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El juego existencial y las consecuencias de un entramado de insignificantes lindes entre el éxito o el fracaso vital en sus diversas vertientes son el punto clave de esa historia aposentada en el grisáceo período de la depresión americana, sobre un consumado jugador de poker que se verá atrapado en su propia telaraña lúdica.
Adaptación de la novela "Cincinnati Kid" de Richard Jessup iniciada por Sam Peckinpah y continuada por Jewison, que gustará a los aficionados al juego citado pues contiene múltiples partidas muy bien realizadas y manejadas con un notable sentido de la tensión. El elenco de intérpretes es excelente y la presencia femenina con la pelirroja Ann-Margrett (aquí en plan femme fatale) y la rubia Tuesday Weld (cándida y sensible) muy agradecida. La ambientación de la ciudad del jazz se encuentra también espléndidamente retratada.
Para los que no les guste el poker, la película en su parte final les resultará un poco tediosa debido a la larga descripción de la maratoniana partida entre el Rey y Kid (que termina de manera espléndida), a pesar de la intercalación entre la misma de diferentes maniobras sentimentales y personales que robustecen las características psicológicas de sus personajes.
El futuro director de películas como "El último deber" o "Shampoo", Hal Ashby, se ocupa del montaje, tarea que ejerció habitualmente en algunos de los títulos más famosos dirigidos por el canadiense Norman Jewison.
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