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Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock - Crítica
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Puntuación lectores
8.9/10Vota tú esta película

psicosis movie poster psycho cartel pelicula

PSICOSIS (1960)

Director: Alfred Hitchcock.
Intérpretes: Anthony Perkins, Janet Leigh, John Gavin, Vera Miles.

Película basada en una novela de Robert Bloch. Con guión de Joseph Stefano ("Orquídea Negra", "Sombras De Sospecha").

Una muchacha de Phoenix llamada Marion Crane (Janet Leigh) hurta una valiosa cantidad de dinero en su trabajo con el objetivo de poder vivir desahogadamente con su amante (John Gavin). En la fuga y en una noche lluviosa, decide dormir en un apartado motel de carretera regido por Norman Bates (Anthony Perkins).

"Psicosis" es una obra maestra en la que Alfred Hitchcock utilizó su extraordinaria imaginación en la realización cinematográfica para relatar una historia de amor, enfermedad mental, intriga criminal, suspense y horror que no carece de un macabro sentido del humor.

El robo de Marion no es más que un MacGuffin para que el director inglés dirija nuestras insospechadas miradas hacia el motel y su contigua casa gótica, hogar de la familia Bates conformada por Norman y su madre.

El film destaca por la perfección técnica de todos sus elementos (inolvidable partitura de Bernard Herrmann, soberbia fotografía en blanco y negro de John L. Russel...), por la mirada empática de su autor con los hechos narrados y por el penetrante perfil psicológico de sus personajes, en especial un Norman Bates caracterizado de forma magistral por Anthony Perkins, quien jamás pudo desligarse de los tics y procederes de su personaje en posteriores encarnaciones cinematográficas.

psycho psicosis fotos images anthony perkins janet leigh hitchcock

La película, adaptación de un libro de Robert Bloch, contiene situaciones memorables como las tensas escenas dentro de la residencia de la familia Bates, la apasionante huida de Marion Crane tras sustraer el dinero, las conversaciones de ornitología y taxidermia entre Perkins y Janet Leigh, la primera escena de amor en la cama, el antológico monólogo final y, sobre todo, la escena del asesinato en la ducha, momento indeleble para la historia del celuloide elaborado junto a Hitchcok por Saul Bass, autor del storyboard de la escena y de los inspirados títulos de crédito.

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Alfred Hitchcock
Anthony Perkins
Janet Leigh
John Gavin
Vera Miles



No es de extrañar que el prolífico maestro del suspense, sin abandonar la base de su personal estilo, decidiera en un momento ya maduro de su carrera, adentrarse de forma decidida en el genero del terror, precisamente, con la que resultaría ser su película más emblemática “Psicosis”.

Un estilo que de costumbre ha sido menospreciado, pero que, (para quien le llame la curiosidad) parece ser que tiene su base psicológica en los miedos provocados por el sentimiento de culpabilidad, originado en las manifestaciones sexuales de la infancia.

Pero semejante justificación científica, no le hace ninguna falta a Hitchcock para encauzar la atención del espectador, para manipular y jugar con sus expectativas, en una historia diseñada para atrapar absolutamente su interés durante los más de cien minutos de la proyección. La primera parte del filme, comienza introduciéndonos por la ventana de una sórdida habitación de un hotel por horas: como vulgares voyeurs.

Dentro, en una soberbia secuencia cinematográfica, se desarrolla el drama de una pareja que encarna la antítesis del modélico matrimonio convencional.
Sus encuentros clandestinos, la precariedad económica, el anterior fracaso matrimonial del amante con sus inacabables consecuencias, nos harán cómplices benévolos del robo y posterior huida, que la protagonista, Marion, efectuará momentos más tarde, como solución a la angustiosa situación de furtivos en la que promete desarrollarse su inminente futuro.

Complacencia del espectador, que se refuerza con el sucesivo conocimiento de la doble moral generalizada que impera en el entorno social. No solo ellos contravienen la ética moralista en sus apasionados encuentros: el cliente robado utiliza dinero negro para evadir impuestos, trata de adquirir una casa para comprar el afecto de su hija, el jefe de Marion oculta alcohol en la oficina, ambos presumen de un próximo fin de semana de juerga, …, detalles que nos hacen tomar partido por la desdichada ladrona, a todas luces, una delincuente e inmoral ciudadana ante la justicia establecida. Ya solamente en la primera media hora del filme, Hitchcock, nos ha presentado un completo catálogo de personajes que han echado por tierra todos los convencionalismos de la sociedad americana, y lo que es peor (o mejor), nos ha puesto del lado que él se había propuesto.

Pero toda esta historia, no es más que otro, aunque sustancioso, juego al despiste. En su huida con el botín, en busca de su amado (la felicidad a través del dinero), por azar, como siempre, Marion va a parar a un escondido motel, casualmente otra vez, y sin ella saberlo, muy cerca de su destino.
El dueño del establecimiento, Norman Bates, resultará ser un psicópata, en cuya mente se ha instalado la doble personalidad de su madre, a la que había asesinado junto con su amante, en un claro conflicto edípico.
Esta doble personalidad materna hace eliminar sistemáticamente a las mujeres por las que es atraído el hijo, en un inconsciente ataque de celos. Trama que un psiquiatra explicará innecesariamente al final de la película, en una escena que sobra, sin duda alguna, en tan inteligente desarrollo, (¿quizás una retórica concesión para espectador extraviado?).

En un agobiante clima del más clásico terror, Hitchcock, pone en angustioso relieve, dos de los tabúes más sólidos de la cultura occidental: el sexo y la relación maternal; la imperiosa necesidad de liberación de los instintos y el placentero cobijo de la madre; el conflicto entre el ansia de volar y el miedo a la libertad (los pájaros disecados). En Norman Bates, se acabarán fundiendo estas incertidumbres en una incompatible y aberrante confusión final.

Angel Lapresta

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