• Por AlohaCriticón

El Peplum practicamente nació con el cine. Ya en el período mudo las principales productoras cinematográficas italianas derrocharon medios y talento para trasladar las andanzas de pretéritas épocas históricas (especialmente de la antigua Roma) a la nueva diversión popular que suponía la industria fílmica.

Gente como Filoteo Alberini, Arturo Ambrosio, Marco Cesarini, Giovanni Pastrone, Enrico Guozonni y títulos como “La caduta de Troia” (1910), “La sposa del Nilo” (1911), “Quo Vadis” (1912), “Cabiria” (1914) o personajes colosales como Maciste, interpretado por Bartolomeo Pagano, contribuyeron a la creación de películas de corte étpico en las que lo más importante era recrear la historia con suma espectacularidad con el empleo de grandes decorados y escenarios.

En los años 50 y ante la seria amenaza que se cernía sobre el futuro comercial de la industria cinematográfica con la aparición de la televisión, este espectáculo se retomó de nuevo. Para ello, directores, productores y guionistas recuperaron los asuntos y peripecias hallados en Grecia y Roma, desarrollando el mundo antiguo en una serie de películas de contenido histórico, mitológico o bíblico.

Con grandes presupuestos aparecieron en la pantalla títulos como la nueva versión de “Quo Vadis” (1951), obra de Mervyn LeRoy, “David y Bhetsabé” (1951), film dirigido por Henry King, “La túnica sagrada” (1953) de Henry Koster, película que inauguró el CinemaScope, “Ben-Hur” (1959), título de William Wyler que acaparó once premios Oscar, “Salomón y la reina de Saba” (1959) de King Vidor, “Esther y el Rey” (1960) de Raoul Walsh, “Barrabás” (1962) de Richard Fleischer, “Cleopatra” (1963) de Joseph L. Mankiewicz y los trabajos bíblicos de Cecil B. De Mille (autor que ya había abordado estos temas muchos años antes) como “Sansón y Dalila” (1949) y “Los Diez Mandamientos” (1956), fueron válidos ejemplos que abordaron en el asunto de la epopeya antigua y sus amplias derivaciones temáticas.

A raíz de este regreso a los temas históricos por parte del cine de Hollywood, los pioneros en ello, el cine italiano, produjo entre finales de la década de los 50 y toda la de los 60 multitud de títulos que conformaron la época dorada del “peplum”.

Muchas veces aprovechaban los decorados que los americanos habían dejado después de filmar sus películas en Cinecitta y con mucho menos presupuesto lograron realizar auténticas joyas kitsch, realizadas por gente tan interesante e importante como Sergio Leone, Ricardo Freda, Vittorio Cottafavi, Umberto Scarpelli, Mario Tota, Mario Bava, Ducio Tessari, Pietro Francisci, Mario Camerini, Umberto Lenzi, Mario Bonnard, Giorgio Ferroni, Antonio Margheritti o Marino Girolami. El número de producciones anuales era vastísimo, al igual que la cantidad de películas exportadas a todo el mundo.

Los temas y materias utilizadas por los italianos diferían notablemente de la realidad histórica.

El objetivo fundamental seguía siendo la búsqueda del entretenimiento y el espectáculo, para ello introducían como características añadidas la fantasía, los héroes y dioses legendarios, el erotismo consciente y el humor inconsciente.

Legionarios romanos, emperadores, caracteres bíblicos, adalides helénicos, salvajes bárbaros, hetairas griegas, virgenes vestales, persas, mongoles, corsarios, Ursus, Simbad, Taur, Maciste, Aquiles, Sansón, Sandokán o Goliat poblaban con sus aventuras los acetatos de estos títulos.

Los personajes mitológicos y más concretamente el de Hércules sería la figura heróica más socorrida por las compañías transalpinas. Para encarnarlo el papel fue incorporado por numerosos “actores” provenientes del culturismo: Gordon Scott, Ed Fury, Allan Steel, Mickey Hargitay, Mark Forest, Kirk Morris, Samson Burk o Reg Parks. El más importante y famoso de la historia fue sin duda fue el héroe del peplum por antonomasia, el Mr. America y Mr. Universo….Mr. Steve Reeves.

Nacido el 21 de enero 1926 en Glasgow, estado norteamericano de Montana, el apuesto y fornido Steve Reeves, después de conquistar en varias ocasiones los títulos de belleza antes aludidos, consiguió que un productor italiano, Federico Teti, le contratara para personificar al héroe mitológico en “Hércules” (1957), un film dirigido por Pietro Francisci que obtuvo un éxito inesperado.

Este triunfo comercial convirtió a Steve Reeves una superestrella dentro del género, provocando que su moldeada figura se constituyera en un reclamo insustituible para que los aficionados de todo el mundo acudiesen a las salas durante todo la década de los 60 para admirarlo en películas como “Hércules y la reina de Lydia” (1958), “La batalla de Maratón” (1959), “El terror de los bárbaros” (1959), acompañado por la hermosa Chelo Alonso, “Los últimos días de Pompeya” (1960), “El ladrón de Bagdad” (1960), “Rómulo y Remo” (1961), junto a Gordon Scott y dirigida por Sergio Corbuci, “La guerra de Troya” (1961), “El hijo de Espartaco” (1962),”La leyenda de Eneas” (1962), “Sandokán” (1964) o “Los piratas de Malasia” (1966), títulos que lo condujeron a ser icono de una idolatría cinéfila.

Tras su periodo de gloria, el peplum fue siendo desplazado por nuevas tendencias, como el spaguetti-western y por aventuras más contemporáneas (James Bond, Flint, Matt Helm, etc.), alejándose Steve Reeves poco a poco del mundo del cine y dedicando su tiempo a la enseñanza de métodos culturistas y de bodybuilding.

El héroe invencible perdió su vulnerabilidad el 1 de mayo del año 2000 en California, fecha en que falleció dejando huérfano al universo del peplum. Previamente, en 1989 y a causa de un ataque al corazón, Reeves había perdido a su esposa, la condesa polaca Aline Czarzawicz, con quien se había casado en 1963.

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