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Una de las cumbres del muy aprovechable Mitchell Leisen, un director apreciado especialmente por el recubrimiento elegante de las historias que narra y por la ligereza de su mirada cinematográfica.
En esta ocasión se aprovecha del excelente guión de Billy Wilder y Charles Brackett (quienes adaptan un libro de Ketti Frings) para desarrollar un apasionante melodrama de enfático romanticismo narrado en flashback.
A pesar de su abrupta y quizá un tanto acelerada conclusión, la película consigue envolver al espectador en una trama intensamente sentimental, en la que el asunto clave, al margen de la principal trama amorosa, es el problema de la inmigración estadounidense, con multitud de personas de diferentes nacionalidades que ansían y esperan denodadamente penetrar en una tierra que les aporte mayor esperanza a su inestable existencia.
Las condiciones de vida en las que se mueven dichos inmigrantes, con hacinamientos familares en pequeños hoteles, son retratadas a la perfección por Leisen, así como algunas pautas costumbristas del ámbito rural mexicano, lo que pone de manifiesto que este director no sólo sabía como nadie plasmar con maestría los ambientes selectos y refinados.
El propio Mitchell Leisen y algunas estrellas de la Paramount como Veronica Lake y Brian Donlevy aparecen en el film, en una introducción en la cual Boyer narra al propio Leisen, que interpreta a un director de cine llamado Saxon, lo que le ha acontecido. A la rubia Veronica y a Brian Donlevy se les ve brevemente interpretandose a sí mismos mientras ruedan una escena cinematográfica.
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