introduciéndonos el proceder criminal-nocturno del tal Zodiac. Más tarde, somos testigos de su reto chulesco a las autoridades policiales con unos avispados periodistas en medio, que ayudan con sus investigaciones a publicitar a este mísero asesino con afán de notoriedad pública.

Este doble cauce de investigación, que comunica en paralelo al oficialismo detectivesco con el amateurismo sherlockholmesiano del ciudadano medio que, tras una serie de cruces, descruces, chantajes, amenazas, pruebas periciales y desánimos varios, acaba, de forma previsible y optando por la contribución esencial del personaje de definición más singular, siendo más listo que nadie.

En tal investigación y como guiño cinéfilo al margen de “Harry El Sucio”, resulta clave el vínculo del psicópata con la notable película “El malvado Zaroff” (1932) de Ernest B. Schoedsack e Irving Pichel, e incluso, fabulando con la caligrafía y la importancia de tal letra en conexión con un criminal asesino en serie, con el “M” de Fritz Lang.

El film, de esencia hombruna y con trazos de docudrama, está motorizado por la clásica obsesión que arrastra a los personajes investigadores, convincentemente interpretados por Jake Gyllenhaal, Mark Ruffalo y Robert Downey Jr., a una paranoia resolutiva, la cual afecta tanto a su vida privada como a su labor profesional.

A destacar que la acción es conducida no por caprichos estéticos ni por escenas impactantes de regocijo sanguinolento, sino por la aportación de sus diversos caracteres en la sesuda metodología criminalista, que, aunque no llega a excitar, sí consigue compactar su válida exposición realista, y estimular un creciente interés en su conclusión, a pesar de su extensión con sobrante palabrería, suspense de baja intensidad, personajes sin demasiado atractivo, tópicos cuando no escasez en el tratamiento íntimo, redundancia en métodos, y un no excesivo aprovechamiento las localizaciones de San Francisco (sólo hace falta pensar en su utilización en “Vértigo”, “Bullit” o “La Senda Tenebrosa”).

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David Fincher
Jake Gyllenhaal
Mark Ruffalo
Robert Downey Jr.
Brian Cox
Chloe Sevigny
Dermot Mulroney


De textura interesante es esta cinta dirigida por el siempre intrépido David Fincher, situándose en los años sesenta para desplazarse ágilmente por el tiempo en que el asesino “Zodiac” aterrorizó la ciudad de San Francisco.

Con una ardua y notoria investigación, David Fincher y el guionista James Vanderbilt adaptan el libro de Robert Graysmith (“Zodiac”) y se adentran más allá de la obra para poder dar al público una cinta fiel a los hechos reales y a las vivencias de los protagonistas de esta desafiante experiencia.

Bajo la notoria dificultad de escribir un guión que condense años de investigación, los responsables de este reto logran salir victoriosos al adaptar favorablemente los hechos reales que hoy en día podemos leer, ver y cuestionar.

Con una ambientación envolvente y la creación de los escenarios netamente fieles a la época, discurre una trama donde quizá los datos, nombres y acontecimientos sean demasiados para las escasas minutos de metraje, pues la película, sin realmente apasionar a su público, recrea una atmósfera con un suspense algo decadente pero con la ferviente intención de mantener al interés latente del espectador.

David Fincher sabe armar sus escenas con una maestría tangible, sutil y delicada, tratando cada palmo de la cinta con un tacto paulatino que evoca realismo, así como los sonidos y los silencios, el soundtrack y las partituras que terminan por acentuar la visión del director; es una obra audiovisual cuidadosamente armada, a momentos escatimada y en otros tantos sobrecargada, puede decirse que se piensa demasiado las cosas, aunque esto no signifique que siempre lo piense bien.

Fusionando de manera interesante la investigación y participación de la prensa y la policía, más allá del artificio al que nos tiene mal acostumbrados Hollywood, esta producción se apega a la realidad, la complicación que trae consigo el incriminar a un sospechoso, lo difícil de seguirle la pista, así como el retrato obsesivo, desgastante y frustrante de los detectives, reporteros, periodistas, policías, inclusive caricaturistas, demostrando que en la vida real no todo es tan fácil.

De esta forma el filme se aleja de los estereotipos del género cinematográfico y la falacia acostumbrada de muchas series televisivas, abasteciéndose de realismo y contundencia.

Sin embargo tiene sus inconsistencias, de entre las cuales resalta la sobresaturación de información, un tempo con altibajos que carece de un buen clímax, conllevando a la incertidumbre. Le ha hecho falta mayor agilidad, y como en la vida real, ha dejado muchos cabos sueltos.

Por su parte las actuaciones no se encuentran nada desdeñables, Jake Gyllenhaal, Mark Ruffalo y Robert Downey Jr. (en especial este último) hacen un trabajo asombroso, de la buena interpretación y de gran credibilidad, llenan la pantalla y elevan la producción.

Después de todo “Zodiac” es una prueba de lo que pasa constantemente en todo el mundo, de aquellos homicidios envolventes donde la lupa y el filtro de información son los medios de comunicación, aquellos que pueden volver famoso a un homicida sediento de atención, viviendo en una época en la cual, si los acontecimientos cotidianos no son anunciados en el periódico, la televisión o la radio, entonces quizá nunca sucedieron.

Lucio Rogelio Avila Moreno

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