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Un western totalmente intrascedente, simplemente recordable por la presencia de dos mitos del cine de la magnitud de Robert Mitchum y Marilyn Monroe, quienes, lamentablemente, extraerían poco fulgor de su conexión sentimental. Además de la pareja estelar, otro punto a favor para la contemplación de este título es la buena utilización de la fotografía de Joseph LaShelle, quien en scope, nos propociona el placer de contemplar unos paisajes ciertamente bellos, repletos de montañas, ríos y bosques. El mediocre guión, la acción soñolienta y la previsibilidad del desenlace hace de esta película uno de los trabajos más flojos de su director.
Con los temas de la venganza, la codicia y el aprendizaje infantil (el niño no cesa de preguntar a lo largo del metraje) por bandera, esta película fluye con la consabida relación de amor/odio entre el personaje masculino y femenino, que in crescendo y dibujando diversas situaciones, aquí sobre todo aventureras (con un pésimo empleo de las transparencias), culminará con un final poco edificante y nada original. Por lo menos vemos y oímos cantar y tocar la guitarra a Marilyn (con temas como el homónimo del film o la destacada canción "One silver dollar") y a ésta recibiendo un completo masaje por parte de Robert Mitchum.
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