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Hermoso y poético título de Jean Renoir sobre el fluir de la vida y el despertar sensitivo humano en el fascinante contexto de un lugar tan mágico y espiritual como es el subcontinente indio.
Aunque las interpretaciones no sean sobresalientes y algunos episodios de los sucesos mostrados resultan bastante triviales, la excepcional manera cromática (fotografía de Ramananda Sep Gupta y Claude Renoir, sobrino de Jean) y el tono atmosférico en que son dibujados los mismos hacen de esta película un valioso ejemplo del trabajo inimitable del autor galo. |  |
El plácido retrato de la adolescencia femenina, el absorbente, pausado, reflexivo y bello paseo por las costumbres, leyendas y mitos de la India con el que nos obsequia Renoir y la conexión lírica del discurrir del río con el tránsito existencial humano contó además con la participación de un invitado de excepción en el rodaje, el famoso director hindú Satyajit Ray, quien colaboró con Renoir como asistente.
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