El robo de Marion no es más que un McGuffin soberanamente perfilado para que el genial director inglés dirija nuestras insospechadas miradas hacia el motel y su contigua casa gótica, hogar de la familia Bates, conformada por Norman y su vetusta madre.
"Psicosis" es una obra maestra, en la cual Alfred Hitchcock despliega su extraordinaria imaginación en la realización cinematográfica, relatando una historia de amor, intriga, suspense y horror, que no carece de un subterráneo sentido del humor macabro.
El film destaca por la perfección técnica de todos sus elementos (inolvidable partitura de Bernard Herrmann, soberbia fotografía en blanco y negro de John L. Russel), por la mirada empática de su autor con los hechos narrados y por el penetrante perfil psicológico de sus personajes, en especial Norman Bates, caracterizado de forma magistral por Anthony Perkins, quien jamás podría desligarse de los tics y procederes de Bates en sus posteriores encarnaciones cinematográficas. |  |
La película, que era una adaptación de un libro de Robert Bloch, presenta momentos imborrables como las tensas escenas dentro de la residencia de la familia Bates, la apasionante huida de Marion Crane tras sustraer el dinero, las conversaciones de ornitología y taxidermia entre Perkins y Leigh, la primera escena de amor en la cama, el antológico monólogo final y, sobre todo, la escena del asesinato en la ducha, momento incólume para la historia del celuloide, elaborado junto a Hitchcok, por Saul Bass, autor del storyboard de la escena y de los inspirados títulos de crédito.
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Alfred Hitchcock
Anthony Perkins
Janet Leigh
John Gavin
Vera Miles

Pero semejante justificación científica, no le hace ninguna falta a
Hitchcock para encauzar la atención del espectador, para manipular y
jugar con sus expectativas, en una historia diseñada para atrapar
absolutamente su interés durante los más de cien minutos de la proyección.
La primera parte del filme, comienza introduciéndonos por la ventana de
una sórdida habitación de un hotel por horas: como vulgares voyeurs.
Dentro, en una soberbia secuencia cinematográfica, se desarrolla el
drama de una pareja que encarna la antítesis del modélico matrimonio
convencional.
Sus encuentros clandestinos, la precariedad económica, el anterior
fracaso matrimonial del amante con sus inacabables consecuencias, nos
harán cómplices benévolos del robo y posterior huida, que la
protagonista, Marion, efectuará momentos más tarde, como solución a la
angustiosa situación de furtivos en la que promete desarrollarse su
inminente futuro.
Complacencia del espectador, que se refuerza con el sucesivo
conocimiento de la doble moral generalizada que impera en el entorno
social. No solo ellos contravienen la ética moralista en sus apasionados
encuentros: el cliente robado utiliza dinero negro para evadir
impuestos, trata de adquirir una casa para comprar el afecto de su hija,
el jefe de Marion oculta alcohol en la oficina, ambos presumen de un
próximo fin de semana de juerga, …, detalles que nos hacen tomar partido
por la desdichada ladrona, a todas luces, una delincuente e inmoral
ciudadana ante la justicia establecida.
Ya solamente en la primera media hora del filme, Hitchcock, nos ha
presentado un completo catálogo de personajes que han echado por tierra
todos los convencionalismos de la sociedad americana, y lo que es peor
(o mejor), nos ha puesto del lado que él se había propuesto.
Pero toda esta historia, no es más que otro, aunque sustancioso, juego
al despiste. En su huida con el botín, en busca de su amado (la
felicidad a través del dinero), por azar, como siempre, Marion va a
parar a un escondido motel, casualmente otra vez, y sin ella saberlo,
muy cerca de su destino.
El dueño del establecimiento, Norman Bates, resultará ser un psicópata,
en cuya mente se ha instalado la doble personalidad de su madre, a la
que había asesinado junto con su amante, en un claro conflicto edípico.
Esta doble personalidad materna hace eliminar sistemáticamente a las
mujeres por las que es atraído el hijo, en un inconsciente ataque de
celos. Trama que un psiquiatra explicará innecesariamente al final de la
película, en una escena que sobra, sin duda alguna, en tan inteligente
desarrollo, (¿quizás una retórica concesión para espectador extraviado?).
En un agobiante clima del más clásico terror, Hitchcock, pone en
angustioso relieve, dos de los tabúes más sólidos de la cultura
occidental: el sexo y la relación maternal; la imperiosa necesidad de
liberación de los instintos y el placentero cobijo de la madre; el
conflicto entre el ansia de volar y el miedo a la libertad (los pájaros
disecados). En Norman Bates, se acabarán fundiendo estas incertidumbres
en una incompatible y aberrante confusión final.
Angel Lapresta
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