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El solitario y sensible juguetero Geppetto ha construído una marioneta a la que llama Pinocho. Una noche y ante los ojos de Pepito Grillo, la hada azul insuflará vida a Pinocho, para satisfacción de Geppetto, al mismo tiempo que convierte a Pepito Grillo en su conciencia y consejero.
Junto al soberbio trabajo en el apartado técnico, la moralina del film es excesiva en el afán de Walt Disney por subrayar el valor de la obediencia y formalidad juvenil además de la diligencia escolar del niño sin tener en cuenta otros aspectos más lúdicos, elementos clave y necesarios en la etapa de aprendizaje del niño.
Los personajes, divididos como siempre en base al maniqueísmo (aquí con función didáctica), resultan bastante conseguidos con el gato Fígaro o el gitano Strómboli. La imagen más impresionante de la película en su ambición pedagógica y que aún pone el vello de punta a los niños (y mayores) es la transformación en burro de Polilla en la Isla del Placer. Verdaderamente terrorífica.
La versión en lengua castellana está dirigida por el argentino Luis César Amadori.
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